El verano acalorado se vistió de invierno: gotas nanométricas, afiladas, caen sobre el naranjo, Busca y rebusca y no encuentra el poncho. Él esperaba un chubasco, disfrutar el agua fresa, bañarse del polvo cotidiano de los días. No a la insolencia de una migaja fría que lo estremece y perturba su floración.


Me ha gustado mucho este relato, muy bonito.
Gracias Rubén.
Un abrazo de azahar.
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Gracias Isabel por dejarme saber que te ha gustado. Si a todos nos pasa, esperas una cosa y la vida te da otra carta. Gracias van tus rosas rosas para vos.
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