-Ya me tiene hasta la madre! me rompió el jarrón fino, ayer lo vi sobre la estufa y anoche fue el colmo lo encontré dormido en la cama.
– Matalo! le dijo su compadre
– No tengo ese valor.
-Pierdelo entonces.

Lo encontró dormido en su poltrona preferida y cuando el gato despertó, ya estaba dentro del costal. Se fue caminando cinco cuadras y lo liberó. Cuando regresó a su departamento, encontró el gato haraganeando en el sofá de terciopelo.

Tres veces intentó perderlo. Cuando llegaba el felino regresaba.

Perdió la paciencia, lo volvió a encapsular, lo puso en la cajuela del auto, enfilo hacía el monte. Con el costal cerrado se internó, camino sin rumbo, buscando veredas, a cada metro, se hacía denso, cuando lo iba a soltar, dijo en voz alta ” Ahora si cabrón a ver si llegas a mi casa, ya estuvo bueno de agarrarme de pendejo”
Lejos, rebuzno un burro y después un aullido, la tarde se hacía vieja. Oteo hacia los cuatro puntos, no veía veredas, solo maleza y arriba enredaderas buscando el cielo. Sudaba, los pulsos de la frente golpeaban ¿y ahora que hago?
-¿Compadre ya perdió el gato?
– No, compadre, ahora duerme en mi cama. Si no hubiese sido por el él, no salgo del monte.

gato