No, no soy mayor de edad. Si me ve disfrutando del recreo con mi uniforme, pensará que soy una escolar. Si me observa en una fiesta con mi falda ceñida, tendrá otra impresión, y si llevo un vestido largo y maquillaje, seguramente me mirará de arriba abajo. Soy la misma, pero usted no tiene la capacidad de ver mi interior ni de leer mis pensamientos. Conoce la forma, pero no el fondo. Quizás me siga viendo como a una niña, o tal vez una conversación conmigo le haga cambiar de opinión.
Recuerdo que en la primaria leí en el baño de mujeres una palabra cuyo significado, en ese momento, solo entendía de manera literal. Fue en la secundaria, por mi maestra de biología, cuando supe que se refería a la relación íntima. Tiempo después, la palabra cobró toda su magnitud. Aquella vez, fui yo quien se lo pidió a él, con urgencia, impulsada por un deseo desconocido, algo tan intenso, tan demandante como la sed misma. Una palabra que, en un instante, te hace ver el mismo cielo de Van Gogh.
Tamara de Lempicka fue una artista de origen polaco, nacida el 16 de mayo de 1898 en Varsovia. En cuanto a su importancia, ella es considerada por muchos estudiosos y críticos como una de las figuras principales del movimiento Art Deco.
Desperté sobresaltado, como si algo me hubiera asfixiado el sueño. Sentí el impulso de vestirme, convencido de que el tiempo me había rebasado. Al ver a mi esposa dormida, el desvelo se disipó. Volví a la cama y apreté el botón de luz del reloj: la tenue iluminación me arrastró hacia la lejanía. Escuché el pulso acelerado, conté el ritmo; era como si hubiera corrido. Respiré hondo, buscando retomar el sueño. Entre la penumbra surgió una pregunta: ¿por qué latía tan de prisa? ¿Sería mi presión?
Entonces, recordé el olor a café. A Sonia le encantaba; aspiraba el aroma y decía, casi sin pensar: «En este momento, soy capaz de hacer locuras.» Al principio, reía, creyendo que bromeaba, pero con el tiempo, la duda creció. Una mañana, en el archivo, la besé una, dos, tres veces, hasta que gritó: «¡Tengo citas pendientes!» y se fue corriendo.
Un fin de semana fui a su departamento para entregarle unos documentos que necesitaría en una reunión. Acepté el café que me ofreció, aunque ella prefirió solo agua. «¿No me acompañarás con un café?», le pregunté. Ella sonrió, tomó mi taza y bebió tres sorbos, luego se acercó y susurró: «Tienes una fragancia rica». Dos horas después, compartíamos la regadera. Fue un domingo increíble.
El aroma a café se desvanecía, y al encender la luz del reloj otra vez, apenas habían pasado dos minutos. Fui al baño, y al regresar, mi pulso estaba sereno. Pero una pregunta quedó flotando: ¿por qué el recuerdo de aquel café? ¿O fue el café lo que me abrió una puerta que creía cerrada? Nunca lo sabré. Tampoco puedo preguntarle a Sonia; se desvaneció de mi vida como yo de la suya. ¿Y si ella también me soñó?
Por la mañana, al probar el primer sorbo de café, me quedé mirando al vacío. «No dormiste bien, o quién sabe qué pesadilla tenías; resoplaste como si corrieras por una loma», dijo mi esposa.
Los pormenores de su visita volvían a mi mente sin tiempo, como fragmentos de un sueño. De pronto recordé: al mencionar nuestras vivencias, ella siempre las refería en pasado. Sentí un clavo en el pecho, y una fisura imperceptible comenzaba a abrirse.
Miré el algodón de la camiseta que me obsequió. Había manchas de un rojo óxido que no recordaba haber visto. Cuando intenté alisarla con las manos, la tela permaneció inmóvil y, poco a poco, comenzó a deshacerse líquida entre mis dedos. Una inquietud me aplastó, sin saber bien a qué se debía.
Caminé de un lado a otro, cada vez más ligero, casi sin tocar el suelo. A través de una rendija en la ventana, un rayo de luz danzaba, iluminando finos corpúsculos que flotaban en el aire, como motas de polvo resplandecientes. Me quedé absorto en su movimiento. ¿Siempre estuvieron ahí? Me lancé tras ellos, salté una, dos, tres veces, hasta que finalmente logré atraparlos. Al cerrar las manos, sentí un leve vibrar y un calor intenso y extraño.
