Felisberto Hernández: Explicación falsa de mis cuentos

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Obligado o traicionado por mí mismo a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos. No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Esto me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento: sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.

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Tomado del blog de Martí  Lelis

https://ceremoniadepalabras.wordpress.com

Fragmentos literarios de Janet Frame

Finalmente fui citada a la sala de entrevistas, donde el equipo médico se encontraba sentado ante una larga mesa presidida por sir Aubrey Lewis. El equipo ya había celebrado sus reuniones y llegado a sus conclusiones, y después de mantener una breve conversación conmigo, sir Aubrey pronunció el veredicto. Yo nunca había padecido esquizofrenia, dijo. Jamás debería haber sido ingresada en un hospital psiquiátrico. Cualquier problema que pudiera experimentar en la actualidad era sobre todo el resultado directo de mi estancia en el hospital.
Sonreí.
-Gracias- dije en tono tímido y formal, como si hubiera ganado un premio.
Más tarde, el doctor miller repitió el veredicto con expresión triunfante. Recuerdo su expresión de deleite y el modo en que se giró pesadamente en su silla porque la cantidad de ropa que llevaba parecía dificultar sus movimientos.
-En Inglaterra hace mucho frío – comentó – . Y llevo esta ropa interior de lana, tan gruesa…
La última moda, los abrigos cortos y los pantalones estrechos, aumentaba su incomodidad. Tal vez recuerdo tan vívidamente la cantidad de ropa que el doctor Miller usaba en invierno porque yo misma me había despojado repentinamente de una prenda que había llevado puesta durante doce o trece años: mi esquizofrenia. Recordaba con cuánto asombro y temor había intentado pronunciar esa palabra al enterarme del diagnóstico, cómo la había buscado en los libros de psicología y en los diccionarios de medicina y cómo, al principio con cierta incredulidad y luego rindiéndome a la opinión de los expertos, la había aceptado; cómo en el sufrimiento y el terror de la aceptación había encontrado un consuelo y una protección inesperados, cómo había anhelado librarme de la opinión pero no estaba dispuesta a separarme de ella, e incluso aunque no la usaba abiertamente, siempre la tenía a mano para casos de emergencia, para ponérmela a toda prisa y protegerme de la crueldad del mundo (…)

[…] Y las palabras de Londres me fascinaban, los montones de periódicos y revistas, las hojas de propaganda en los escaparates de los estancos y tiendas de periódicos, los nombres de los autobuses, letreros de las calles, los letreros luminosos de propaganda, los menús escritos con tiza sobre una pizarra en la puerta de las humildes cafeterías del servicio de transporte, bistec gigante y dos verduras, pastel de carne y patatas, los carteles de la estación de metro y las inscripciones de los lavabos públicos y de los túneles de las carreteras, la infinidad de librerías y bibliotecas. Jamás había tenido tantas oportunidades de leer en público […]

tormenta — Botellas al mar

─ ¿Cómo estás? Te pregunto porque sé que le tienes un miedo horrible a los huracanes. Y yo, aparentemente en calma, malduermo luego de ver varios chistes, como si la risa me curara el espanto. ─ Bien. Así, escuetamente le respondo que bien. Y me miento a mí misma. ¿Para qué decirle que tengo un […]

a través de tormenta — Botellas al mar

Seis grandes libros de ficción que fueron censurados

Son incalculables los libros que han sido censurados a lo largo de la historia, ya sea por cuestiones políticas, religiosas, o su supuesta capacidad para atentar contra las «buenas costumbres».

Ni siquiera la ficción, con el amparo intelectual e ideológico que su naturaleza conlleva, se salvó del feroz celo de los censores.

A continuación repasaremos algunos de los mejores libros de ficción censurados en su tiempo.

1) Un mundo feliz (Brave New World, Aldous Huxley)
Escrito en 1931, Un mundo feliz parodia a las grandes novelas utópicas, y en especial a la idea de «progreso», hija de la industrialización, describiendo un futuro ausente de pensamiento. Huxley no pronostica un estado totalitario que domina al pueblo, sino a un pueblo tan inmerso en lo trivial que ya no necesita ser dominado.

Fue prohibido en varios países, empezando por Irlanda, bajo la excusa del tratamiento que Huxleyle otorga a la natalidad.

2) Las uvas de la ira (The Grapes of Wrath, John Steinbeck)
John Steinbeck, ganador del Pullitzer, relata en Las uvas de la ira los efectos devastadores de la Gran Depresión en la Norteamérica rural de los años ’30.

A pesar de haber sido alabada por la crítica, Las uvas de la ira fue quemado públicamente en varias marchas de ciudadanos indignados por su descripción cruda de la pobreza, sin romanticismos ni metáforas edificantes sobre la privación. A propósito de su censura, John Steinbeck luego admitió que Las uvas de la ira es una versión suavizada de lo que realmente ocurre en una comunidad cuando la pobreza se vuelve endémica.

3) Trópico de Cáncer (Tropic of Cancer, Henry Miller)
Ubicada en la Francia de los años ’30, Trópico de Cáncer sigue las aventuras del propio Henry Miller durante su lucha por convertirse en escritor. En el proceso, detalla con macabra minuciosidad las correrías amorosas y licencias éticas y morales de los norteamericanos que viven en el exterior.

Menos de un mes después de su publicación fue prohibido por la Suprema Corte de Justicia de Pennsylvania, cuyo fallo describe sus páginas como un «pozo de putrefacción».

