Encuentros de Rubén García García

Sendero

Cuando se dio cuenta, un paraguas abierto la cubrió de la lluvia, que había llegado sin anuncio previo. Vio a la persona que amablemente la resguardó y no pudo menos que sonreír y decirle— no se moleste — no es molestia le contestó. Ella intentó salirse, pero él volvió a decir:

— así me enseñaron a ser. No desconfié.

Ella de nuevo sonrió y aceptó contrariada. y le dio las gracias tímidamente

— Me llamo Roberto, para servirle

— Soy Estela. Estela Romero

— ¿Espera el transporte, al parque América?

— Si.

— Está tardando mucho

— Si.

— ¿Por allá trabaja?

— Si.

— ¿Se me hace que la invito a tomar un café

— Y, ¿qué le hace pensar eso?

— Que a todo dice sí.

Ella intentó salirse del paraguas a pesar de que la lluvia arreciaba

— por favor es una broma, no se moleste, no quise ….

Ella con seriedad le respondió:

— ¡No me gustan mucho las bromas!, así qué… ahora … invíteme el café.

El sauce de Rubén García García

Sendero

Todos los días llegaba Narciso a mirarse en las aguas del río. Tal vez, no tenía con quien jugar, y platicaba con su niño interior. O, padecía de alguna inconformidad. Yo lo amé, desde que lo vi, se veía tan desprotegido, que siempre lo arropaba con mi sombra. Aquella tarde gris, enloquecido por su destino, en que el rio corría con pereza se hundió para nunca volver. Desde entonces no he parado de llorar.

Nada es para siempre de Rubén García García

Sendero

Tu mujer salió corriendo, sabía que no tardaría el tantán de las campanas y se fue tan de prisa que ni adiós dijo. Mientras piensas en el gato, este aparece corriendo tras un ratón que se esconde en la maleza.

Te encuentras en el corredor. A esa hora coincides con el viento de la tarde y disfrutas de la serenidad. La residencia susurra silencio, el cual se rompe cada vez que tu cuerpo se balancea en el sillón de mimbre. Te gusta sumergirte en el recuerdo de tus logros, pero ahora, en tu parpadeo, también han llegado los atributos oscuros de tu ser. Recuerdas aquella vez que el líder te ordenó como un capataz a su criado, y otra ocasión en que el gobernador le acarició las nalgas a tu mujer. Siempre repites que «el fin justifica los medios», aunque tu mujer te miró indignada, tú te hiciste de la vista gorda.

¡Ah, lo que no has soportado! Ahora, eres tú quien lleva la batuta. Aunque siempre te dices que «nada es para siempre», llevas años aferrándote al poder como un bebé que no quiere soltar su mamila.

Ayer, debido a una distracción del jardinero, tu enredadera preferida fue mutilada. Enfurecido, lo despediste y te negaste a pagarle los días que había trabajado, apropiándote de su machete. Con tu pulgar, acariciaste el filo hasta llegar a la punta. «Para que se le quite lo pendejo», murmuraste.

La inmensidad de tu cuerpo se balancea con regocijo en la poltrona. ¿Has notado que tus olvidos se han vuelto frecuentes? ¿Dónde dejaste el machete? Cierras los ojos, te impulsas con el pie y el mueble se balancea al extremo, rompiendo el silencio con un crak. La poltrona cae, tu cuerpo cae, y algo frío penetra con profundidad por un costado de tu cuerpo. Ahora, ya sabes dónde dejaste el machete. Es cierto, lo recargaste con la empuñadura hacia arriba, pero ¿quién lo volteó? Entre sueños, te llega la voz de la hija del campesino que vino a suplicarle a tu mujer que le volviera a dar trabajo a su papá. Las campanas dan la última llamada a misa, y el gato acude a ti con un ratón entre los dientes.



 



Clave de sol de Julie Sopetrán

poesía de Rubén García García

sendero

Un día nos encontramos,

y fuimos viento;

bamboleamos al bambú,

y pulsamos a la flauta.

