Archivo del autor: Rubén Garcia García - Sendero
Anafilaxia
La religiosa pedía al ángel que la amara en penumbra, con delicadeza y paciencia. Esa noche él percibió que la caricia corría luminosa y para no romper el encanto, decidió amarla con las alas puestas.
En la oscuridad hubo gemidos y espuma, y un ángel aleteando intensamente. Al clarear el día, había silencio y un rictus de muerte. Las plumas del ángel se levantaban y caían al compás del viento.
El psiquiàtrico
Los amantes
-Alguien cuchichea – se dijo el esposo que estaba acostado y recordó las palabras del yerbero: “La hierba rumorosa debe su nombre ya que poco antes de que aparezca la muerte, la gente mastica sus pensamientos, como si rezaran.”
La habitación tenía pintura deslavada. Al fondo, la estufa de carbón prendida hacía bufar un caldero que desprendía vapor y humo, el cual intentaba aminorar el frío en la casucha de lámina.
– ¡Con qué claridad habla mi odiada esposa! ¡Escuche lo que dice!
– Él es hediondo, obeso, sedentario, fumador y sordo. Su gesto indica que no da crédito a lo que digo. Seguro que no tarda en morirse, la pócima que le di está en proceso, pues el oído capta el más leve cuchicheo después de ingerida. ¡Bendito pulque que permite combinarlo con cualquier fruta! ¿Quién puede pensar que lo he envenenado? El médico dirá que fue un ataque al corazón. ¡Me importa un rábano que escuche! ¡No sé cómo pude soportar tanto!
El sujeto antes de morir comprendió. Tuvo fuerzas para irse sobre su mujer y forcejear. Abrazados y con la cara de ella sobre el hueco del hombro, los encontraron sin vida. El diario exhibió la foto y al pie de la página se leía: “Victimas del frío. Se amaron hasta la muerte”.
Salgamos
El momento
Dualidad
Tocan quedo
Si bien tienes el cabello desordenado, sé que no estás soñolienta. Te pusiste la bata y cuando te untabas tu crema de noche, cerraste los ojos más para ensoñar que para dormir. Sin embargo, el cansancio, poco a poco, venció. Una muesca en los labios dice que intuyes que alguien tocará a la puerta. Los nudillos que has mirado a hurtadillas cuando servías la comida, se han dado cuenta de que la luz de tus ojos parecía prenderse. Ayer lo viste mirándote y por poco derramas la sopa. Tocan quedo.
Sabes que es él y dudas en abrirle, sin embargo, quieres llenarte de sus manos e imaginarte que son unos labios sembradores de saliva. Te has sentado en el borde de la cama y pareciera que es el viento que mueve la puerta de la recamara, pero sabes que no, que es él. Sabes que no será una charla, sino un encuentro donde las pieles buscarán acomodo y las respiraciones serán como dos caballos a trote que se cruzan.
El oído se hace íntimo, agudo. Sabes que ha desistido y despacio abres para imaginar sus espaldas de sabana. Te llega un aroma de nardos y son sus manos que al rozar la flor, esparcen aromas.
La yegua
La yegua tenìa asma y sudaba copiosamente. Estaba encharcado de mis corvas y la silla se movia de un lado a otro. Transitàbamos pegados a la montaña y a veces frunciendo la mirada olìa el desfiladero. Al pasar sobre una peña, la silla resbalo: mi cabeza abajo y los pies mirando el cielo.
-¡No se mueva! ¡no se mueva! ¡Aguante, aguante…! ¡Ya vamos! ¡Agarra la pinche yegua! ¡Cuida que no resbale! ¡Putas madres! Si nos quedamos sin médico: ¡Quién chingaos nos va a curar ey …ey… tú pendejo, amárrale las patas al doctor, qué no se vaya a caer, porque el pinche pueblo se queda sin matasanos. ¡Y todavía no lo probamos! ¡ Tánto trabajo que nos costó convencerlo!
