El gato por Rubén García García

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En el enorme hospital notaron la presencia de un gato blanco con una estrella negra en la frente. Por la noche, el gato entraba en alguna habitación y, horas o días después, el enfermo fallecía. Lo miraban con respeto, lo mimaban y le ofrecían lo mejor del menú. Cuando se encaramaba sobre una vitrina, con la cabeza inmóvil y la mirada fija hacia arriba, no tardaron en compararlo con un pequeño dios.

El hospital parecía un cuartel. Por las mañanas, la visita era un trámite llevadero hasta que llegaba «el general». En cuanto aparecía, el silencio se imponía; lo saludaban con más miedo que respeto. Surgía a deshoras, supervisando en medio de la noche con su mirada porcina, ordenando con un “por favor” falso.

Gloria, una enfermera hastiada, decidió ir a su oficina antes del amanecer y entró al anexo donde el pequeño tirano descansaba. Se sentó frente a él.

—¿Qué quiere? —le dijo.

Cuando él comprendió, ella ya se desnudaba. Una hora después, el director dormía como un bebé, y a su lado, el gato blanco con la estrella negra observaba, impasible.

El kiosko por Rubén García García

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Me instalé. Pueblo fronterizo con sus calles de piedra. Le di las llaves al empleado de la recepción.

—¿Algún pendiente, señor?

—Regresaré en dos o tres horas.

—Perfecto. No le recomiendo que esté fuera después de las doce. Si desea una copa, es mejor que lo haga en el bar del hotel.

Al salir del cine me detuve en un callejón a mirar revistas. La hojeaba cuando, de repente, se desató una balacera. El sonido seco de los disparos rompió el silencio. Todos corrían. Estaba paralizado. Una mano piadosa me jaló. Estaba dentro del kiosco.

—No hable, no se mueva —susurró la voz. Dentro olía a humedad y aire viejo.

Después, el silencio. Una zapatilla encajó en mis costillas.

—¡Salga! —me dijo la voz hueca.

Le platiqué al empleado de la recepción.

—¿Está seguro que es el estanquillo que se encuentra a dos cuadras del cine? Porque ese kiosco lo cerraron hace años. La dueña, una mujer joven, la degollaron porque no quiso vender droga en su negocio.

En mi cuarto, saqué la revista que había tomado antes del percance. No pude dormir. La revista, fechada hace cuatro años, estaba intacta.

Haiku por Rubén García García

Sendero

Noche en vela.
La niebla cubre
los faroles de mi casa.

Mobi Dick de Herman Melville

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Hace 201 años, un cachalote gigante se defendió e inspiró una de las mejores obras literarias de los Estados Unidos.

Fue el 20 de noviembre de 1820, a 3700 km al oeste de la costa de Antofagasta, cuando un enorme cachalote blanco atacó al barco ballenero estadounidense, Essex, destruyéndolo por completo y volviendo posteriormente a las profundidades del mar.

El Essex navegaba en el Pacífico Sur, en busca del valiosísimo aceite de ballena, comandado por el Capitán George Pollard Jr. Según los relatos, el ataque de la ballena fue deliberado, ya que el cetaceo cargó contra el barco, rompiendo finalmente su proa, y nadando alrededor, mientras que la nave rápidamente hacía agua. Unos 21 tripulantes lograron subir a los botes salvavidas, sólo para sufrir más pruebas durante sus más de tres meses perdidos en el mar. Con varios de ellos muriendo de enfermedades e inanición, y dándose incluso casos de canibalismo, sólo ocho sobrevivieron.