4) Los versos satánicos (The Satanic Verses, Salman Rushdie)
El libro relata la historia de un hindú expatriado en Inglaterra. Su rechazo fue generalizado. La comunidad islámica lo considera un libro blasfemo. Fue censurado en Japón, los Estados Unidos e incluso en algunos países de latinoamérica. En Venezuela, por ejemplo, se conoce un fallo que condenó a uno de sus lectores a quince meses de prisión.

5 La metamorfosis (Die Verwandlung, Franz Kafka)
El libro narra la historia de Gregor Samsa, un viajante de comercio que vive en casa de sus padres, y que despierta repentinamente convertido en un insecto descomunal. Bajo esa forma descubre el tratamiento feroz que le aplica su familia y la sociedad, que básicamente se inicia en la reclusión y finaliza en el abandono y el olvido.

La metamorfosis fue prohibido por casi todos los regímenes, entre ellos, la Alemania nazi y la Unión Soviética.

6) Lolita (Lolita, Vladimir Nabokov)
Lolita relata la historia de Humbert Humbert, erudito parisino que se siente atraído por las mujeres jóvenes, llegando a la obsesión por la hija Charlotte Haze.

En Estados Unidos se lo prohibió de inmediato, catalogándolo como el libro más repugnante que jamás se haya escrito.

 

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http://elespejogotico.blogspot.com/2015/06/6-grandes-libros-de-ficcion-que-fueron.html

 

Departamento de Puntuación: Pancho Villa encabalga de nuevo por Sandro Cohen

LAS LENGUAS naturales —parientes lejanísimos del castellano, del chino y del náhuatl actuales, por ejemplo— se iniciaron misteriosamente hace decenas de miles de años, y el fenómeno era solamente oral. La escritura no llegó a enriquecer —o complicar— nuestra existencia sino hasta hace unos cinco mil años en la antigua Mesopotamia, y se convirtió en práctica habitual apenas hace poco.
Solemos relacionar la generalización de la lectura y escritura con la Revolución Industrial, la creación de la clase media y la democratización en general. Hay muchas regiones a las cuales aún no ha llegado esta democratización, y en ellas la oralidad sigue siendo la norma para la trasmisión de ideas. Y en otras, como en el México de hoy, la lectura y escritura se enseñan a medias y mal, donde se enseñan. Esto se refleja en el desconocimiento general del manejo de las sutilezas gráficas que son fundamentales dentro de la lengua escrita. Estas sutilezas son los signos de puntuación. Y gracias al ejemplo que hoy ponemos a disposición de los lectores de este blog, nos damos cuenta de que la persona que redactó elcopy (el texto promocional), jamás se dio cuenta de que la escritura no es la mera reproducción gráfica de lo que habría dicho en voz alta.
Para que la escritura sea eficaz, es necesario ordenar las palabras cuidadosamente (sintaxis) y aclarar las relaciones que existen entre las ideas expresadas. Para que esto suceda, hace falta emplear la puntuación correcta, algo totalmente innecesario en el lenguaje oral. Así sucede porque al comunicarnos en voz alta, no sólo usamos palabras sino también el cuerpo. En el habla son importantísimos nuestro tono de voz, gestos, ademanes, etcétera.
Nada de esto se traduce al lenguaje escrito si nos reducimos a reproducir las palabras únicamente, las cuales son sólo un aspecto de la comunicación oral. Y como los redactores inexpertos —aquí los hemos llamado orales— piensan que “la coma es el equivalente de una pausa” (error grave), salpican sus escritos con comas donde desean que los lectores hagan pausa. Pero el lenguaje escrito debe comunicar ideas complejas que se relacionan de manera muy diversa. Esto requiere un sistema finamente calibrado que, lejos de confundir al lector, lo llevará felizmente de una a otra idea sin marearlo. En resumidas cuentas, la buena redacción consiste en estructuras relativamente claras y sencillas, compuestas de tal manera que puedan expresar las ideas más complejas y hermosas.
Encabalgamiento Chihuahua
Si nos fijamos en las cinco líneas de este anuncio publicado en la revistaEscala de Aeroméxico, veremos que el único signo de puntuación que se emplea antes del punto final es la coma. En su caso tal vez sea lógico porque posiblemente estaría pensando el autor que su texto sería leído en la radio por un locutor profesional o recitado por el abuelo junto a la chimenea. Según esta clase de redactor, basta indicar dónde hay que hacer pausa para que su labor resulte inobjetable. Jamás se dio cuenta de que las personas que leerían el texto no oirían voz alguna ni verían a ningún abuelo junto a chimenea alguna. Lo que estaba haciendo, en realidad, era encabalgar. Cuando juntamos en una sola proposición (como ésta de cinco líneas que van desde la mayúscula de “Este” hasta el punto [ . ] después de “Villista”) dos o más oraciones entre las cuales no existe ninguna relación gramatical (coordinación o subordinación), estamos encabalgando, tal como vimos en la entrada del 9 de julio.
Son tres comas para ser exactos. Reproduzcamos el texto, con todo y sus encabalgamientos.
Este 2010 se cumplen 100 años de la Revolución
Mexicana, evidentemente Chihuahua jugó un papel clave
en este acontecimiento, por ello que aquí el espíritu de
la revolución siga vivo, este mes Pancho Villa estará más
vivo que nunca en la ya tradicional Cabalgata Villista.
Ni siquiera voy a criticar cuestiones de estilo dudoso, como “jugó un papel clave” en lugar de “tuvo” o “desempeñó un papel clave”. Tampoco preguntaré por qué figura la palabra que entre “por ello” y “aquí”. Gramaticalmente, sale sobrando. Pero si agregáramos el verbo que requiere, todo estaría resuelto: “Es por ello que aquí […]”. La construcción es queresultaría enfática en este caso; si no lo fuera, sería un caso de esqueísmo. Al fin y al cabo, lo que nos regalan en este anuncio son tres encabalgamientos, los cuales confunden al lector.
He iluminado en color rojo las dos palabras entre las cuales debió emplearse algún otro signo de puntuación porque se trata de oraciones independientes entre las cuales no existerelación gramatical. Insisto en que se trata de una relación gramatical porque sí hay entre ellas relación ideológica, como es forzoso entre las oraciones que se suceden en un párrafo cualquiera. Las relaciones gramaticales se dan por coordinación o subordinación, tal como vimos en la entrada que ya hemos citado.
La manera más fácil y eficaz de evitar el encabalgamiento es emplear un punto y seguido [ . ] en lugar de coma [ , ]. (A veces, sin embargo, los encabalgadores se entusiasman tanto con su propia oralidad, que ni siquiera usan comas). También podemos yuxtaponer las oraciones encabalgadas mediante punto y coma [ ; ] o dos puntos [ : ], mas el punto y coma no siempre resulta aconsejable en textos promocionales. Es más conveniente usarlo en escritos de mayor sutileza, como ensayos, narrativa y poesía. Aquí tampoco caben los dos puntos. Las otras dos opciones son, precisamente, la coordinación (mediante las palabras yniopero[mas], sino que) y la subordinación (mediante que [cual –escuyo, –os, –a, –as], como,conforme, cuandocuan [cuanto] dondequien [-es], segúnmientraspues y si). Si coordinamos o yuxtaponemos las oraciones, debemos elegir con cuidado el conector más adecuado para explicitar la relación ideológica entre ellas.
En el caso de estos tres encabalgamientos en cinco líneas muy cortas (si las escribiéramos en renglones convencionales, no pasarían de tres), lo más aconsejable, por claridad, sería emplear punto y seguido. Hagámoslo así y corrijamos aquellas cuestiones de estilo dudoso, amén de poner la coma que hacía falta tras evidentemente porque se trata de un adverbio empleado de manera absoluta. En otras palabras, evidentemente no modifica sólo al verbo desempeñó, como tal, sino a toda la oración:
Este 2010 se cumplen 100 años de la Revolución
Mexicana. Evidentemente, Chihuahua desempeñó un papel clave
en este acontecimiento. Es por ello que aquí el espíritu de
la revolución siga vivo. Este mes Pancho Villa estará más
vivo que nunca en la ya tradicional Cabalgata Villista.
Los puntos y seguido no interrumpen el flujo de ideas: lo aclaran. No hay que tenerles miedo. Recuerde: si entre dos oraciones no hay coordinación ni subordinación, no puede separarlas con una coma. Necesita un punto y seguido [ . ] o punto y coma [ ; ] o dos puntos [ : ]. Si deja la coma, o si no pone nada, estará encabalgando. ¿Ya se acordó de cuál es el Primer Mandamiento de la Buena Redacción?
No encabalgarás.
https://redaccionsindolor.blogspot.com/2010/07/departamento-de-puntuacion-pancho-villa.html