Se fueron los días de flor y sinsonte

Quedó el silencio

La hierba sucia.

Y marginado de la esperanza…

Volviste.

Cómo vuelve lo auténtico,

lo que nunca se pudre.

Las deudas de Rubén García García

Sendero

El “Rumba”, pasada la medianoche regresó a su casa. En la última jugada tuvo la corazonada de que ganaría y apostó los cilindros de gas. Fiel a su palabra fue por ellos a su casa y pagó su deuda. Por la mañana sacó de su escondite unos billetes y antes de que se levantara su esposa, le dijo «vístete, iremos a la barbacoa» Cuando regresaron, la mujer se percató que no estaban los cilindros y llorando le contó a su esposo. Adormilado le contestó «la delincuencia no descansa , y se quedó profundamente dormido.

La confesión de Rubén García García

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Le pedí permiso a mi padre para ir a la iglesia a confesarme. La última vez, me llevó la tía Clemencia, porque según ella, a mi edad ya se siembran los malos pensamientos. Después de hacerlo, me impuso que rezara dos aves marías hincada sobre granos de arroz. Hace un año mi pecho parecía una tabla, esta vez me crecieron dos bultitos.

No había nadie en el confesionario…

—A tu edad, los pecados son pequeños. Al menos que ya tengas novio.

—Ni Dios lo quiera, usted conoce a mi papá y ya sabe lo delicado que es. A mi hermana mayor la chingó sólo porque la vio sonriéndole a Juan, el zapatero.

—Tu papá no dice groserías y tú sí, y es pecado.

—No las dice frente a usted, ¡pero si lo oyera! alza la voz y maldice, si lo que ve, no le gusta. La vez, que en su plato encontró un cabello, por poco brinca arriba de mi hermana.

—Lo afectó mucho la muerte de tu mamá.

—Pero… Ya tiene tres años y cada vez se hace más enojón, y si algo huele mal, le da por arquearse. Nos tiene lavando los trastos, aunque estén lavados. Le tengo miedo, me asusta cuando se enoja, pero también me da coraje y me da por ser rezongona; luego se me pasa y sigo haciendo mis tareas. Aquí le dejo un bocadito para que cene. Mi papá quería más, pero le dije que ya no había y se lo traje a usted.

—Ya, vete y reza tres padres nuestros que son buenos para prevenir el pecado. Gracias por el bocado.

¡Ay San Ignacio! ¡Mejor te lo cuento a ti! Ya ves que sólo matan res cada ocho días, y esa mañana, mi papá trajo unos bistecs. «Es filete y costó caro»

—Voy a salir, al rato regreso a almorzar. Dijo.—Ponles sal, ajo y pimienta y déjalos un rato en naranja agria.

Regresaba de cortar las naranjas, y ya no vi la carne. Miré para todos lados. Escuché, abajo del brasero, que un gato negro resollaba atragantado. ¡Se jambaba la carne! Tenía a la mano la escoba y pude darle más de un garrotazo. Soltó la mitad. Aún apendejado, intentó correr. Logré darle otro golpe y el filete cayó donde se habían cagado las gallinas en la noche. Pudo escapar, el desgraciado. La carne estaba llena de pelos, babeada y la otra con mierda. Me dio asco, pero más era el miedo al pensar en mi papá, que no tardaría en llegar. No sabía qué hacer, mi hermana mayor se había ido a visitar a sus padrinos, doña Herminia, la vecina, por más que le grité no contestaba. Me puse a jalarme las trenzas, hasta que me arranqué un manojo de cabellos. Lavé la carne, quité la tierra, cenizas, hollín, pelos, baba, mucha baba. Le exprimí naranjas agrias, la salé y dejé que reposara y con un garrote en la mano daba vueltas sin perderla de vista, por si regresaba el gato. Cuando llegó mi papá, le di dos pedazotes, salsa verde, frijoles de la olla y tortilla recién hecha. ¡Dio una comida! Antes de tenderse en la hamaca, logró divisar al gato negro y me dijo:

—Guarda bien la carne, allí anda el gato de Hilearón.