Unos treinta años después, el escritor Herman Melville, tras escuchar la historia y reunirse con el capitán del Essex, se inspiró en ella para escribir su novela épica Moby Dick.🐋

[17/10, 18:21] Sergio Blesa Martín-Pero: ¿HAS LEÍDO A MOBY DICK? ¿Sabías que está entre las diez obras literarias más importantes del siglo XX? Aquí te hago un resumen de su historia

“Moby Dick” de Herman Melville es una obra maestra de la literatura estadounidense, un épico relato de aventuras marítimas imbuido de una profunda meditación sobre la naturaleza humana, la obsesión y el destino. La novela, publicada en 1851, narra la historia del Capitán Ahab, un hombre obsesionado con la caza de un gran cachalote blanco conocido como Moby Dick. Esta obsesión conduce a Ahab a una incesante búsqueda por los vastos océanos, arrastrando consigo a la tripulación del ballenero Pequod en una travesía peligrosa y mística.

La narrativa está enmarcada desde la perspectiva de Ishmael, un marinero que se une a la tripulación del Pequod. A través de sus ojos, Melville nos presenta un mundo marino repleto de detalles y personajes fascinantes, desde el sabio y sereno Starbuck hasta el misterioso y tatuado Queequeg. Sin embargo, es el Capitán Ahab, con su pierna de marfil y su implacable determinación, quien domina la novela.

Lo que distingue a “Moby Dick” no es solo su trama de aventuras, sino la rica simbología y las profundas reflexiones filosóficas que Melville entrelaza en la narrativa. El cachalote blanco, Moby Dick, es más que un animal; es una fuerza de la naturaleza, un símbolo de lo insondable y, para Ahab, la encarnación de todo mal y adversidad que ha enfrentado en su vida. La lucha de Ahab contra el cachalote se convierte en una representación de la lucha humana contra un universo indiferente y, a menudo, hostil.

Melville combina elementos de la novela de aventuras con meditaciones sobre la existencia, la religión, y la moralidad, creando una obra compleja y estratificada. Los diálogos filosóficos, las descripciones detalladas de la caza de ballenas, y las reflexiones sobre la vida en el mar, se entremezclan para formar una narrativa que va más allá de lo ordinario. “Moby Dick” no es solo una historia sobre la caza de una ballena; es una exploración de la condición humana.

El estilo de Melville es a la vez poético y profundo. Su habilidad para describir el mar y la vida marinera es incomparable, transportando al lector al corazón del océano y a la mente de sus personajes. La novela es un desafío y una recompensa: densa en su simbolismo y rica en su narrativa.

En conclusión, “Moby Dick” es una obra monumental, un testimonio de la habilidad literaria de Melville y un reflejo eterno de las profundidades y misterios del alma humana. Es una historia que se queda con el lector mucho después de cerrar sus páginas, un viaje inolvidable a través de las olas tumultuosas de la obsesión y la redención.

Tomado de Fb ( se hizo invisible la fuente)

El amor hasta en la muerte

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La casucha estaba hecha con varas y láminas de cartón. Al fondo, la estufa de petróleo hervía agua, un intento inútil para enfrentar la onda gélida. Cerca, la mujer temblaba. En el extremo, un hombre bebía pulque.

—Alguien cuchichea —dijo el esposo, meciéndose en la poltrona. Recordó las palabras del yerbero: «La hierba rumorosa debe su nombre al efecto que causa en quien la ingiere. Poco antes de que aparezca la muerte, el sujeto mastica sus pensamientos y los dice, como si rezara, sin darse cuenta».

¡Con qué claridad escucho a mi odiada mujer!

«Mi esposo es hediondo, obeso, sedentario y fumador. Los gestos que hace me indican que me oye, pero no cree lo que digo. No tardará en morirse, la pócima que le di ya está trabajando. ¡Bendito pulque, que se puede combinar con cualquier fruta! ¿Quién sospecharía que lo he envenenado? El médico dirá que fue un ataque al corazón. ¡Me importa un rábano que escuche! ¡No sé cómo pude soportarlo tanto!»

Minutos antes de morir, hombre y mujer se trenzaron a golpes.

Esa noche, el frío cayó a diez grados bajo cero. En la foto se veía a la pareja abrazada. Los titulares de la prensa, en letras negras y grandes, decían: Unidos hasta la muerte. El frío le quita la vida a dos enamorados.