Sandro Cohen

Cronista, ensayista, narrador y poeta. Radica en México desde 1973, se naturalizó mexicano en 1982. Estudió la maestría en Lengua y Literaturas Hispánicas en Rutgers University y obtuvo el doctorado en la unam. Ha sido coordinador de los talleres de poesía del inba, la uabjo y la uam. También dirige su propio taller de Creación Literaria, el cual cubre todos los géneros. Ha sido coordinador de los becarios jóvenes de conaculta, en el área de ensayo; profesor en el Departamento de Humanidades y jefe del área de Literatura de la uam; jefe de redacción de Personal Computing Mexico; director editorial de Grupo Editorial Planeta México; gerente de interés general de Grupo Editorial Patria; fundador de la Editorial Colibrí; cofundador de Sin Embargo; codirector de Vaso Comunicante. Colaborador de AcequiasAlteña, Cartapacios, Casa del Tiempo, Cielo Abierto, Computer Reseller News, El Nacional, El Universal, Excélsior, Fuentes, Information Week México, Laberinto de Milenio Semanal, La Gaceta del fce, La Jornada, La Letra y la Imagen, Norte/Sur, La Palabra y El Hombre, La Semana de Bellas Artes, Literatura hispanoamericana: inquietudes y regocijos, Milenio, PC Semanal, Personal Computing Mexico, Plural, Proceso, Revista Mexicana de Cultura, Revista Universidad de México, Sábado, Segundo Piso, Sin Embargo, Tema y Variaciones de la Literatura Mexicana, Tierra Adentro, Unomásuno, Vaso Comunicante, Virtuali. Parte de su obra literaria ha sido inluida en múltiples antologías, entre ellas, Asamblea de poetas jóvenes de México, compilación de Gabriel Zaid, Siglo Veintiuno, 1980; Los poetas van al cine, selección y notas de Ángel Miquel, Juan Pablos Editor/Ediciones sin nombre, 1997 y Antología. La poesía del siglo XX en México, edición de Marco Antonio Campos, Madrid, Colección Visor de Poesía, 2009.

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Hacia otro verano (Janet Frame)

abril de 2016

Título original: Towards another summer
Traductor: Aleix Montoto
Páginas: 272
Publicación: 1963 (2008)
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432228407
Sinopsis: La escritora Grace Cleave acepta la invitación de un matrimonio con dos hijos para pasar un fin de semana lejos de Londres, en una casa en el norte de Inglaterra. Mientras lucha por combatir un bloqueo creativo, Grace se siente cada vez más como un pájaro migratorio, y escucha con obsesiva intensidad la llamada de Nueva Zelanda, su tierra natal. Insegura de su capacidad para habitar el mundo, Grace finge ser capaz de ocupar un lugar en la sociedad.

