En el velatorio dos.

Denme una guitarra
que tenga cantos de sirena
maderas de naufragio
y vientos de fino color.
Fui al féretro. La muerte no respetó su belleza. La piel se le juntaba con sus macisos oseos y la pintaba con una palidez intensa. Las manos parecían ramas secas. Me despedí hablándole con murmullos y con la mirada.
Ninguna brizna de polvo se escapaba del escrutinio de ella. El departamento conde vivía era una casita de muñecas. El orden prevalecía. Manos de cocina, de tejedora, que después del desayuno el brillo del comedor y de la estufa lucían impolutos.
Había llegado a vivir a su casa en mi último año de la carrera de medicina, pude ver su dedicación para con sus hijas y al tío cuando regresaba del viaje.  Era el último estirón y tuve de ellos lo básico para terminar.
Pronto te alcanzaremos.

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2 Comentarios

  1. Avatar de Stella Stella dice:

    Un homenaje a quien te ayudó, con calor de hogar a terminar tu hermosa carrera.
    Estás muy triste y melancólico en estos últimos escritos, La memoria, y los entierros.
    Me extraña.
    Un fuerte abrazo mi querido doctor.

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  2. Si bien es cierto que fueron sólo algunos meses, pero mi estado emocional era complicado, Sin embargo el apouo fue esencial para sacar la carrera, ya habían nadio mis hijos. El tio me invitó a que lo acompañase en el viaje, algo así como cerca de mil kilometros en donde ibamos de ciudad en ciudad, paisajes, carreteras solitarias, pueblos pequeños y él cantaba, me platicaba y quiza podría hacer toda una relatoria de las cosas que me contó y muchas que complemente, con lo que sabe mi madre. Gracias por venir amada amiga y te dejo tus rosas y muchos besos.

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