Rubén García García
Volvió el viejo deseo en su fiesta de cumpleaños y encapsuló el secreto. La pretensión cuchicheo en sus sueños y un día, contrario a sus hábitos, se vistió con sencillez, dejó de asistir a las reuniones de canasta y disfrutó con emoción de niña los ritmos afrocaribeños de su pueblo. Su esposo, fiel acompañante, se extrañaba de los cambios, pero los atribuyó a los vaivenes que las mujeres padecen. Ella seguía siendo la mujer sencilla, apasionada y buena madre. Su esposo así la amaba.
Meses después llegó una ambulancia hasta su residencia. En el servicio de urgencias el médico no dudó en intervenirla. El marido, sorprendido, veía a un vástago que hacía contraste con la piel blanca de ella. Hinchada del corazón, acariciaba maternal a su oveja negra.


Pero no siempre el resultado es un «vástago»! Risas! Saludos!
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Ella deseaba lo que en otras casas sobraba: una oveja negra. Sí, ella lo deseaba. Locuras, romper moldes y enfrentar. ( para esa pretensión debió de trabajar mucho, risas) Gracias por tu comentario, mi buena amiga. Cuídate.
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Cuidate vos también Rubén! Abrazo!
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Querida amiga, veo tu comentario y me disculpo de no contestarte. Gracias por venir y colgar tu comentario.
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