Durante mucho tiempo había notado que no era humana, y sin embargo, era incapaz de sentirse cercana a una especie alternativa; ahora había hallado la solución: era un pájaro migratorio.

Lo que sabía de Janet Frame: una infancia dramática, un diagnóstico erróneo de esquizofrenia, una timidez aterradora, una lectora voraz, un extraño intento de suicidio (¡con aspirinas!). Internada en varios psiquiátricos se libró de una lobotomía (qué salvajada) gracias a que su primer libro de relatos (“The Lagoon and Other Stories”) recibió un premio y el neurocirujano decidió, en un milagroso ataque de sensatez, cancelar la operación. Candidata en varias ocasiones al premio nobel de Literatura, la directora Jane Campion llevó a las pantallas Un ángel en mi mesa, una adaptación de la autobiografía de Janet Frame (y que es la única novela, junto con Hacia otro verano, traducida al castellano). De Hacia otro verano, escrito en 1963, sabía que Janet Frame prohibió que se editara en vida porque consideraba que era demasiado personal y no sería hasta el 2007 que viera la luz. Falleció de leucemia en el 2004.

Con estos mimbres, absolutamente irresistibles para mí, me dispuse a leer Hacia el otro verano. Y cuando llevaba página y media tuve que detenerme. Y tuve que hacerlo porque si quería fluir por este libro era necesario adaptar mi mirada, mimetizarme con el pensamiento de la protagonista, porque Frame no edifica su estilo literario desde una arquitectura tradicional, no hay una disposición reconocible cuando se plasma el pensamiento en palabras, ni siquiera su patrón de reflexiones es el habitual. Las frases y conexiones de pensamiento de Frame son líquidas, aéreas, vaporosas, poéticas, volátiles… Frame es un ave migratoria. Tengo que ser su pensamiento, sus sensaciones, sus imágenes, sus metáforas, sus emociones. Tengo que ser, yo también, ave migratoria. Ya lo he sido antes. Y eso supone renunciar a mis propias barreras. Quedarme indefensa. ¿Quién dijo miedo? Migremos. Volemos. Ir y luego regresar con cada palabra, con cada línea, con cada página.

Nada era sencillo, conocido, seguro, creíble, identificable. Los límites no eran posibles cuando nada tenía fin, las formas eran circulares y no había principio alguno.

La escritura de Frame es innovadora, creativa, mágica, muy potente. Modifica mi forma de leer, me exige. Y me gusta. Salvo ese dubitativo inicio (por mi parte, no por la suya) y una vez que acepto los pasadizos y los desvíos que me ofrece, leer a Frame es una delicia extraordinaria. Cuando llevo leídas tan solo cuatro páginas, cuatro, tengo que volver a detenerme porque me he llenado de imágenes, de sensaciones, de una prosa incomparable, guapa, compleja y exquisita. Estoy tan despojada de todo, que con esas cuatro páginas quise detenerme y paladear cada impresión, cada huella agitada, cada presentimiento percibido, como si fuera un regalo. Y lo hice consciente de querer recrearme en algo que está aún por venir.

Y lo que vino fue un auténtico goce. Si al principio pensaba que Frame me quería expulsar de las páginas, en cuanto me crecieron las alas y me convertí en pájaro migratorio el libro resulto ser una sinfonía, una canción de cuna que te protege y tranquiliza a la vez. Así me sentí en esta lectura, acogida.

Curioso, porque en realidad de lo que habla Frame es de la extrañeza, de las personas que buscan refugio en la soledad porque no saben cómo comportarse con los demás, qué decir, qué hacer, cómo ser. Personas para las que cada frase que le dirigen desencadena indecisiones, dudas, temores, y hasta bloqueo. Códigos distintos que conviven en un mismo mundo y que hay que descifrar para que no queden al margen. Pero no lo hacemos, intentar descifrar ese código. La minoría es la que tiene que hacer el esfuerzo de adaptarse, siempre (no es lo que yo pienso, es la realidad).

Lo que hizo (entre otras razones) que me sintiera en un espacio confortable, que disfrutara tanto de Hacia otro verano es cómo emite Frame. Emitir en el sentido de arrojar, echar hacia fuera. Y eso hace Frame, echar hacia fuera sus pensamientos, arrojarlos. Puede parecer que en esa expulsión hay cierta violencia, cierta rabia, y sin embargo lo que hay es una cadencia especial, un vuelo sostenido, un espectáculo lleno de metáforas, descripciones, sensaciones…

No quiero habitar el mundo humano bajo premisas falsas. Es un alivio haber descubierto mi identidad después de la confusión al respecto durante tantos años. ¿Por qué la gente habría de tener miedo si confío en ellos? Pero la gente siempre tendrá miedo y celos de aquellos que finalmente descubren su identidad; es algo que les lleva a considerar la suya, a recluirla, a mimarla, temerosos de que alguien la tome prestada o interfiera en ella, y cuando están enfrascados en el acto de protegerla sufren una conmoción al descubrir que su identidad no existe, que se trata de algo que han soñado y que nunca han llegado a conocer.

Identidad. He aquí el eje, la esencia (una vez más). El epicentro de todo. Identidad. Determinar cuál es tu propia identidad, comprobar que no encaja, luchar por mantenerla o construirte un disfraz. Pero ¿es posible disfrazar tu auténtica identidad? ¿y si te atrapa el disfraz en lugar de liberarte? No encajas. Entonces, o te disfrazas, o te aíslas. El disfraz, la máscara, es algo que no se plantea la protagonista de Hacia otro verano. Intenta conectar, pertenecer, y cada intento es un sufrimiento, un esfuerzo. Elige entonces, una y otra vez, la soledad. Porque cada conversación, cada situación social, es una lucha agotadora. Un fin de semana conviviendo con un matrimonio y sus hijos. Esa es la situación por la que tiene que pasar Grace Cleave. Cómo nos traslada esa situación Janet Frame, cómo desnuda su mente, ese “lugar privado”, es realmente impresionante. Una preciosidad.

