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La tarde se hacía noche. Desde mi azotea atisbaba el cielo apelotonado de gris humo. El árbol espléndido dejaba ver una baraja de mangos verde amarillentos, húmedos por una microscópica lluvia, el viento ágil los mecía. Bajo el gigante está la vivienda cubierta por las láminas de zinc. La vieja mujer, con la escoba, recogía la hojarasca y la fruta.
Que bello relato Don Rubén y con un gran mensaje, me encantó.
Un fuerte abrazo.
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Gracias Rotze, siempre es un placer encontrarte…. bella noche tengas… o bello día según te encuentres…. un beso rub.
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gran relato amigo- saludos
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Gracias amiga por venir a visitarme… un gran abrazo Rub
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La alegría de la abuelas, de las madres, cuando saben que aún viven sus seres más queridos
Me ha gustado mucho este relato.
Un saludo, Ruben.
Jesús
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El amor se hace dulce y pletórico cuando llegan del coazón de los abuelos. Gracias amigo un abrazo Rub
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que grandioso vuestro Corazon tienes Ruben… esta viejecita reconoce lo chiquito que es lo material a lo que es el vacio de un alma!
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Querida amiga Devorah siempre es una alegría encontrarme con su opinión, que ve más de lo que tiene su fiel servidor, le doy las gracias y me empuja a seguir cultivandome para escribir con mejor hechura. Un abrazo grande hasta donde se encuentre Rub
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