Nada de berrinches por Rubén García García

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Calladito, calladito… ¡Así se ve tan bien! Sin alharacas ni dramas. Esa es la manera de enfrentar a la muerte: como si fuera una vieja amiga o una esposa a la que se le dice que sí, solo porque es el día que sale de compras. Tranquilo. Ya vendrá cada dos de noviembre, por sus viandas de mole, su cerveza oscura y, quién sabe, tal vez hasta ese ron blanco añejo que tanto le gustaba. Claro, también hay que tomar en cuenta que la viuda aún conserva su sensualidad y belleza. Y además, el deseo de conocer el mundo… porque, cuando usted vivía, siempre se negó a salir del rancho.

Nunca se lo dijo, pero soñaba con vivir en las islas del Pacífico. Allá, los festejos son diferentes. No se altere, es poco probable que eso suceda… aunque siempre hay una posibilidad. ¿Recuerda a aquel tejano con quien hizo negocios? Ayer fue al rancho, y le dieron la noticia de su deceso. El tejano se quedó después del novenario, y todo indica que seguirá haciendo negocios, ahora con la viuda.

¿Y qué cree? A él también le gustan las islas del ensueño y la piña colada

Poema por Rubén García García

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En la tarde fría

se van los pájaros;

también

el tren se ha marchado.

El silencio

se hace espeso

cuando en alguna parte

un grillo canta.

La ventana vacía

extraña el pincel de tus manos…

también a tu mirada

que se perdía en la espesura.

El viento mece el rosal sin flores.

Cuatro poemas de Han Kang, Premio Nobel de Literatura 2024

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Fuente: https://www.poetica2puntocero.com/cuatro-poemas-de-han-kang-premio-nobel-de-literatura-2024/

La escritora surcoreana Han Kang, de 53 años, ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2024 por su «prosa intensamente poética que afronta traumas históricos y revela la fragilidad de la vida humana», en palabras del jurado. Entre sus libros publicados en español destacan las novelas ‘La vegetariana’ —con la que logró fama internacional—, ‘La clase de griego’ y ‘Actos humanos’.

Kang comenzó su carrera literaria en 1993 con la publicación de cinco poemas en la revista ‘Literature and Society’. Dos décadas después recopilaría parte de su obra poética en el poemario ‘Dejo el atardecer en el cajón’, inédito en español. Os ofrecemos aquí cuatro de sus poemas.

Mark Rothko y yo — Muerte en febrero

Sin nada que declarar por adelantado,
no existe relación alguna entre Mark Rothko y yo.

Él nació el 25 de septiembre de 1903,
murió el 25 de febrero de 1970.
Yo nací el 27 de noviembre de 1970
y sigo viva.
Es sólo que
a veces pienso en el espacio de nueve meses
que separa mi nacimiento de su muerte.

Sólo unos pocos días
después de aquella mañana temprano en que se cortó las venas
en la cocina aneja a su estudio,
mis padres unieron sus cuerpos
y poco después una mota de vida
se debió quedar alojada en el tibio útero.
Mientras en el invierno tardío de Nueva York
su cuerpo aún no se habría descompuesto.

Eso no es algo maravilloso,
es algo solitario.

Me debí quedar alojada como una mota
cuyo corazón aún no había empezado a latir,
sin saber nada del lenguaje,
sin saber nada de la luz,
sin saber nada de las lágrimas,
dentro de un útero rosado.

Entre la vida y la muerte,
febrero como una brecha
que perdura,
perdura y finalmente sana.

En la tierra a medio derretir, todavía más fría,
su mano aún no se habría descompuesto.

(Traducción de Ángel Salguero a partir de la versión en inglés de Brother Anthony y Eun-Gwi Chung)

Negra casa de luz

Aquel día en Ui-dong
caía el aguanieve
y mi cuerpo, compañero de mi alma,
temblaba con cada lágrima derramada.

Sigue tu camino.

¿Dudas?
¿Qué sueñas, flotando así?

Casas de dos pisos encendidas como flores,
a su abrigo aprendí la agonía
y hacia una tierra de alegría aún inexplorada
extendí la mano como una tonta.

