Despedida negra

pareja.
—¿Qué se puede hacer en 10 minutos, — preguntó a su examante
—Esto, dijo ella.
Abrió la blusa y dejo al aire sus pechos canela.
—¿Entonces serán sólo diez minutos…? Dando una entonación burlona.
Se acercó. Besó el sendero de sus montículos y la boca mordisqueo los pezones. Cuando la respiración se transformaba  en silbidos y la erección corría hacía el orgasmo, sintió el piquete de una aguja que penetraba su cuello y traspasaba la médula.
—¡ Esto es lo que se puede hacer!—exclamó ella, poco antes de que él dejase de escuchar.
Se retiró reacomodando su ropa. Miró por última vez el hilo bermellón que salía de la nuca y al mismo tiempo sintió derramarse otro flujo entre las piernas; pero éste provenía de una matriz insatisfecha.

sueños reales

tender-la-cama
—Por favor llévame a tu departamento.
Al despertar vio las sábanas revueltas, colillas, vasos y el recuerdo de una boca en su piel. Encaminó hacia el baño; el vapor apocaba la superficie del espejo, supuso que ella estaría en la tina. Corrió las cortinas con suavidad; no había nadie. Movió la cabeza y murmuró «Malditos sueños, cada vez son más reales».

el albañil

albañi.descargaSubía con la lata de cemento al hombro, el sudor irritaba la visión. Depositó la mezcla y resolló. Había una enramada de hojas violetas brotando del cielo. Bajó para volver a llenar el recipiente de mezcla y subir: “Lo veré cargado de colores y con nubes retozando entre azucenas”. Pidió la botella a un compañero para deslizar cinco tragos de caña. Sabía que eso le garantizaría el color del cielo. De nuevo hacia arriba, pujando con la carga. Sólo faltaba la mitad de la loza.

filósofo frustrado

imagesCasi identificaba al Ser cuando lo arrasó un sueño profundo.Roncó. Tuvo certeza que al despertar tendría la respuesta a la duda del hombre. La madre fue acercándose a la hamaca; tras el primer garrotazo siguieron los demás. “¡Levántate huevón, bueno para nada, deja de soñar y ayuda, no ves que la casa es un muladar”!

Eres palabra

maderaEres palabra. Agua que al caminar desprendes olor y murmullo. Melodía de silencio que duerme a mi lado. Hoja que cobija, y cueva que complace. Te siento más que el recuerdo: viva, fresca, constante. Aromática como una tabla desnuda.

 

 

Anuncio de períodico

Renoir Auguste

Se ofrece recompensa a mujer hermosa, febril, sin inhibiciones que excite a marido en receso sexual…con la advertencia de que en el momento que se produzca el efecto, le tape los ojos y me deje su lugar. Puede quedarse si desea.

Pensé que fuiste mía

 

sueño

En el claroscuro se percibe al sol durmiendo la siesta. En ese silencio, el coraje se afila al reclamo de una tarde seducida por las aves. Nada es cierto, ni el sol, ni el silencio ni la tarde. Sólo el peso del mar con sus olas revueltas y bravas; mi palabra es un punto mudo flotando en el radio de una rendija.

Pasará

barcaEdouard_Manet_058pasará
todo pasará
pasará; como todo pasa
Como pasa el invierno, el viento, la vida.
Pasará el aroma que por ser dulce no deseamos que se vaya
Se va como las aves del mal que van por la vida.
también pasa el recuerdo, porque el olvido es parte de la vida.

El cotorro quiere volar

 

 

 

animales.cotottoSu ama lo ponía en su hombro y él silbaba la marsellesa. se desplazaba por su hombro chasqueando besitos tronadores; comía golosamente las semillas de girasol, y su gran placer aparecía cuando el índice de ella rascaba su cabeza azul y decía “piojito, piojito”. Desde polluelo habían cortado sus alas para que desconociera el placer del vuelo; sin embargo, al amparo de la noche robustecía la masa muscular de sus alas. Al salir el sol, se estremecía al escuchar el piar de las aves que cruzaban el cielo. El tiempo y el olvido de su dueña hizo crecer su plumaje y lanzó un grito de “quiero volar”. Batieron sus alas rumbo a la copa del cielo. Planeó por las ramas del ceibo, disfrutó de la humedad del viento. Se llenó de libertad. A lo lejos oía el canto de los grillos y el ulular de los búhos. Por la mañana comía las frutas del nogal y entonaba las notas del himno francés. Voló para perderse entre los olores del bosque. Cuando iba hacía la montaña, sintió de pronto una mezcla de coraje e inquietud. Regresó como saeta hacía su casa. No podía aceptar que otro perico le diese los besos a su ama y que ella rascara otra cabeza que no fuese la suya.

