senryu canasta
Llego la tarde
Con canastas de viento.
Luego se fue.
sueños reales
—Por favor llévame a tu departamento.
Al despertar vio las sábanas revueltas, colillas, vasos y el recuerdo de una boca en su piel. Encaminó hacia el baño; el vapor apocaba la superficie del espejo, supuso que ella estaría en la tina. Corrió las cortinas con suavidad; no había nadie. Movió la cabeza y murmuró «Malditos sueños, cada vez son más reales».
el albañil
Subía con la lata de cemento al hombro, el sudor irritaba la visión. Depositó la mezcla y resolló. Había una enramada de hojas violetas brotando del cielo. Bajó para volver a llenar el recipiente de mezcla y subir: “Lo veré cargado de colores y con nubes retozando entre azucenas”. Pidió la botella a un compañero para deslizar cinco tragos de caña. Sabía que eso le garantizaría el color del cielo. De nuevo hacia arriba, pujando con la carga. Sólo faltaba la mitad de la loza.
La tarde hay-ku
Cae la tarde.
En las aguas del río
croan las ranas.
filósofo frustrado
Casi identificaba al Ser cuando lo arrasó un sueño profundo.Roncó. Tuvo certeza que al despertar tendría la respuesta a la duda del hombre. La madre fue acercándose a la hamaca; tras el primer garrotazo siguieron los demás. “¡Levántate huevón, bueno para nada, deja de soñar y ayuda, no ves que la casa es un muladar”!
Eres palabra
Eres palabra. Agua que al caminar desprendes olor y murmullo. Melodía de silencio que duerme a mi lado. Hoja que cobija, y cueva que complace. Te siento más que el recuerdo: viva, fresca, constante. Aromática como una tabla desnuda.
Anuncio de períodico
Se ofrece recompensa a mujer hermosa, febril, sin inhibiciones que excite a marido en receso sexual…con la advertencia de que en el momento que se produzca el efecto, le tape los ojos y me deje su lugar. Puede quedarse si desea.
Tanka de lo basto
Basto y profundo
como el horizonte:
inmensidad.
Nada me pertenece:
ni el todo, ni la nada.
Adolescencia
¡ Ha de estar agotadísima! Toda la noche soñé con ella.
Pensé que fuiste mía

En el claroscuro se percibe al sol durmiendo la siesta. En ese silencio, el coraje se afila al reclamo de una tarde seducida por las aves. Nada es cierto, ni el sol, ni el silencio ni la tarde. Sólo el peso del mar con sus olas revueltas y bravas; mi palabra es un punto mudo flotando en el radio de una rendija.
Pasará
pasará
todo pasará
pasará; como todo pasa
Como pasa el invierno, el viento, la vida.
Pasará el aroma que por ser dulce no deseamos que se vaya
Se va como las aves del mal que van por la vida.
también pasa el recuerdo, porque el olvido es parte de la vida.
El cotorro quiere volar






Su ama lo ponía en su hombro y él silbaba la marsellesa. se desplazaba por su hombro chasqueando besitos tronadores; comía golosamente las semillas de girasol, y su gran placer aparecía cuando el índice de ella rascaba su cabeza azul y decía “piojito, piojito”. Desde polluelo habían cortado sus alas para que desconociera el placer del vuelo; sin embargo, al amparo de la noche robustecía la masa muscular de sus alas. Al salir el sol, se estremecía al escuchar el piar de las aves que cruzaban el cielo. El tiempo y el olvido de su dueña hizo crecer su plumaje y lanzó un grito de “quiero volar”. Batieron sus alas rumbo a la copa del cielo. Planeó por las ramas del ceibo, disfrutó de la humedad del viento. Se llenó de libertad. A lo lejos oía el canto de los grillos y el ulular de los búhos. Por la mañana comía las frutas del nogal y entonaba las notas del himno francés. Voló para perderse entre los olores del bosque. Cuando iba hacía la montaña, sintió de pronto una mezcla de coraje e inquietud. Regresó como saeta hacía su casa. No podía aceptar que otro perico le diese los besos a su ama y que ella rascara otra cabeza que no fuese la suya.
