La magia de la vida y los poetas

Era una mañana tibia preámbulo de la fiebre vespertina. Rocío en las hojas y humedad en el añoso zapote. Entre sus ramas se hacían cuencos que rebosaban de agua, fría transparente. Contemplé que dentro había seres que iban y venían, buceaban por decirlo de alguna manera. Sí, eran larvas de insectos que pronto estarían yendo y viniendo por la maleza y burlando los mosquiteros de las viviendas.
La maravillosa vida que de un huevo hace germinar larvas y éstas en ocho días de intenso calor, saldrán para batir sus alas y encontrar su nutriente. Los masculinos se conforman con el jugo de las frutas, las hembras obligadas por la perpetuidad de la especie requieren alimento rojo, brillante que humedece y alimenta las partes más íntimas de nuestro cuerpo. Así fertilizan los huevos que los depositarán en cualquier lecho de agua sola y clara.
Es la magia de la vida, y puede ser la muerte de los poetas que buscan el entramado de los colores del amanecer para gritarles a las musas,  que sordas se acicalan una a otras.

tuxpan

4 Comentarios

  1. Me ha gustado mucho el relato, gracias por compartirlo.
    Abrazos.

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    1. Gracias A ti Isabel, una recomendación a los poetas que gustan ver el amanecer,, que es la hora en que los Aedes salen en busca de nutrientes, asi qeu salir de manga larga y gruesa, ya que algunos han incorporado taladros a su probocis. Beso y rosas.

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