Archivo del autor: Rubén Garcia García - Sendero
Médico recién jubilado.Nací en Álamo, Veracruz, en 1946, vivo en la ciudad de Poza Rica,. Egresado de la UNAM. Trabajé en la facultad de medicina de la Universidad Veracruzana.
Las historias:
La danza de las fuerzas libro de ficción breve cuya autoría es Rubén García García
He sido antologado en Cien fictiminimos,( Edit.Ficticia)
Alebrije de la palabra, (Universidad Autónoma de Puebla)
Minibichiario, (edit. Ficticia)
Lectura de locos,( edit. GH)
Cuentos pequeños grandes lectores. 2015
Eros y afrodita Edit. Ficticia 2017
O dispara usted o disparo yo
Textos en libros de primaria de la editorial Sm de Puerto Rico y en revistas tanto de papel como electrónicas.
Biografia
Un día nos encontramos en la corriente del río. Fuiste reina blanca, yo, alfil negro; decidimos ser viento para retozar en la tierra. Hubo flores y aromas. También llegaron tiempos amargos, mudos, y el silencio indeseable se hizo salitre.
Senryu 3
Mi barco viaja
separando las aguas.
Bruma en el puerto.
uerto
Senryu
¡Qué tentación!
Recorrer con el labio
tu suavidad!

Fertilizando el fuego
Abrazo tus hombros, beso tu cuello. Mi nariz respira pegado a tu oído. Deja que tus ojos se pierdan a través de la ventana y percibe como recorro tu cerviz. Tu espalda es mar, mis labios barca. Me atrae el canto de tu sirena cuando hincado te prodigo glosas que fertilizan el fuego.
La bimba
la garza hunde su pico en las entrañas. Una y cien mil veces lo hace, obsesa por el manto petrolero que yace en subsuelo. Nada le cansa, ni el sol abrazador; ni la tromba que en los huecos del cielo se gesta.
La garza inmóvil dejó su pico de tubos en el fondo del fondo. El manto aún huele a petróleo y a residuos de riqueza; quieta, presa del silencio basto
Senryu
Azul y blanco,
campanas perfumadas
que el viento mece.
El político

En el corredor de tu casa
tienes flores,
hamacas.
una poltrona que mece tu cuerpo;
una maceta que labraron indios purechas.
Bajo el silencio,
reclinandote en la mecedora
esparces tu maldad.
Llegan
como palomitas avergonzadas
la nausea,
la vergüenza,
lo servil
el cochupo
y la impunidad
Dando traspiés
llega un corazón confuso;
él no escogió
Ni tu alma,
ni tu cuerpo,
ni la avaricia.
Entre los pinos hayku9
El ruiseñor
Silba desde los pinos
Rumora el agua
Makiu, el hada y el león
Makiu implora que aparezca su Hada. Está sentada en la cama y no puede dormir. Llega, deshaciéndose en disculpas. Acariciando su cabeza dice:
—¿Qué te sucede?
—Es que cuando cierro los ojos, sale un león y me persigue.
El Hada sonríe.
—Eso es fácil de resolver. duerme.
Al cerrar los ojos, Hay un enorme león y que la persigue. Ella abre los ojos y pregunta a la niña:
—¿El león es de melena negra?
—Si. -Dice la niña—a quien se le cierran los ojos.
La madrina se retira, sonríe satisfecha cuando la ve dormida. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sabana y cierra sus ojos, divisando la floración de las azaleas. Entre los tallos y las flores blancas, irrumpe el color negro de una melena y el brillo afilado de unos ojos
Hayku8
El viento y el frío
Desfloran las espigas.
Soledad del árbol.
Corazón en trote
A tu espalda sorprendo con una estampida de finas gotas.
Lluvia breve en tus sábanas agostadas.
Y te preguntarás ¿de dónde vino esto?
¿Por qué tengo perlado el sendero de mi brazo?
No hay nada que explique.
El corazón ha corrido toda la tarde visitando tu pensamiento
y sabes que el agua calma la sed y mi lluvia, a tu corazón.


Tus ojos tenían instantes de barcos lejanos detenidos en el mediodía. Te dije en silencio, que los años nunca dejaron de existir. Abriste tu ventana y la luna descubrió el hemisferio de tus pechos. Esa noche, el tul de la cortina danzó al vaivén de tu pelo. Te busqué tantas veces, pero nadie dijo nada, sólo los barcos encallados pretendían la palabra, pero las olas furiosas sonantes, rumiaban.





Hay cosas para sopesar y nutrirse. Es un tormento ser capturado por la lengua de un monstruo. No lucharía contra él, lo escucharía pidiéndole que aplaque sus manías verbales. No puedo ni debo quitarle el teléfono. Quizá le regale un pincel y la paleta de colores. Mientras habla me instalo en la montaña que amplía la respiración del alpinista. Camino por la ladera, colmada de árboles callosos, o me voy por el campo de campanas que las mujeres del pueblo fertilizan.
Oscuridad