Dále un vaso de caña para el susto, y otro para que le vuelva la sangre…
No se preocupe doctor: ya verá que en el camino y en la vida,
siempre nos topamos con yeguas mañosas.
Zoraida
El anciano compraba víveres, cuando la reconoció. Se instaló en otro espacio y momento.
Días de viento, lodo y frío. Los cascos del caballo chapoteaban el agua que dejó el chubasco. Vendía leche fresca casa por casa y en aquella casucha lloraba un recién nacido. Entró a la vivienda saludando y dejó la leche en la mesa de pino.
Zoraida – la madre- Adolorida por fuera, temblando por dentro, también lloraba. Dos noches antes había parido. El marido borracho todavía festejaba el nacimiento con sus amigos de labranza.
El viejo lechero revivió la llama del fogón, salieron de sus manos toscas olores de aguacate, manzanilla y canela. El té de manzanilla con canela para la niña, el de aguacate para ella.
Se untó las manos con olores de marihuana caña y albahaca. Con sus labios esparció humo y alcohol y con las manos dio masaje en el vientre para alisar los entuertos.
Ella lloraba cruzando los brazos, y con las manos apretaba la media luna de sus hombros. El viejo comprendió que los pechos estaban a punto de explotar: leche coagulada, leche en piedra: dolor blanco.
Los lienzos húmedos y calientes cayeron hasta casi quemarla, con dedos de seda y boca de canela ordeñó sus pechos, hasta romper los mosaicos albinos de la tela.
Lo demás llegó con el tiempo….mientras por el campo el marido se emborrachaba.
Hoy en la tienda se miran, se sonríen, cuando compran leche, flores de manzanilla y rajas de canela.
Si hubieras sido como Esteban
Te comparo con Esteban. Es un señor que deja saber de alguna manera que le gusto. Si te hubiese conocido y tratado como a él, todo sería distinto.
Cuando voy a una reunión, él trata de ofrecerme su compañía. Me mira como si fuese un sueño, queriendo interpretar mi ensimismamiento; ¡si supiera que estoy pensando en ti y deseando que llegue la hora de contemplarte en el café!
Al entrar al salón, no me quita la mirada, hasta que logra que yo lo vea. Me sonríe y fija más sus ojos en los míos, yo en cambio diviso para otra parte. En algún momento cuando menos espero, lo tengo cerca cuchicheando algún piropo. Suspira y me saluda con un beso en la mejilla. Me cuenta algún chiste y no puede ocultar que las palabras brotan entrecortadas. Se retira en silencio cuando ve mi indiferencia.
Si fueras como esteban, jamás hubiese conocido la zozobra y este deseo que cada vez se hace leña dispuesta.
El adolescente
Tumbado en la hamaca, meditaba. Casi identificaba al Ser cuando lo arrasó un sueño voraz y profundo. Masticó un chicle imaginario y roncó. Tuvo la seguridad de que al despertar tendría la respuesta a la duda del hombre. La voz lejana fue acercándose, y tras el primer garrotazo siguieron los demás. La voz se hizo demandante: “¡Levántate huevón, bueno para nada, deja de soñar y ayuda, no ves que la casa se cae”!
Célibe
Amigas y amigos blogueros.
Muchas experiencias para comunicarlas en dos frases: Me siento mejor, pero la recuperación es lenta, tengo prohibido estar mucho tiempo sentado, asi que mis abrazos para todas y flores y besos para ellas.
«comprendí perfectamente lo que siente un paralítico. Le ordenaba a mis píes moverse y ellos seguían quietos, cuado pasó la anestesía pude hacerlo, pero viví por horas un martirio»
Seguiré en reposo y mis discúlpas por no comentarlos, pero los leo por el móvil.
ESTARÉ FUERA
Por motivos de una cirugía. Espero estar con ustedes lo más pronto posible, que los hados los cuiden… abrazo para los de mi género y besos y rosas para mis queridas amigas blogueras… Rubén