Sigue tu camino.

¿Qué sueñas? Sigue caminando.

Hacia recuerdos que se formaban sobre una farola, caminé.
Allí miré hacia arriba y dentro de la pantalla de luz
había una casa negra. Una negra
casa de luz.

El cielo estaba oscuro y en aquella oscuridad
aves residentes
volaron librándose del peso de sus cuerpos.
¿Cuántas veces habría de morir para volar así?
Nadie podría sostener mi mano.

¿Qué sueño es tan hermoso?
¿Qué recuerdo
brilla con tal fulgor?

El aguanieve, como las yemas de los dedos de mi madre,
recorre mis cejas despeinadas
golpea mejillas heladas y de nuevo
acaricia ese mismo lugar.

Date prisa y sigue tu camino.

El invierno a través de un espejo

1.

Mira la pupila de una llama.
Azulado
ojo
con forma de corazón
lo más caliente y brillante
aquello que la rodea
la llama interior naranja
lo que más parpadea
lo que rodea de nuevo
la llama externa semitransparente
mañana por la mañana, la mañana
que parto a la ciudad más alejada
esta mañana
el ojo azulado de una llama
mira más allá de mis ojos.

2.

Ahora mi ciudad es mañana de primavera, si traspasas el centro de la tierra, taladras recto hasta el centro sin vacilar, aquella ciudad aparece, la diferencia horaria allí exactamente doce horas menos, la estación exactamente medio año atrás, de modo que aquella ciudad es ahora una tarde de otoño, como si siguiera en silencio a alguien aquella ciudad sigue tras la mía, para cruzar la noche para cruzar el invierno espero en silencio, mientras mi ciudad deja atrás a aquella como alguien que te adelantara en silencio

3.

Dentro del espejo espera el invierno
Un lugar frío
Un lugar totalmente frío
tan frío
que los objetos no pueden temblar
tu cara (congelada una vez)
no puede hacerse añicos
No extiendo mi mano
tú tampoco
quieres extender tu mano
Un lugar frío
Un lugar que se mantiene frío
tan frío
que las pupilas no pueden vacilar
los párpados
no saben cómo cerrarse (juntos)
Dentro del espejo
espera el invierno y
dentro del espejo
no puedo evitar tus ojos y
tú no quieres extender la mano

4.

Dijeron que volaríamos durante todo un día.
Dobla bien veinticuatro horas métetelas en la boca y
entra en el espejo dijeron.
Cuando haya deshecho la maleta en una habitación de esa ciudad
debería aprovechar para lavarme la cara.
Si el sufrimiento de esta ciudad en silencio se me apodera
me quedaré rezagada en silencio y
cuando no estés mirándolo me apoyaré
un momento en la espalda escarchada del espejo
y canturrearé despreocupada.
Hasta que, habiendo doblado bien veinticuatro horas
y habiéndolas escupido empujadas por tu lengua caliente,
vuelvas y me observes

5.

Mis ojos son dos cabos de vela que gotean cera mientras agotan la mecha, no es abrasador ni doloroso, dicen que el temblor del núcleo de la llama azulada es el advenimiento de las almas, las almas se sientan en mis ojos y tiemblan, canturrean, la llama externa que se balancea en la distancia oscila para llegar más lejos, mañana partes hacia la ciudad más lejana, aquí estoy yo ardiendo, ahora pones las manos en la tumba del vacío y esperas, la memoria te muerde los dedos como una serpiente, no te abrasas ni te duele, tu inquebrantable rostro no se quema ni se hace añicos.

(A partir de una traducción de Eva Gallud basada en las versiones inglesas de Sophie Bowman)

Baile en silla de ruedas

Las lágrimas
se han convertido ya en costumbre,
Pero eso
no me ha devorado.

Las pesadillas también
se han convertido ya en costumbre.
Ni siquiera una noche de insomnio que incendie
todos los vasos sanguíneos de mi cuerpo
puede tragarme por completo.