Fue en ese momento que lo supe. Ya no era el mismo. Las manchas, el algodón, los corpúsculos… todo había sido una advertencia. Abrí las manos con temor, y brotó un destello que me envolvió los ojos. Como una gota de tinta transparente, se dispersó en toda mi red vascular. Era un fragmento, un corpúsculo, un suspiro en el aire.
En el crepúsculo, las chicharras y las luciérnagas, celebran su fiesta. Es un baile de luz y sonido, un himno al día que perece, un preludio a la noche que llega. Es un recordatorio de lo efímero, de cómo la vida pasa y se va como el rocío. Un día me diré que estoy muerto, y cuando llegue, quiero que mis hijos construyan una balsa y que la corriente me lleve hasta la bocana. Aunque no lo vea habrá un cielo azul, el gorjeo de las gaviotas y la serenidad matemática del vuelo de los pelicanos. Abajo estará esperándome el jardín del pulpo.
Los cojines de terciopelo combinan con el tono de las cortinas. En las esquinas, lámparas altas se alzan como torres. En las estanterías, los muñequitos de porcelana son limpiados meticulosamente. El reloj da las campanadas cada hora y, en la última, algo parece desprenderse del cuerpo del tío, dejándolo como un globo arrugado. ¿Acaso duerme? Da la sensación de que se muere… pero no. Día tras día, posterga la consumación de lo inevitable.
los herederos, llegados de todo el país, para matar el tiempo organizan loterías y apuestas en las que se enfrentan una mantis y un alacrán venenoso. Con el paso de las semanas, y ya aburridos de esperar, empiezan a irse, uno por uno.
El tío está aferrado a la vida, dijo el último familiar.
Tiempo después, se enteran de que la enfermera que lo cuida ha avivado en él los deseos de vivir.Cada vez que ella le da sus medicinas, el tío se aferra a su talle y su mirada se hace globosa.
ES LA MINI SELECCIONADA POR LA REVISTA INMEDIACIONES. GRACIAS MARCIA POR ELEGIR A «DESCAMISADOS»
Caminan, haciendo alharaca, una docena de hombres. Van rumbo al río, a bañarse con la corriente fría de la montaña. Encuerados, reciben el masaje del agua y con las manos entrelazadas en la nuca se pierden al descubrir el tablero brillante del cielo.
Los hombres descamisados regresan. Platican de mujeres y algunos se embroman tocándose las nalgas. En la oscuridad se oyen chillidos, aleteos y uno que otro ruido que se confunde con carcajada. Por un momento dejan la charla y beben dejando en el viento el dulce sabor de la caña. Regresan al pueblo, a la choza, a entibiarse las caderas con las caderas de la amada. Nadie piensa que mañana el sol inclemente de la hacienda les barbechará la espalda.
Sumérgete en “Dos de Muerte” de Rubén García García
Esta estremecedora obra nos lleva al borde del insomnio y la existencia misma. «Dos de Muerte» nos muestra un encuentro con la muerte, donde la realidad se desvanece y los sentidos se aferran en un desesperado intento por seguir. ¡No te pierdas este relato que te hará reflexionar y sentir hasta los huesos!
DOS DE MUERTE
Rubén García García
El insomnio
Salió al jardín y contempló la claridad pálida filtrándose entre los árboles. Respiró el aire frío, que le penetró hasta los huesos. Eran las seis de la mañana y ya era el tercer día sin dormir. Había probado todo, desde infusiones de hierbas hasta grageas homeopáticas, pero el sueño seguía esquivándolo. Cada vez que los bostezos se acumulaban y se tiraba a la cama, el sueño se desvanecía como un espejismo cruel.
En un arranque de desesperación, sacó del cajón una pistola que parecía de juguete. La frialdad del metal en su mano ansiosa lo hizo dudar por un segundo. Cerró los ojos y apretó el gatillo. El clic fue lo último que escuchó.
Cuando abrió los ojos, pudo observarse, viendo a través del cristal del ataúd. Una araña se columpiaba en la viga del techo, la misma que había visto antier haciendo lo mismo. Antes de fugarse, escuchó la monotonía del rezo y el aroma del café.
Los sentidos
Es desesperante sentir que no respiras, pero que todavía escuchas. Y si pudiese abrir los ojos, solo vería una densa oscuridad, y, en la oscuridad del silencio, el roer de los gusanos en ese trabajo finito de convertirte en polvo. ¡Cómo llegar al sueño eterno si esas mandíbulas nunca descansan de roer!
