Despedida
Mis aguas ya no tienen el brío de la gacela; los árboles florean por la magia de la vida. Tienes en tu mano un espejismo, tan quebradizo que el vuelo de un pájaro lo fragmentaría. Mi árbol carente ha tirado la hoja y los retoños tardan.

Senryu
En plenitud;
la luna es una flor
que exhala luz.

Platicando
Cuatro maestros cerveceaban, uno de ellos no tenía el diente medio y platicaba.
…en la cantina había una mesera guapa rodeada siempre de clientes. Cierta vez, encontré el negocio vacío, estaba sola. Invité. Tenía sed y ganas, rápido tomó dos; yo feliz. En cuanto pude, me acerqué más, acaricié la pierna, no protestó. a veces llegaba un cliente y se paraba a atenderlo, en cuanto se desocupaba se venía a mi lado, y sin presionar ella se acercaba y ponía su palma cerca de mi pubis. Osado hice lo mismo y me sorprendí al sentirle un garrote tieso; en ese momento pagué la cuenta y salí.
Todos se reían. Un silencio que dio paso a una pregunta: ¿le creen a este cabrón?
—Besotes que le ha de haber dado
—Bien apañada, metiendo mano.
—Besotes y de lengua, hasta imagino que la lengua de ella se colaba por la ventana que tienes en la boca.
Otro de ellos, saco la lengua y la dobló en forma de taco. Reían batiendo la mandíbula.
Era de tez blanca, en ese instante, parecía tener rubeola y pretextando un compromiso, se fue, llevándose a su mujer que le preguntaba ¿ y de qué se reían tanto?

Ser tu sax
Háblame al oído,
tócame con el azul eléctrico de tus manos,
dale finos dientes a tu respiración.
Convierteme en sax
y rompe con encendidos solos
la plaza de tus deseos.

La última vez
La última vez que amé a una mujer, tenía su testa recostada en mi brazo y la yemas de mi mano se deslizaban por su pelo. “beba, beba que bella eres”, y ella suspiraba. La ventana tenía cortinas de color almendra. Al tiempo que mi mano corría de sus pechos hacia el vientre; lamía su mejilla y la apretaba. “Niña, mi niña” ella sonreía y ocultaba su perfil en mi cuello; rodeaba mis hombros y exclamaba: ¡qué velludo eres! … “Quiero dormirme contigo” “pues duérmete”. Ella cerraba los ojos un momento y más tarde los abría. “amor, mejor llévame a casa, si no, no despertaré hasta mañana y pensaran mis padres que algo terrible ha sucedido.” Nos vestimos perezosamente, volvimos a besarnos. En el taxi, ella recargaba su mejilla en mi hombro y mi brazo corría por su talle.
—Eres al que amo. —me susurró. Hay quienes halagan y sin mediar un acomodo solicitan respuesta a sus pretensiones; pero mi deseo no se mueve. Este corazón está contento con el que no puede estar siempre para mí , sólo obtengo momentos ; me hace pena y lloro cuando te vas, sin embargo todo el coraje contra la vida desaparece cuando sonríes. Nunca sabré que es mejor: sí haberte conocido, o no; pero en este instante no dudaría estar a tu lado, mis días los llenas de canciones y eso es enorme. El mañana es una pregunta que no quiero hacer, mucho menos pensar.

Senryu
Tuve una novia.
Blanca como espuma;
tibieza y mar.

Pepona
La muñeca mira al gato que se impulsa para cazar al ratón, “lo va a atrapar”, el roedor se convierte en perro. Ella no lo puede creer. El can persigue al gato que trepa por la cortina, la tela se desgarra, cae quedando a su alcance. Estupefacta. Parpadea, parpadea, “lo va a matar” cierra, abre los ojos; el felino se convierte en gato salvaje, está por coger el cuello del perro; que esquiva, y huye. La marioneta está sin respirar. El claxon del carro maravilla suena estridente, y distrae al cazador. El can da la vuelta, seguido muy de cerca por el montés, a punto de atraparlo, salta al vacío. El gatuno ladea la cabeza para todos lados. Ve a la bambina petrificada, se dirige hacia ella. Da un triple salto y poco antes de morderla, desaparece, quedando la foto de un tierno y lindo gatito en el buró. Cuando la muñeca está siendo cargada por su “mama” ésta, le dice que le contará el cuento de un cachorro y un pirata minino. Ella tiembla, se infarta. La niña grita y llora, —¡Mamà!, mamá, la muñeca ya no abre los ojos.
Tanka
Pienso en el río
con su plegaria eterna
¡Ah mi oración!
Chicharras bajo el tronco
con su rezo estridente.
Joaquín Clausell




Cuando hablaba su desatención era insultante; ella platicaba de las cosas diarias de la vida. Yo me distraía con el centelleo de sus ojos, la oscuridad de sus cejas, el tono melodioso de su voz. En los pequeños silencios, buscaba mi mejor entonación para musitar mis trastornos. Ella seguía hablando de los quehaceres y avatares de su persona. Entonces inflé con gas mis palabras, obtuve un ramillete de globos. Salí al patio, solté la cuerda y los vi en la lejanía. Regresé y seguía hablando sin notar mi ausencia. Aproveché para inspirar profundo y recargar mi boca sobre su boca e inflarla poco a poco. La dejé ir hacia las nubes.
Dios te obsequió un cuerpo jorobado con una resistencia sobre natura. En la armonía de tu paso se descubre una paciencia infinita. Soportas: el sol duro, el frío cruel, y las dunas que duermen la siesta del tiempo.
Tuve una novia que se desató de mi mano y buscó una banca frente el mar, se recostó cruzando la pierna, imitando a una estatua. Nunca supe de ella, se fue como el chiflido, el aroma; en el recuerdo es punto en la lejanía. Cada que encuentro el malecón, el sabor marino y una banca, regresa y me sacude.
