Cuarenta años habían pasado cuando la encontró, tuvo una erección tan feroz que aceptó que retornaba a la adolescencia. 
“Eres lo que busco”, dijo al oído, mientras la sujetaba de las caderas. El perfume de sus cabellos lo enloquecía; sus labios rodaban por su cuerpo..
Dentro, la barca del infarto desataba sus nudos.

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