Mira. Estoy bailando.
En una silla de ruedas en llamas
sacudo los hombros.
Oh, intensamente.
No tengo magia,
ni métodos secretos.
Es sólo que no hay nada
que pueda destruirme por completo.

Ni un infierno,
ni una maldición
o tumba,
tampoco ese sucio y helado
granizo ni el pedrisco
como hojas de cuchillo
pueden aplastarme.

Mira,
estoy cantando.
Oh, silla de ruedas
que escupes intensamente llamas,
baila silla de ruedas.

(Traducción de Ángel Salguero a partir de la versión en inglés de Brother Anthony y Eun-Gwi Chung)

El insomnio por Rubén García García

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Salió al jardín y contempló la claridad pálida filtrándose entre los árboles. Respiró el aire frío, que le penetró hasta los huesos. Eran las seis de la mañana y ya era el tercer día sin dormir. Había probado todo, desde infusiones de hierbas hasta grageas homeopáticas, pero el sueño seguía esquivándolo. Cada vez que los bostezos se acumulaban y se tiraba a la cama, el sueño se desvanecía como un espejismo cruel.

En un arranque de desesperación, sacó del cajón una pistola que parecía de juguete. La frialdad del metal en su mano ansiosa lo hizo dudar por un segundo. Cerró los ojos y apretó el gatillo. El clic fue lo último que escuchó.

Cuando abrió los ojos, pudo observarse, viendo a través del cristal del ataúd. Una araña se columpiaba en la viga del techo, la misma que había visto antier haciendo lo mismo. Antes de fugarse, escuchó la monotonía del rezo, y el aroma del café.

Diente de león por Rubén García García

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Mi Shing, general de la dinastía Tang, hacía volar dientes de león para intimidar a los pueblos que se negaban a contribuir a la riqueza del imperio. Sabían entonces que el ataque del dragón chino era inminente si, al caer las últimas esferas, no habían reunido el oro en semillas y especies.

Huir era inútil…

El recado por Rubén García García

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La alborada trae consigo el aroma de rosas y la humedad de las hojas. Extiendo los brazos y dejo que el aire fresco llene mis pulmones. Tras varios intentos, logré abrir la puerta del departamento. Desperté con una resaca cuando el mediodía ya había pasado. Encontré un recado en la mesa: «En la cocina hay un caldo de pollo con hierbabuena, y en la nevera, tres cervezas. El baño está listo. Fui con mi madre. Cuando regrese, hablaremos de lo que dijiste mientras dormías».

El regalo y sus circunstancias por Rubén García García

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Todos los días, mi padre viene por mí. Hoy salí temprano, y en vez de esperarlo, fui a su negocio. Lo vi deslizar su mano por el talle de la empleada. Se dio cuenta de que lo vi.Ahora, en mi cuarto, no puedo dejar de pensar. ¿Le digo a mi madre? Me repito que deben ser figuras mías, que quizás estoy malinterpretando. ¿Y si se separan? Siempre ha sido su princesita. No sé cómo sería mi vida sin su cariño. Mi padre me procura, me da lo que necesito, me lleva de vacaciones. Tampoco me imagino tener un padrastro.«Su mejor amiga debe ser su madre», dice mi maestra. «Tienen que contarle todo». Es cercano, nadie me quiere más que ella. Pero, ¿contarle lo que vi?

—No se lo merece —exclamó mi madre—. Sus calificaciones dejan mucho que desear.

—Es para que se aplique más —dijo mi padre, dándome la caja con el móvil que tanto había pedido.

—¿Te ha gustado tu regalo? —me pregunta días después.

—No tanto —le respondí, devolviéndoselo—. No es el que te pedí.

La princesa por Rubén García García

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El sapo que besé se convirtió en príncipe. Por la noche, se duerme y croa satisfecho. Mi madre lo odia, mi padre no me habla. Me siento agradecida, en todos los sentidos… y también de que no haya moscas en mi sopa. ¡Qué lengua tan precisa y matemática tiene, oh, mi Dios!