Los copos de nieve

niños.

Sentado en la terraza domino el patio donde retozan los críos. Es la hora que ellos disfrutan, porque doña Abigail va a misa de seis de la tarde. Es una mujer de trabajo, incansable, seria. ¿Ha olvidado su niñez, o quizá nunca supo de ella? Es la hora que sus nietas se escapan al solar sembrado de frutales. Hay gallinas, guajolotes y al fondo, en un corral está el chancho. Corren y entre ellas inventan sus juegos. Marta es mayor y gusta de la brusquedad, en cambio Noemí es frágil, femenina. Mientras una está subiéndose al naranjo, la otra tiene entre sus brazos a una muñeca de trapo que la baña sin agua, viste, da de comer; la duerme.

En las últimas semanas se les unió un vecino de la edad de ellas. Es moreno, de pelos parados que se lo aplacan con jugo de limón y le hacen un partido del lado izquierdo. Las ve con curiosidad. Recién llegó a vivir a este lugar y no conoce a nadie. Es hijo único y su mamá no lo pierde de vista. El barullo que arman ellas, hace que salga de casa. Se acerca cauteloso y Marta más alta que él, le pregunta cómo se llama. Con voz apagada musita su nombre y conforme pasan los días va incorporándose a los juegos. Marta es correr, cortar frutos. Noemí  contemplativa,  juga en silencio con su muñeca.

Como aguacero que no avisa llegó la abuela con una vara en la mano y le dio en las nalgas a las dos, para que no escaparan de casa. Rubén asustado se escabulló. Creí que ya no saldrían al patio, unos días así pasó, sólo estaba el niño jugando con las canicas y un trompo que al aventarlo salía como bala. De diez tiradas, solo una vez lo hacía bailar.

Después de algunos minutos que las campanas sonaron llamando a misa, salieron las niñas. Marta, la mayor, inventó el juego de que el banco era el puesto de centinela, la calle, caudaloso río. La misión, vigilar con un telescopio hecho de cartón si se acercaba un barco viejo, gordo y amarillo. Cuando se viese, había que dar la voz de alarma haciendo sonar el bote con un palo de madera.

Hora y media de retozo. Jugaban a las escondidas, a balancearse en la rama del árbol y quienes estuvieran abajo gritaban asombrados: ¡una piñata! y se colgaban haciéndolo caer.  Se repartían las naranjas, las guayabas y la frutilla roja, dulce y cuyas hojas del árbol se duermen en cuanto el sol se esconde, Puanes puanes, así llaman a la fruta.

Sucede que a veces Marta no salía porque tenía mucha tarea, o bien porque su abuela se la llevaba a la iglesia, para que el cura le quitara los cuernos. Salía Noemí y todo cambiaba, era más de platicar, de ver las flores, las mariposas. Ellos se entendían bien. Mirarles los ojos era encontrar en ellos una alegría de platicar en silencio. A que juegas con Noemí le preguntó un primo.

—Jugamos a la nieve.

—A la nieve, si no hay nieve

—Pero hay limonarias

—Y eso qué

—Pues si te das cuenta están floreando y parecen copos de nieve. imaginamos que vivimos en el polo norte y que nos cae la nieve; quien reciba más plumitas de nieve, gana.

—Y que apuestan

—Apostamos besos.

— O sea, si ganas le das un beso ¿y si ella gana ella?

—Ella me lo da a mí.

El primo movió la cabeza y solo dijo: “pinche chamaco cabrón.”

Hoy no jugaron, dijo el gato y fue hacia los matorrales en busca de lagartijas.

Tanka de otoño

mujer.Claude-Monet-Woman-with-a-Parasol

Vuelan los pájaros
guiados por estrellas.
Laúd de otoño.
se hizo frágil mi cántaro
y se instaló el invierno.