Fertilizando el fuego

mujerthe-paintings-of-vicente-romero-redondo-lovely-women-in-hot-weather-boy-with-a-hat-1381023873_b

Abrazo tus hombros, beso tu cuello. Mi nariz respira pegado a tu oído. Deja que tus ojos se pierdan a través de la ventana y percibe como recorro tu cerviz. Tu espalda es mar, mis labios barca. Me atrae el canto de tu sirena cuando hincado te prodigo glosas que fertilizan el fuego.

La bimba

bimbas

la garza hunde su pico en las entrañas. Una y cien mil veces lo hace, obsesa por el manto petrolero que yace en subsuelo. Nada le cansa, ni el sol abrazador; ni la tromba que en los huecos del cielo se gesta.
La garza inmóvil dejó su pico de tubos en el fondo del fondo. El manto aún huele a petróleo y a residuos de riqueza; quieta, presa del silencio basto

El político

politico

En el corredor de tu casa

tienes flores,

hamacas.

una poltrona que mece tu cuerpo;

una maceta que labraron indios purechas.

Bajo el silencio,

reclinandote en la mecedora

esparces tu maldad.

Llegan

como palomitas avergonzadas

la nausea,

la vergüenza,

lo servil

el cochupo

y la impunidad

Dando traspiés

llega un corazón confuso;

él no escogió

Ni tu alma,

ni tu cuerpo,

ni la avaricia.

 

 

Makiu, el hada y el león

leon

Makiu implora que aparezca su Hada. Está sentada en la cama y no puede dormir. Llega, deshaciéndose en disculpas. Acariciando su cabeza dice:
—¿Qué te sucede?
—Es que cuando cierro los ojos, sale un león y me persigue.
El Hada sonríe.
—Eso es fácil de resolver. duerme.
Al cerrar los ojos, Hay un enorme león y que la persigue. Ella abre los ojos y pregunta a la niña:
—¿El león es de melena negra?
—Si. -Dice la niña—a quien se le cierran los ojos.
La madrina se retira, sonríe satisfecha cuando la ve dormida. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sabana y cierra sus ojos, divisando la floración de las azaleas. Entre los tallos y las flores blancas, irrumpe el color negro de una melena y el brillo afilado de unos ojos

Corazón en trote

A tu espalda sorprendo con una estampida de finas gotas.

Lluvia breve en  tus sábanas agostadas.

Y te preguntarás ¿de dónde vino esto?

 ¿Por qué tengo perlado el sendero de mi brazo?

No hay nada que explique.

El corazón ha corrido toda la tarde visitando tu pensamiento

 y sabes que el agua calma la sed y mi lluvia,  a tu corazón.

 

mujer en alcoba

Una lengua inflamada

mujer con teleHay cosas para sopesar y nutrirse. Es un tormento ser capturado por la lengua de un monstruo. No lucharía contra él, lo escucharía pidiéndole que aplaque sus manías verbales. No puedo ni debo quitarle el teléfono. Quizá le regale un pincel y la paleta de colores. Mientras habla me instalo en la montaña que amplía la respiración del alpinista. Camino por la ladera, colmada de árboles callosos, o me voy por el campo de campanas que las mujeres del pueblo fertilizan.

” Aun estás allí” -me dice- Y sigue relatando, las aventuras del portero, con la vecina del diez. y la mujer que llega a las doce y en carros diferentes,

El viento despeina y embellece a una mujer que me piensa.

Las flores de limonaria

Limonaria_Murraya_paniculata

Qué lejos se ven los años en el tiempo, que cerca en el recuerdo.  De nuevo veo la sonrisa de Noemí, cuando acostados bajo la sombra jugábamos a percibir la nieve con un sol de treinta y ocho grados; los copos eran las flores de limonaria.

Dónde te metes condenada muchacha le gritaba su abuela desde la choza.