Hay una parte de la casa donde dos paredes casi se juntan, y queda un pasillo estrecho. Allí, solo puede entrar un gato. Le puse un cebo y esperé. Sólo tenía una oportunidad y no la desperdicié. Sacó la cabeza y ¡zas!

—¿Qué es?  —Nada papá, es el gato de Hilearón.

Volvió a dormirse. Media hora después, lo tenía despellejado y la tripería se la di a los gansos. Mi padre, después de la siesta se dio un baño y salió al centro del pueblo y regresó anocheciendo.

El gato estaba bien gordo. La osamenta y la piel la eché en el hoyo de la letrina. La carne la herví y la deshebré. Molí yerbas de olor, ajo y cebolla, resultó una papilla, que al juntarla con pan molido, pude fritar en aceite. Tortillas de carne.

Hice jugo de guanábana, le puse un poco de caña, conseguí hielo, y después de cenar mi padre sólo se golpeaba la panza de la comilona que dio.

—Me guardas tortitas para mañana que almuerce, y haces más jugo.

—Si papá. ¿Te gustaron las tortitas? No me contestó, ya lo había vencido el sueño.

—No me regañes, San Ignacio, pero también, le convidé un pedacito al padre, ya ves, ¡qué es tan bueno!

Iglesia de Chumatlán Veracruz

Día de Reyes, día de mi onomástico

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Siento que tengo mucho de jardinero, si veo que las plantas están espigadas, con retoños y bailando con el viento, me complace. Por la mañana, mi esposa, mis hijos y nietos trajeron una rosca de reyes y convivimos; jarro de chocolate en ristre. Mis hermanos se hicieron presentes, y mis compañeros de todo el mundo me han felicitado. Sonrío y extiendo mi palabra para acercarme y darle las gracias a la vida por llegar a la edad de 78 años, que, desde este montón, todo se resume en amarse a sí mismo, para amar a los demás. No volveré a la montaña, he llegado a la planicie y un día toparé con tierras movedizas. En el recuento, he ganado; me sigue una pandorga y en la bolsa, tintinean las canicas.

En el año nuevo de Rubén García García

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Fue la noche del 31. Cenábamos en el balcón en silencio. A lo lejos escuché una bandada de truenos, que eran tartamudeos de una Ak47. La bala en su caída lo encontró y en la primera hora del nuevo año me convertí en viuda. Quedó con sus manos caídas y la cabeza ladeada como manecilla de reloj que se ha quedado sin cuerda. Brindé a su lado por el nuevo año que inicia; y seguí degustando el postre de zarzamora. Mañana será un día agitado, me dije, y antes de hablar al teléfono para reportar, me recosté en el sofá.

Lejanía de Rubén García García

Sendero

Distante la pedrera.

Traerla y construir un nuevo puente…

tardaría.

Necesito un año luz

para levantar los muros

y darle al puente una silueta de pájaro.

Tardaría;

pero volvería por ti.

Días difíciles de Rubén García García

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Regresaba poco después de las diez de la noche. «¿Recuerdas que te gustaba caminar por la zona rosa con el deseo de un encuentro inesperado? Escuchabas el taconeo de tus zapatos y te detenías antes de llegar al departamento, donde la tía y las primas dormían. Con tiento metías la llave en la cerradura. No prendías la luz e ibas como gato ciego hasta llegar a tu recámara». ¡Claro qué tenía que hacerlo! Uno de arrimado es siempre arrimado.