En el enorme hospital notaron la presencia de un gato blanco con una estrella negra en la frente. Por la noche, el gato entraba en alguna habitación y, horas o días después, el enfermo fallecía. Lo miraban con respeto, lo mimaban y le ofrecían lo mejor del menú. Cuando se encaramaba sobre una vitrina, con la cabeza inmóvil y la mirada fija hacia arriba, no tardaron en compararlo con un pequeño dios.
El hospital parecía un cuartel. Por las mañanas, la visita era un trámite llevadero hasta que llegaba «el general». En cuanto aparecía, el silencio se imponía; lo saludaban con más miedo que respeto. Surgía a deshoras, supervisando en medio de la noche con su mirada porcina, ordenando con un “por favor” falso.
Gloria, una enfermera hastiada, decidió ir a su oficina antes del amanecer y entró al anexo donde el pequeño tirano descansaba. Se sentó frente a él.
—¿Qué quiere? —le dijo.
Cuando él comprendió, ella ya se desnudaba. Una hora después, el director dormía como un bebé, y a su lado, el gato blanco con la estrella negra observaba, impasible.
Me instalé. Pueblo fronterizo con sus calles de piedra. Le di las llaves al empleado de la recepción.
—¿Algún pendiente, señor?
—Regresaré en dos o tres horas.
—Perfecto. No le recomiendo que esté fuera después de las doce. Si desea una copa, es mejor que lo haga en el bar del hotel.
Al salir del cine me detuve en un callejón a mirar revistas. La hojeaba cuando, de repente, se desató una balacera. El sonido seco de los disparos rompió el silencio. Todos corrían. Estaba paralizado. Una mano piadosa me jaló. Estaba dentro del kiosco.
—No hable, no se mueva —susurró la voz. Dentro olía a humedad y aire viejo.
Después, el silencio. Una zapatilla encajó en mis costillas.
—¡Salga! —me dijo la voz hueca.
Le platiqué al empleado de la recepción.
—¿Está seguro que es el estanquillo que se encuentra a dos cuadras del cine? Porque ese kiosco lo cerraron hace años. La dueña, una mujer joven, la degollaron porque no quiso vender droga en su negocio.
En mi cuarto, saqué la revista que había tomado antes del percance. No pude dormir. La revista, fechada hace cuatro años, estaba intacta.
Hace 201 años, un cachalote gigante se defendió e inspiró una de las mejores obras literarias de los Estados Unidos.
Fue el 20 de noviembre de 1820, a 3700 km al oeste de la costa de Antofagasta, cuando un enorme cachalote blanco atacó al barco ballenero estadounidense, Essex, destruyéndolo por completo y volviendo posteriormente a las profundidades del mar.
El Essex navegaba en el Pacífico Sur, en busca del valiosísimo aceite de ballena, comandado por el Capitán George Pollard Jr. Según los relatos, el ataque de la ballena fue deliberado, ya que el cetaceo cargó contra el barco, rompiendo finalmente su proa, y nadando alrededor, mientras que la nave rápidamente hacía agua. Unos 21 tripulantes lograron subir a los botes salvavidas, sólo para sufrir más pruebas durante sus más de tres meses perdidos en el mar. Con varios de ellos muriendo de enfermedades e inanición, y dándose incluso casos de canibalismo, sólo ocho sobrevivieron.
Unos treinta años después, el escritor Herman Melville, tras escuchar la historia y reunirse con el capitán del Essex, se inspiró en ella para escribir su novela épica Moby Dick.
[17/10, 18:21] Sergio Blesa Martín-Pero: ¿HAS LEÍDO A MOBY DICK? ¿Sabías que está entre las diez obras literarias más importantes del siglo XX? Aquí te hago un resumen de su historia
“Moby Dick” de Herman Melville es una obra maestra de la literatura estadounidense, un épico relato de aventuras marítimas imbuido de una profunda meditación sobre la naturaleza humana, la obsesión y el destino. La novela, publicada en 1851, narra la historia del Capitán Ahab, un hombre obsesionado con la caza de un gran cachalote blanco conocido como Moby Dick. Esta obsesión conduce a Ahab a una incesante búsqueda por los vastos océanos, arrastrando consigo a la tripulación del ballenero Pequod en una travesía peligrosa y mística.