Tener una conciencia profunda de una misma, de los funcionamientos internos que nos mueven y a la vez nos paralizan. Sentir de forma tan abrumadora cómo te rompes y haces añicos. Y ser capaz de plasmarlo como lo hace Frame. Grande.

Entremezclados con el fin de semana, acuden, migrando, recuerdos de la infancia de Grace, de una Nueva Zelanda lejana que la reclama. Es en estos recuerdos donde especialmente Frame despliega un léxico fuera de lo común, dispersa metáforas, juegos de palabras, descripciones, humor y una sensibilidad que me ha cautivado. Y que seguramente no se lo ha puesto nada fácil a la magnífica traducción realizada por Aleix Montoto.

Algo especial tiene este libro. No habla de algo cómodo. Su prosa no es de lectura fácil o relajada (en muchas ocasiones tienes que volver atrás, releer, pero lo haces complaciéndote de leer así, como en pliegues, hacia adelante y hacia atrás). Es tan íntimo que sientes que te estás asomando, sin permiso, al alma de Janet Frame. Tu propia timidez (identidad) se reconoce en algunos pasajes de la lectura. Y sin embargo terminas el libro y querrías seguir en él. Quizás sea porque ahora es en los libros, en ciertos libros, donde encuentro acomodo y refugio.

Encontré mi lugar cuando tenía tres años. Es un recuerdo tan profundo en mi memoria que siempre y nunca cambia… Miré arriba y abajo, a un lado y a otro, y no había nadie. Este es mi lugar, pensé, mientras permanecía de pie, escuchando. El viento gemía en los cables del telégrafo, el polvo blanco se arremolinaba en el camino y yo seguía en mi lugar sintiéndome más y más sola porque los setos de tojo y sus flores eran míos, el camino polvoriento era mío, y también el viento y los gemidos que hacía en los cables del telégrafo. No puedo describir la sensación de soledad que sentí cuando supe que me encontraba en mi lugar; todavía era pronto para ser consciente de la carga que supone la posesión, poseer algo que no se puede regalar o a lo que no se puede renunciar, que se tiene que guardar para siempre.

Nunca, jamás, ni nadie había descrito tan bien y tan preciso lo que se agitó en mí, siendo una mocosa, la primera vez que vi un faro y sentí que los faros eran mi lugar.

Leer a Frame ha sido un desafío, un desafío de los que merece la pena y el riesgo. Un libro para enmarcar.

(©AnaBlasfuemia)

http://loqueleolocuento.blogspot.com/2016/04/hacia-otro-verano-janet-frame.html

Janet Frame Image by Reg Graham

Érase un país donde todos eran ladrones de Italo Calvino

Por la noche, cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar, al alba, cargado, encontraba su casa desvalijada.
Y todos vivían en concordia y sin daño, porque uno robaba al otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero. En aquel país el comercio sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos, y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno. La vida transcurría sin tropiezos, y no había ni ricos ni pobres.
Pero he aquí que, no se sabe cómo, apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en casa fumando y leyendo novelas.
Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían.
Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa, era una familia que no comía al día siguiente.
Frente a esas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba, pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua.
Volvía a casa y la encontraba saqueada.
En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía. Pero hasta ahí no había nada que decir, porque la culpa era suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden. Porque él se dejaba robar todo y entre tanto no robaba a nadie; de modo que había siempre alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta; la casa que él hubiera debido desvalijar. El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado, los que iban a robar a la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía; de modo que se volvían pobres.
Entre tanto los que se habían vuelto ricos se acostumbraron a ir también al puente por la noche, a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.
Pero los ricos vieron que yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres. Y pensaron: “Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta”. Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes: naturalmente siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero como suele suceder, los ricos Se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas, y así fue como instituyeron la policía y construyeron las cárceles.
De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado, ya no se hablaba de robar o de ser robados sino sólo de ricos o de pobres; y sin embargo, todos seguían siendo ladrones.
Honrado sólo había habido aquel fulano… y no tardó en morirse de hambre.

