Hayku 7
Un día gris.
Raudos pasan los autos
entre la niebla.
Hayku 6
Oscuridad
Se escucha el chapoteo.
Silencio y mar.
Las flores de limonaria
Qué lejos se ven los años en el tiempo, que cerca en el recuerdo. De nuevo veo la sonrisa de Noemí, cuando acostados bajo la sombra jugábamos a percibir la nieve con un sol de treinta y ocho grados; los copos eran las flores de limonaria.
Dónde te metes condenada muchacha le gritaba su abuela desde la choza.
Tankka

Las hojas del árbol
son viejas mariposas
que dejaron de volar.
Hay ku 5
Frío y más frío.
Se fueron las parvadas
y también tú.
Lo que besa la memoria

Jugué con canicas, trompo, balero y carritos de madera. Me gustaba caminar bajo la lluvia y brincar sobre los charcos; ver las mariposas que iban revoloteando y otras marchaban como soldaditos sobre las flores que abrían después de la lluvia. Lo mejor lo daba mamá: besos, abrazos sin ton ni son; café con leche por la mañana y pedacitos de harina que cocía en su estufa de petróleo. Ella decía que eran gatitos y yo me abrazaba a sus piernas.
Día para recordar
Puede ser de gota fina y fría o gruesa y golpeadora. El sol quemante, mediodía, domingo. Guayabera azul, manga larga, pantalón negro a la medida. Llevaba dos cuadras y todo cambio; el cielo se hizo negro y empezó el agua; sólo faltó que cayera un pez. Regresé a casa encabronado y con los zapatos de tela hechos mierda. Ha salido de nuevo el sol, es esplendoroso y falso.
Hay ku 5
Es tu café
como el café de aroma:
Intenso y volátil
Las pulgas y la peste

Por Asia llegamos a Europa montando a las ratas. Nuestro paso dejó huellas por el número de vidas que segamos. Qué grandes nos sentíamos al conducir a millones de roedores. La sangre de la rata era amarga y la del humano dulce. Por cada familia, sólo quedaban dos para contarlo. Si Atila fue el azote de Dios, nosotros lo fuimos de los hombres.
Hayku 4
Contempla el mono
acurrucado y solo.
¿Acaso piensa?
Sin olvido

¡Me despedí de ella hace tantos años! Pero la memoria no entierra lo que besa, tampoco lo que la muerde.
Hayku 3
A ras del agua
van volando los pájaros.
Corre la brisa.
El placer del baño
Gloria se bañaba con agua muy caliente. El ángel de la guarda, respetando su intimidad, se quedaba afuera pendiente de ella. Del vapor salía el fauno que con maestría la recorría haciéndola gemir. El querubín al escucharla decía: ¡Ah, lo que puede hacer el agua y el vapor en su cuerpo! y sonreía satisfecho, acicalando su plumaje.
Hayku 2

Abre la flor
bajo el sol del verano.

Hay cosas para sopesar y nutrirse. Es un tormento ser capturado por la lengua de un monstruo. No lucharía contra él, lo escucharía pidiéndole que aplaque sus manías verbales. No puedo ni debo quitarle el teléfono. Quizá le regale un pincel y la paleta de colores. Mientras habla me instalo en la montaña que amplía la respiración del alpinista. Camino por la ladera, colmada de árboles callosos, o me voy por el campo de campanas que las mujeres del pueblo fertilizan.