Estoy quitándome la ropa, acomodándola para que no se arrugue. «¡Chamacas, no ensucien tanta ropa! ¡La señora que plancha no vendrá en un mes!», desde mi cuarto escuchaba a la tía. La luz de la noche aluzaba la sábana blanca de lino que el tío había pasado de contrabando. Me tendía en la cama, recto, como muerto estirado, evitando que se arrugara el lino. Pienso en Alicia, en aquella compañera de la secundaria de pechos generosos. «¿Aquella que te mandó a la chingada?» La misma. La imagino a mi lado y mi amigo se inquieta. «¿Cómo madres ibas a saber que aquel ángel, a quien le rendías honores con tu instrumento, un día llegaría a tu lado en condiciones precarias? ¡La vida es cabrona!’»

Terminada la faena, voy al baño y orino con un chorro grueso, caliente y bajo la palanca con fuerza, escuchando el hipo violento del wc. Sonrío, pues ese ruido nadie lo puede evitar. Con el agua se van mis tensiones y regreso enfundado en el pijama, dispuesto a dormir con una sonrisa.

Reflexiones sobre el libro Aware de Vicente Haya por anónimo

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No sé qué es haiku, sí cuando no. Esto parece decirnos resumidamente en su libro “Aware” Vicente Haya. La contratapa destaca que hay 88 puntos para entender el Haiku, al menos para dejarnos en el paladar el gusto elusivo de él. 88! Infinito más infinito. Son demasiados. A la vez como un abuelito que malcría a su nieto Don Vicente afirma que estas casi leyes son anuladas con una: la mirada inocente de niño que puede salteárselas sin problemas. Y nos da el ejemplo del haiku infantil de la hormiguita que sube y luego baja por la hierba. O de cuándo un haiku es bueno, pidiéndole a un niño que nos lo dibuje o represente. Si no logra hacerlo el haiku es falso o imperfecto.
Cosas tan infinitesimales como la deyección o caquita de pájaro puede ser parte del aware.( emoción profunda) (Confieso que estuve tentado a quejarme…Haya, podría ser el canto del pájaro o su vuelo que nos trasmite la sensación de elevación poética…pero no… por una caquita!!!) Todos saben en Japón- me desasna él- que la vida tiene wabi-sabi, esa sensación íntima de unión con el mundo a través de la belleza profunda y que es sentida por uno. Basta que genere aware; aun la caquita del pájaro solo con pasar del no ser al ser, o mejor del ser no visible hasta ser visibilizado por el observador sensible que no menosprecia su condición. Y poniéndose serio filosofa sobre el feísmo “los que no son espectadores de la existencia, sino son la existencia no admiten la distinción ontológica entre los seres Buda, caca, luna como tampoco aceptan las diferencias de valor entre las acciones humanas ya sea orinar, acariciar etc. …”