La narrativa está enmarcada desde la perspectiva de Ishmael, un marinero que se une a la tripulación del Pequod. A través de sus ojos, Melville nos presenta un mundo marino repleto de detalles y personajes fascinantes, desde el sabio y sereno Starbuck hasta el misterioso y tatuado Queequeg. Sin embargo, es el Capitán Ahab, con su pierna de marfil y su implacable determinación, quien domina la novela.
Lo que distingue a “Moby Dick” no es solo su trama de aventuras, sino la rica simbología y las profundas reflexiones filosóficas que Melville entrelaza en la narrativa. El cachalote blanco, Moby Dick, es más que un animal; es una fuerza de la naturaleza, un símbolo de lo insondable y, para Ahab, la encarnación de todo mal y adversidad que ha enfrentado en su vida. La lucha de Ahab contra el cachalote se convierte en una representación de la lucha humana contra un universo indiferente y, a menudo, hostil.
Melville combina elementos de la novela de aventuras con meditaciones sobre la existencia, la religión, y la moralidad, creando una obra compleja y estratificada. Los diálogos filosóficos, las descripciones detalladas de la caza de ballenas, y las reflexiones sobre la vida en el mar, se entremezclan para formar una narrativa que va más allá de lo ordinario. “Moby Dick” no es solo una historia sobre la caza de una ballena; es una exploración de la condición humana.
El estilo de Melville es a la vez poético y profundo. Su habilidad para describir el mar y la vida marinera es incomparable, transportando al lector al corazón del océano y a la mente de sus personajes. La novela es un desafío y una recompensa: densa en su simbolismo y rica en su narrativa.
En conclusión, “Moby Dick” es una obra monumental, un testimonio de la habilidad literaria de Melville y un reflejo eterno de las profundidades y misterios del alma humana. Es una historia que se queda con el lector mucho después de cerrar sus páginas, un viaje inolvidable a través de las olas tumultuosas de la obsesión y la redención.
La casucha estaba hecha con varas y láminas de cartón. Al fondo, la estufa de petróleo hervía agua, un intento inútil para enfrentar la onda gélida. Cerca, la mujer temblaba. En el extremo, un hombre bebía pulque.
—Alguien cuchichea —dijo el esposo, meciéndose en la poltrona. Recordó las palabras del yerbero: «La hierba rumorosa debe su nombre al efecto que causa en quien la ingiere. Poco antes de que aparezca la muerte, el sujeto mastica sus pensamientos y los dice, como si rezara, sin darse cuenta».
¡Con qué claridad escucho a mi odiada mujer!
«Mi esposo es hediondo, obeso, sedentario y fumador. Los gestos que hace me indican que me oye, pero no cree lo que digo. No tardará en morirse, la pócima que le di ya está trabajando. ¡Bendito pulque, que se puede combinar con cualquier fruta! ¿Quién sospecharía que lo he envenenado? El médico dirá que fue un ataque al corazón. ¡Me importa un rábano que escuche! ¡No sé cómo pude soportarlo tanto!»
Minutos antes de morir, hombre y mujer se trenzaron a golpes.
Esa noche, el frío cayó a diez grados bajo cero. En la foto se veía a la pareja abrazada. Los titulares de la prensa, en letras negras y grandes, decían: Unidos hasta la muerte. El frío le quita la vida a dos enamorados.
Calladito, calladito… ¡Así se ve tan bien! Sin alharacas ni dramas. Esa es la manera de enfrentar a la muerte: como si fuera una vieja amiga o una esposa a la que se le dice que sí, solo porque es el día que sale de compras. Tranquilo. Ya vendrá cada dos de noviembre, por sus viandas de mole, su cerveza oscura y, quién sabe, tal vez hasta ese ron blanco añejo que tanto le gustaba. Claro, también hay que tomar en cuenta que la viuda aún conserva su sensualidad y belleza. Y además, el deseo de conocer el mundo… porque, cuando usted vivía, siempre se negó a salir del rancho.
Nunca se lo dijo, pero soñaba con vivir en las islas del Pacífico. Allá, los festejos son diferentes. No se altere, es poco probable que eso suceda… aunque siempre hay una posibilidad. ¿Recuerda a aquel tejano con quien hizo negocios? Ayer fue al rancho, y le dieron la noticia de su deceso. El tejano se quedó después del novenario, y todo indica que seguirá haciendo negocios, ahora con la viuda.
¿Y qué cree? A él también le gustan las islas del ensueño y la piña colada