ladrones

Tomado del fb

Janet Frame, escritora de Nueva Zelanda

La novelista neozelandesa Janet Frame, una de las más importantes representantes de las letras de este país, murió el jueves 29 de enero, a los 79 años. Frame, una de las habituales en las quinielas al Premio Nobel de Literatura, falleció en un centro hospitalario de Dunedin (Isla del Sur), donde permanecía ingresada desde que el 28 de agosto pasado le fuera detectada una leucemia.
La muerte de Janet Frame, que inició su carrera literaria a partir de una juventud marcada por un intento de suicidio y una esquizofrenia diagnosticada equivocadamente, ha causado una gran conmoción en los medios artísticos y políticos de Nueva Zelanda.
La primera ministra, Helen Clark, mostró sus condolencias por el fallecimiento de la escritora y calificó su texto autobiográfico Un ángel en mi mesa como «una extraordinaria historia del triunfo del espíritu humano».
En este sentido, su biógrafo, Michael King, ha señalado que «debido a sus 10 años de experiencias en hospitales psiquiátricos se identificó más con los marginados de la sociedad».
La novelista nació en 1924 en Oamaru y a los 21 años, tras intentar quitarse la vida, sufrió un calvario de 11 años que marcarían su vida y su obra, por una serie de hospitales psiquiátricos y recibió tratamientos para una lobotomía que finalmente se canceló después de que Janet Frame ganase un premio literario por un libro de relatos.
Finalmente, cuando ya había entrado en la treintena, un psiquiatra del Reino Unido diagnosticó que Janet Frame no padecía esquizofrenia, que simplemente era una mujer tímida y algo excéntrica que prefería vivir sola y seguir algunas pautas de conducta diferentes a las de la mayoría.
En 1960, Frame ya despuntaba como una escritora crítica con una sociedad indiferente a los marginados y preocupada por las débiles fronteras entre la cordura y locura.
Los búhos no lloran (1957), su primera obra, llevó a su editor de Estados Unidos, George Braziller, a decir que Frame era, «sin duda, la escritora neozelandesa con más talento desde Katherine Mansfield». Rostros en el agua (1961), Pájaros de lluvia (1968) o Vida en el Maniototo (1979) son algunos títulos de una trayectoria literaria que cubre 11 novelas, varios libros de relatos, un libro de poemas y sus memorias.
Su figura se popularizó mucho después de 1990 cuando la directora neozelandesa Jane Campion llevó a las pantallas de cine la historia de su vida, Un ángel en mi mesa, el mismo título que sus memorias.
Janet Frame estaba en posesión de la Orden de Nueva Zelanda, la Orden del Imperio Británico y había recibido numerosos premios literarios. En 1986, la American Academy of Arts and Letters, nombró a la escritora neozelandesa miembro honorio.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de enero de 20
https://elpais.com/diario/2004/01/30/agenda/1075417209_850215.html
janet frame nueva zelanda

Cuando el alumno corrige al maestro

En la Facultad de Medicina, el profesor pregunta: “¿Cuántos riñones tenemos?”

-¡Cuatro!”, responde el alumno.

-¿Cuatro?”, replica el profesor, arrogante y abusivo. Ordena a su ayudante:

-Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala.

-¡Y para mí un cafecito! -replicó el alumno.

El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala.

Al salir, el alumno tuvo la audacia de corregir al maestro:

-Usted me preguntó cuántos riñones ‘tenemos’. -Tenemos, cuatro: dos míos y dos suyos.

 ‘tenemos’ es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto.

Tomado del Fb

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El alumno era el humorista Aparicio Torelly, conocido como el Barón de Itararé (1895-1971)