Con respecto a la trama del idioma japonés me explica que a veces sin verbo, adverbio, y adjetivos se puede atrapar en una red de 17 sílabas( su fórmula canónica) la existencia de las cosas, el suceder de los eventos por el que afirma se entra a lo sagrado. Esta proeza idiomática – no cesa de aclarar una y otra vez- es inaccesible para la mentalidad occidental y menos sin tener conocimiento del idioma y cultura. Uno tiene la sensación de ser un exiliado y que la comida nipona de muchos platos nos llega fría y desabrida al español. Haya tiene la ventaja del conocimiento de la cultura nipona como del idioma y claro, piensa como traductor que es, que sigue por intrincados caminos. Por un lado nos guía por el sentido visual y por otro nos deja solos frente al mar como un ciego oyéndolo, sintiendo la brisa táctil o el sabor de la sal entrando por los poros. También, que hay juegos de palabras que son intraducibles como las homófonas que requieren de pausa, de un corte para saber cuál corresponde. Con respecto al Haiku en sí me entero que en él no hay metáfora; cero Yo (salvo que esté diluido en el asombro); casi nada de subjetividad. Me enseña que el poeta consumado (lo llama Haijin)no satisfecho con ser testigo del transcurrir de un acto en las estaciones de la naturaleza logra revelar la sensación de lo que aún no ocurre en ella, o está a punto de hacerlo. No hay en el haiku significados ocultos, la noche es noche y nada más. A la vez me dice-no sin cierta influencia mística- que es un camino de transformación para quien lo cultiva. Nada de religión Unipersonal ni de Dios creador. Nada de budismo Zen, esa filosofía que a través del Koan, intenta pulverizar el pensamiento lógico y discursivo y llevarnos a otro sentido de la realidad. No señor: fuera Satori del Haiku; fuera plenitud del vacío y percepción de los mil mundos. La realidad pelada. Haya Aunque a veces use palabras contaminadas como espíritu o alma me aclara que el haiku no es una experiencia de santidad como se entiende en otras doctrinas, sino que es mejor ser ignorante y no iluminado.
Con respecto a los popes del Haiku, de Buson opina que es el menos apreciado en occidente en concordancia con el crítico Blyth, pero vá más lejos: Se anima a responder que el haiku” es lo que escribía Buson. De Basho alterna con la calificación y la descalificación; de Issa que es un genio pero que escribía malos haikus y por ello es el más popular en “Occidente” debido a que humanizaba a la naturaleza en quien proyectaba su dolor cosa que no es bien vista en la cultura de la vergüenza de Japón. Cuando habla de poetas laureados en el idioma español que intentaron tímidamente el género usa los términos científicos “lobotomizado” para Benedetti u obsesivo para Borges. A Octavio Paz no le vá mejor al acusarlo de ignorante por tratar de unir haiku con zenismo. Razón tiene, al aclarar que no es un producto literario ni una fórmula de 17 sílabas, ni se puede usar el término Haiku ligeramente para hacer marketing y surfear subidos a la ola del éxito que su nombre atrae.
Pero no todo es fracaso, impotencia para aquellos que en algún momento nos acercamos al haiku. Los consejos de Haya que suelen ser profundos a veces trascurren claros, como un arroyo que nos deja ver el fondo accesible. Entonces permite aproximarme más confiado a este arte de la sugerencia a través de la economía verbal sumado a la escasez de detalles de la realidad que uno debe ir descubriendo para completarlos en la imaginación. Y así, desestimando toda sacrílega esperanza me animo… “algún día…. escribiré aunque sea un haiku” con la feliz sensación de que es armonioso, amable, accesible y que no hay que tener los ojos rasgados para degustarlo. Y ya sin complejo de inferioridad exclamar ¡ No solo son felices los niños que pueden entrar a la dimensión de un Haijin consumado como Buson!. También como quien se arroja de un alto trampolín, si somos aprendices de la percepción de la naturaleza y con paciencia logramos plasmar un aware tras muchos cestos de papeles llenos o basura flotante en la compu podremos llegar por un tortuoso camino a realizar un haiku o un casi-Haiku.

Colofón: Tras leer y releer los 88 y salir airoso del tribunal de la inquisición de Haya cuya ironía, implacabilidad, burla a los mediocres, ignorantes y hasta indiferencia, descubro que tras esta aparente dificultad hay en su ensayo pasajes que pueden darme una o muchas claves si estoy dispuesto a abrir los receptores al silencio. “el haiku surge del silencio y aunque es palabra no lo destruye.”

Poesía de Rubén García García

Sendero

Las miro entre la hierba.
Blancas, sin matices, ni perfumes.
Con su orden planetario.
Son de una sencillez complicada
que después que el aroma
del rosal ha cesado;
ellas continúan altivas e impolutas.

La tarde pesa de Rubén García García

sendero

La tarde pesa.

Por la ventana

las gotas ruedan.

El vaho exhalado

se anuba.

Dibujo con la uña

la curva de tu paso,

la doblez de tu cabello.

Musito la canción del viajero

que a su regreso

solo el silencio lo esperaba.

Musito tu nombre

mientras el viento silba;

y hace caer las flores del limonero.