-Ya me tiene hasta la madre! me rompió el jarrón fino, ayer lo vi sobre la estufa y anoche fue el colmo lo encontré dormido en la cama.
– Matalo! le dijo su compadre
– No tengo ese valor.
-Pierdelo entonces.
Lo encontró dormido en su poltrona preferida y cuando el gato despertó, ya estaba dentro del costal. Se fue caminando cinco cuadras y lo liberó. Cuando regresó a su departamento, encontró el gato haraganeando en el sofá de terciopelo.
Tres veces intentó perderlo. Cuando llegaba el felino regresaba.
Perdió la paciencia, lo volvió a encapsular, lo puso en la cajuela del auto, enfilo hacía el monte. Con el costal cerrado se internó, camino sin rumbo, buscando veredas, a cada metro, se hacía denso, cuando lo iba a soltar, dijo en voz alta » Ahora si cabrón a ver si llegas a mi casa, ya estuvo bueno de agarrarme de pendejo»
Lejos, rebuzno un burro y después un aullido, la tarde se hacía vieja. Oteo hacia los cuatro puntos, no veía veredas, solo maleza y arriba enredaderas buscando el cielo. Sudaba, los pulsos de la frente golpeaban ¿y ahora que hago?
-¿Compadre ya perdió el gato?
– No, compadre, ahora duerme en mi cama. Si no hubiese sido por el él, no salgo del monte.


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Gracias Pippo. Abrazo grande
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Los gatos tienen la inteligencia que tanta falta les hace a los seres humanos…. 🙂 🙂 ¡Abrazo! 🙂 🙂
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Hay una fábula donde se dice que el gato fue el rey de la selva… ya la contaré… abrazo
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¡Me encantará saberla…! Hoy es el rey de la «selva doméstica»… 🙂 🙂
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Bellos animales! Si uno los deja, nos salvarán la vida. Besos.
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Son dignos de admirar, No se dejan manipular muy independientes. Gracias por comentar amiga
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