Sensibilidad reptiliana de Rubén García García

Para Mi amiga Navi

Tenía un embarazo de ocho meses. luego de desayunar, atendí quehaceres, Llegó mi padre, poco después mi esposo. Me daba un beso en la mejilla, cuando escuché la voz de mi papá.
—¡Ey amigo! Así que ahora anda de clandestino.
— ¡Ah ! ¿lo dice por las gafas oscuras suegro?, es que me arden los ojos.
— Venga y acompáñeme con un café. Era un tono indiferente más cercano al desprecio.
Afuera el sol se ponía bravo con mis rosales.
Después de una breve charla mi padre salió a su parcela. Por la noche, durante la cena mi esposo se mostraba inquieto, como las veces que deseas decir algo, pero no te atreves. Una noche, no pudo más y me confesó en la oscuridad: “me encontré con una vieja amiga en un pasillo solitario, tenía tiempo de no verla y tu padre me vio cuando la besaba. Seguramente el suegro te lo habrá dicho.”. Te equivocas con mi padre, cierto, es una persona sin estudio, pero jamás me viene con chismes” Me di la vuelta, apagando con una mordida en mis labios, el sollozo.

Historia de la canción «solamente una vez»

Tomado de la cata musical

En el cuarto no hay moscas de Rubén García García

sendero

La moza regordeta y soñadora tiene un temblor entre sus manos.

—¡Eres el sapo más hermoso que he visto!

—Croac, croac.

—¡Cómo brillas! ¡Qué ojos tan vivos! Hueles a vainilla y manzana. ¿Serás acaso un príncipe?

—Croac, croac.

Ansiosa lo olisqueaba y al abrir la boca se lo tragó.

Lleva años entredormida y cuando nadie la ve, saca su lengua larga pegajosa.

Haiku de Rubén García Garcia

Sendero

Vuelo de gaviotas.
Entre el adobe
se oye el piar.

haiku de Rubén García García

Sendero

Trompean los chachos.

Entre el bambú

un racimo de violetas.

Poesía de Rubén García García

Sendero

Me hablas al oído.

Tu voz me guía al enredo,

tus susurros son aves entre la neblina.

Cuando hablas así,

escucho el reverbero de tu boca que me pide.

No me cuchichees al oído

porque respondo a tu silbido,

y después no sé qué me da

por despintar la mora de tus labios.

Empatía de Rubén García García

Sendero

El botón de la espiga se mece con la brisa. Para la oruga es una montaña. Emprende el recorrido desde la raíz y alcanza la cúspide.

Un Tordo lo observa.

El gusano, en la cima, recorre con la mirada la vastedad del paisaje, mientras disfruta el inefable sabor del pétalo.

El tordo, paciente, espera a que termine.

Ya lo lleva en el pico y piensa «Tanto esfuerzo que hizo, para llegar a la cúspide, que él merecía el placer de degustar tan exquisito bocado»

Haiku de Rubén García García

Sendero

Se fue la ventisca.

En la oscuridad,

el manto de azahares.

Sin fronteras de Rubén García García

sendero

Con el zoom veo en los ojos del niño, el plumaje de un pájaro. El ave nerviosa brincotea en el alfeizar de la ventana. ¡Cuánto asombro tiene la cara del niño! En el cristal, los veo de cuerpo entero, se miran tranquilos y platican como dos viejos amigos.

haiku de Rubén García García

sendero

Quebrado el maizal

por la lluvia de granizo.

Los perros aúllan.

Venganza de Rubén García García

sendero

Todas las madrugadas la gata llegaba a la recámara de él, se lamía el cuerpo con insistencia y antes que despertara, desaparecía. Una noche tuvo un acceso tan intenso de tos, que se le detuvieron los pulsos. Los paramédicos lo encontraron con los ojos fuera de las orbitas. La gata a su lado maullaba.

«Seguro que era su mascota preferida», dijo uno de los camilleros cuando lo sacaron de la recámara.

Poesía de Rubén García García

Sendero

En el pantano,

cantaron al bochorno las chicharras.

“si oyes su canto, -salte dijo mi madre;

alborotan a las ranas,

y ellas, a las víboras.

A las espadas del zacate,

les hice una cama de sol,

y cuando estuvieron a punto de polvo

me hice una almohada.

Me arrulla el canto de las ranas;

y por la mañana me rompen las chicharras.



Decisiones de Rubén García García

Sendero

yer se fue el gallo, el único que le quedaba. Lo vendió su marido. El niño lloraba. Oía los ronquidos de él. Era mejor dormido que despierto. Anoche le dijo, «mañana vas con los Martínez, y pregunta si no tienen ropa para lavar». El niño tenía un año y pedía. Había escondido un billete; con el podían vivir una semana a lo más. El esposo seguía roncando. La vieja maleta estaba debajo de la cama, así que solo tomó a la cría y salió sigilosamente. Irse con su madre, ¡para qué!, si ella la corrió cuando supo del embarazo. Tenía la dirección de un exnovio que le rogó para que se casara con ella. «Te dejo mi dirección de la ciudad, por si algo se te ofrece». ¿acaso era el orgullo más poderoso, que el amor que sentía por su hijo?

Juguete de Rubén García García

Sendero

Todas las noches en el sueño termino una historia, ya para pasarla en limpio, llega Morfeo y me ordena que la deje sobre la mesa, que él la revisará. Todas las mañanas trato de recordar lo que soñé y por más vueltas que le doy, solo recuerdo la sonrisa burlona del dios.

Poesía japonesa de Rubén García García

Sendero

En el crepúsculo,

los tordos gritan entre las ramas.

Helada garúa.