beso fresaTe comparo con Esteban. Es un señor que deja saber de alguna manera que le gusto.  Si te hubiese conocido y tratado como a él, todo sería distinto.

Cuando voy a una reunión,  él trata de ofrecerme su compañía. Me mira como si fuese un sueño, queriendo  interpretar mi ensimismamiento; ¡si supiera que estoy pensando en ti y deseando que llegue la hora de contemplarte en el café!

Al entrar al salón,  no me quita la mirada, hasta que logra  que yo lo vea. Me sonríe y fija más sus ojos  en los  míos, yo en cambio diviso para otra parte. En algún momento cuando menos espero, lo tengo cerca cuchicheando  algún piropo. Suspira y me saluda con un beso en la mejilla. Me  cuenta algún chiste y no puede ocultar que las palabras brotan entrecortadas. Se retira en silencio cuando ve mi indiferencia.

Si fueras  como esteban, jamás hubiese conocido la zozobra y este deseo que cada vez se hace leña dispuesta.