APARICIO TORELLI
* periodista; miembro ANL.
 Aparício Torelli , también conocido por el seudónimo Barón de Itararé, nació en São Leopoldo (RS) en 1895. Su madre era uruguaya. Su padre, brasileño, luchó contra la Revolución Federalista, junto con los republicanos castellanos. El conflicto, que involucró a Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná desde febrero de 1893 hasta agosto de 1895, terminó con la victoria de los partidarios del presidente Gaucho, Julio de Castilhos, que contó con el apoyo del gobierno federal.
Torelli vivió en Uruguay en la granja de sus tías hasta 1902, cuando regresó a São Leopoldo para estudiar en el Colegio Nossa Senhora da Conceição. En esta escuela, dirigida por sacerdotes jesuitas, produjo su primer periódico clandestino, The Dry Grass, en el que satirizó a sus maestros. Más tarde estudió medicina en Porto Alegre y durante el curso, en 1916, publicó su primer libro de poemas, Colillas de cigarrillo, en varios versos. En 1919 abandonó la universidad, ya en su cuarto año, y pasó el siguiente período recorriendo las ciudades del interior de Rio Grande do Sul, dando conferencias improvisadas en teatros y cines. Usando los seudónimos Aporelli y AxL, colaboró ​​en ese momento con sonetos para periódicos y revistas, como Kodak, la revista modernista, A Mascara y O Maneco, y, aún en Rio Grande do Sul, fundó el humorístico periódico O Chico.
En 1925 se mudó a Río de Janeiro, luego al Distrito Federal, donde trabajó como periodista para O Globo y más tarde en A Manhã, por Mário Rodrigues. En mayo de 1926 fundó el periódico humorístico The Morning que buscaba imitar a The Morning en el diseño de la primera página y que fue subtitulado «ataque de órganos … de la risa». Sin periodicidad fija, The Morning fue escrita casi en su totalidad por Torelli y su objetivo principal fueron los políticos de la Antigua República, lo que lo llevó a formular frases como: «El misterio de hoy puede ser el ministerio de mañana». Durante la campaña de la Alianza Liberal en 1929 y 1930, The Morning se convirtió en un suplemento del Diario Nocturno en apoyo del movimiento. Con la victoria de la Revolución de 1930, en la que participó, Torelli adoptó el seudónimo Barón de Itararé, en honor a la batalla de Itararé entre las fuerzas legalistas y las revueltas, que no ocurrió. Transformó The Morning en un órgano independiente, «que no se vende, sino que solo se intercambia por quinientos reis». El periódico consistía, entonces, en profecías de fin de año, página literaria, noticias policiales y sección de deportes, siempre con políticos como personajes principales.
En 1933, al frente del equipo de Jornal do Povo, donde también trabajaba, Torelli anunció una serie de informes sobre la vida de João Cândido, quien dirigió el Levantamiento de Chibata, una rebelión de marineros que tuvo lugar en los barcos de la Armada en noviembre de 1910, en protesta contra el castigo corporal y reclamando una mejora salarial, que fue severamente reprimida. Salieron dos de los informes planificados, pero en el tercero, Torelli fue secuestrado por oficiales de la Armada Integral y llevado a Barra da Tijuca, donde fue golpeado y luego abandonado con la cabeza afeitada y en calzoncillos. Su ropa fue entregada a la sala de prensa de O Globo y exhibida.Como resultado de este episodio, tenía un letrero publicado en la puerta de la sala de redacción del periódico People’s Newspaper: «Entra sin llamar».
En octubre de 1934 se creó un grupo en el Distrito Federal que comenzó a estudiar la formación de un frente que defendía un programa nacionalista y antifascista, que luego se constituiría como la Alianza Liberadora Nacional (ANL). Este grupo, del que formaba parte Torelli, también estaba formado por Roberto Sisson, Francisco Mangabeira, Carlos Lacerda, Manuel Venancio Campos da Paz y Benjamim Soares Cabello. Más tarde, Herculino Cascardo, Carlos Amoreti Osorio, Moesia Rolim, Trifino Correia y otros también se unieron. Las reuniones se celebraron inicialmente en el departamento de Amoreti Osorio, en la oficina de Rolim o en The Morning Newsroom. En marzo de 1935, el ANL se lanzó públicamente con la participación de miembros del Partido Comunista Brasileño (PCB), el Partido Comunista de Brasil, el Partido Socialista Brasileño (PSB) y los diversos partidos sociales democráticos estatales, así como los sindicatos. Todavía en 1935, Torelli fue miembro fundador de la Liga de Defensa de la Cultura Popular, vinculada a la ANL. En julio, la ANL fue cerrada por el gobierno.
En noviembre de 1935, una parte de la ANL bajo el liderazgo del PCB inició en Natal, Recife y Río de Janeiro una insurrección armada, que pronto fue reprimida por las fuerzas gubernamentales. Esto fue seguido por una ola de represión de la alianza, y The Morning dejó de circular en 1936, con el arresto de Torelli, acusado de participar en la rebelión. Tras el establecimiento del Estado Novo (1937-1945) en noviembre de 1937, Torelli fue compañero de celda en la prisión de la calle Frei Caneca del escritor Graciliano Ramos, quien lo citó en su libro Memorias de la prisión. En ese momento, Torelli le dijo a Graciliano que inicialmente había adoptado el título de duque de Itararé, y luego se convirtió en el barón «como prueba de modestia». Después de su liberación, fue delegado del Distrito Federal al I Congreso Brasileño de Escritores, que se celebró en São Paulo, patrocinado por la Asociación Brasileña de Escritores, del 22 al 27 de enero de 1945. El congreso, que reunió a un número significativo de intelectuales de diversos tipos. Las tendencias políticas y emitió una declaración a favor de la democracia y las libertades públicas, constituyeron una posición contundente contra el Estado Novo. En el decreto de amnistía del 18 de abril de 1945, por el cual fue beneficiado, Aparicio Torelli declaró: «La amnistía es un acto por el cual los gobiernos resuelven perdonar generosamente las injusticias y crímenes que ellos mismos cometieron».
En agosto de 1945, se unió al comité interino de la Izquierda Democrática (DE), una organización formada por disidentes de la Unión Democrática Nacional (UDN), un partido que había surgido al agregar varias tendencias políticas para oponerse al Estado Novo, pero había comenzado a adoptar posiciones más conservadoras. El ED incluyó, entre otros, Hermes Lima, Herculino Cascardo, Juraci Magalhães, João Mangabeira, Domingos Velasco y José Lins do Rego. Todavía en 1945, Torelli era socio de Arnon de Melo en un proyecto para relanzar The Morning, pero rompió la sociedad al no estar de acuerdo con el apoyo de Arnon a la candidatura de Eduardo Gomes en las elecciones presidenciales de ese año. Recreó The Morning en 1946 y en esta nueva fase el periódico tuvo entre sus colaboradores a Rubem Braga, José Lins do Rego, Aurelio Buarque de Holanda, Carlos Lacerda, Raúl Lima y Pompeu de Sousa. Torelli fue elegido concejal por el Distrito Federal, en la leyenda del PCB, en las elecciones de enero de 1947. Con la cancelación del registro del partido en mayo de 1947 y la posterior anulación de los parlamentarios comunistas en enero de 1948, perdió su mandato. En ese momento, colaboró ​​en el periódico Para Todos, una cultura quincenal brasileña dirigida por Jorge Amado, y también lanzó Almanac. La mañana duró hasta 1957, cuando Torelli dejó el periodismo para dedicarse a viajes durante los cuales daba conferencias. En 1963 visitó la República Popular de China como profesor. Unos años más tarde, enfermo, vivía en su departamento en Río de Janeiro, donde rara vez se iba.
Murió en esa misma ciudad el 27 de noviembre de 1971.

Cuento corto de Katherine Mansfield y fragmentos de la vida de una escritora excepcional

https://www.textos.info/textos/autor/katherine-mansfield/mas-cortos

Diarios de la agitada vida de Katherine Mansfield

11/04/2018 – 
VALÈNCIA. El Diario de Katherine Mansfield recoge parte de las poco más de tres décadas de su existencia. Esta autora nació en Wellington (Nueva Zelanda) en 1888 dentro de una familia de origen colonial compuesta por sus padres, sus hermanas y dos tías muy jóvenes. El padre de Katherine era un banquero que llegó a presidir el Banco de Nueva Zelanda. Cuando Mansfield tenía apenas cinco años marchó con su familia a un pueblo en el que nacería su hermano Leslie. Katherine recordaría siempre esta infancia repleta de felicidad. Solo cinco años después, cuando apenas contaba con diez, vuelve a la ciudad, a Wellington y publica su primer relato en una revista del colegio. Sería el comienzo de una carrera brillante.
Con apenas 13 años se enamora perdidamente de su profesor de música pero éste le da calabazas. Algo le sucedía a Katherine con su lugar de origen. Se sentía rechazada y diferente a sus vecinos, a los supuestos amigos que debería tener. Es por ello que demandó a sus padres que le dejaran marchar a Londres. Tras alguna discusión que otra, se marchó con sus hermanas, al Queen’s College de Oxford. Este lugar supuso un punto de inflexión en la vida de Katherine pues allí conoció a la que sería su amiga, su amante y su pareja: Ida Baker. Ella estaría presente en su vida, aunque Katherine vivió otros romances: se quedaría embarazada de un chico llamado Garnet Trowell pero los padres de éste no aprueban la relación. Después se enamora de otro profesor, George Bowden. Se casa con él pero en la noche de bodas lo abandona. Baker era el motivo de todo ello. La madre de Katherine decide recluirla en un balneario de Baviera y allí pierde de forma natural al bebé que esperaba. Volverá a Londres y continuará con su tumultuosa vida sexual al mismo tiempo que iba devorando los relatos de Chéjov y siendo consciente de su propia voz como escritora.
En el año 1911 comenzaría su relación con el editor John Middleton Murry con quien se casaría en 1918. Se trataba de una relación abierta que compartía con Baker. Katherine se vería afectada de gonorrea y esto le provocaría una artritis aguda hasta el día de su muerte. En medio de ambos amores, Mansfield se marchará a vivir a Francia con otro hombre. La relación no salió bien. Cuando vuelva a Londres tendrá que enfrentarse a su peor noticia: su hermano Leslie morirá en el frente de la 1ª Guerra Mundial. Justo en esos años empezará Mansfield a escribir unos diarios que nacieron con una vocación menos consciente de la que ella supuso. Fue su marido el que decidió publicarla tras su inesperada muerte. En medio de aquellos años ya se percibía una desazón notable en su vida:
1914
1º de abril. Pasé otro día espantoso. Nada me ayuda o podría ayudarme salvo una persona que pudiera adivinar. Fui a dar un paseo y tuvo cierta vaga alegría que me dieron unos niños y el ruido del agua como olas que se elevan.

1915
1º de enero. […] Para este año tengo dos deseos: escribir, ganar dinero. Consideremos. Con dinero podríamos marcharnos como queremos, tener una casa en Londres, ser libres como lo deseamos, y ser independientes y orgullosos con todos. Es sólo la pobreza la que nos mantiene unidos. […]

Podría marcarse 1916 como el año en el que Katherine ya es plenamente consciente de sus posibilidades literarias, de su vocación. Comienza entonces la lucha de escribir, de hacerse leer y de combinar la vida literaria con su pasión amorosa.
1916
22 de enero. [Villa Pauline, Bandol.] Ahora, realmente, ¿qué es lo que de verdad quiero escribir? Me lo pregunto. ¿Soy menos escritora que antes? ¿Es menos urgente la necesidad de escribir? ¿Aún me parece tan natural buscar esa forma de expresión? ¿La ha satisfecho el habla? ¿Pido algo más que relatar, recordar, asegurarme?

Hay veces en que estos pensamientos casi me asustan y casi me convencen. Me digo. Estás ahora tan realizada en tu propio ser, en estar viva, en vivir, en aspirar a un sentido mayor de la vida y un amor más profundo, que lo otro ha desaparecido de ti.

Katherine, pese a su juventud, era una mujer que sabía a ciencia cierta que su talento literario era absoluto, que era cuestión de tiempo que saliera a la luz de modo definitivo. En sus relatos se percibe el gusto por el más mínimo detalle: «Todo artista se corta una oreja y la clava en la puerta para que los demás le griten en su interior». Mansfield escribía con la misma clase de pasión con la que amaba. Con arrebatos y a ráfagas. Después de horas dedicadas a la minuciosidad literaria quedaba tan exhausta que tardaba semanas en volver a ponerse delante de una página en blanco. La obra de la neozelandesa contiene títulos brillantes con muchos tintes autobiográficos: En un balneario alemán, Preludio, Felicidad, Fiesta en el jardín, El nido de la paloma, Algo infantil. En todo ese tiempo, además, escribió su diario:
 Y, por último, deseo llevar una especie de libro de pequeñas notas, que se publique algún día. Eso es todo. Nada de novelas, nada de historias con problemas, nada que no sea simple, abierto.
Los dos últimos años de su vida fueron una auténtica lucha contra el dolor atroz que sufría por su tuberculosis.
1920
19 de diciembre.
Sufrimiento
Deseo que se acepte esto como mi confesión.
(…)
La vida es un misterio. El dolor que atemoriza se atenuará. Debo dedicarme a mi trabajo. Debo poner mi agonía en algo, cambiarla. “La pena se convertirá en alegría”. (…) Vivir… vivir… eso es todo. Y dejar la vida sobre esta tierra como la dejaron Chéjov y Tolstoi.
La mala salud de Mansfield se agravó por una enfermedad venérea. Se marchó a un balneario cerca de Fontainebleau. Allí, a principios de 1923 le visita Murry. Katherine quiso convencerle de que estaba mucho mejor y subió de una sola vez unas escaleras. Esa misma tarde sufrió una hemorragia pulmonar que le costó la vida. Tenía solo 34 años. Apenas tres años después Murry publicó toda su obra y pudimos conocer cómo era la mujer que se escondía detrás de algunas de las obras más deslumbrantes del siglo XX.
1922
Octubre. Importante. Cuando podemos empezar a no tomarnos en serio nuestros fracasos, significa que estamos dejando de tenerles miedo. Es de suma importancia aprender a reírnos de nosotros mismos.
Tomado de:https://valenciaplaza.com/diarios-de-la-agitada-vida-de-katherine-mansfield