Cráteres de María jesús Beristain

Antes de que se cumpla la primavera de los besos
quiero que sepas que existe un camino a la deriva entre las flores
y un manantial de luz que se mueve entre los gestos y gotea con el exacto sonido,
definitivo, de una lágrima que se estrella contra el suelo.

Qué haremos con las sombras de lo que fuimos cuando llegue el desaliento,
qué haremos con el alborozo de los espejos
cuando tu piel y mi piel se rasgaban al filo de la lujuria lacerante de los andenes.
Qué haremos con la pasión desgastada tendida al sol como un viejo vestido de novia.

Qué haremos con el silencio sembrando cráteres de cenizas y oscuridad
donde antes florecía el fuego. Qué haremos con los abrazos tatuados, con las huellas
que dibujábamos en los caminos y que alguien —que no seremos nosotr

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Avatar de Maria Jesus BeristainMJB Maria Jesus Beristain

Antes de que se cumpla la primavera de los besos
quiero que sepas que existe un camino a la deriva entre las flores
y un manantial de luz que se mueve entre los gestos y gotea con el exacto sonido,
definitivo, de una lágrima que se estrella contra el suelo.

Qué haremos con las sombras de lo que fuimos cuando llegue el desaliento,
qué haremos con el alborozo de los espejos
cuando tu piel y mi piel se rasgaban al filo de la lujuria lacerante de los andenes.
Qué haremos con la pasión desgastada tendida al sol como un viejo vestido de novia.

Qué haremos con el silencio sembrando cráteres de cenizas y oscuridad
donde antes florecía el fuego. Qué haremos con los abrazos tatuados, con las huellas
que dibujábamos en los caminos y que alguien —que no seremos nosotros—
pisará si se abrirán fauces insomnes de un dolor azul…

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Resistencia

Resistencia a toda prueba la de mi esposa, hace cincuenta y un año nos casamos, y es increíble, que me haya aguantado tanto. 

Felicidades a ella…

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Quiero ser feliz, PERO NO SÉ CÓMO

Para meditar…

Avatar de AlonaDeLarkNeurociencias divertidas

Yo quiero ser feliz, pero no sé qué lo que quiero. He probado muchas cosas y tarde o temprano todo aburre. Me dicen que la felicidad está en el éxito profesional, o en la vida armoniosa en familia, o en ganar competencias, o en el hedonismo refinado del siglo 21, cuando el dinero te puede llevar a la Luna si quieres, pero tú irás a un refugio de los drogadictos para darles abrazos y expresar tu amor por sus almas perdidas antes que éstas estén en el infierno.

Yo quiero ser feliz, pero no sé qué lo que quiero. He asistido todo tipo de seminarios motivacionales, hasta quise estudiar para ser coach, pero fue cuando entendí que la base de esta alterada motivación es mentira y mentiras, grandes, pequeñas, casi invisibles. Y también entendí que más mentiras generan más desdicha. Por un lado nos dicen que si uno quiere…

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Cuando la edad nos alcanza

Antes morías en  casa rodeado de tus familiares. Ahora mueres entre sonidos de ambulancia, luces intensas y batas blancas. Antes los viejos tenían la alegría de mirar el paisaje y sus recuerdos, meciéndose en la poltrona. Ahora los achaques lo comentas con otros ancianos en el asilo. Hoy, todos los hijos con su pareja están insertos en el trabajo diario.

Hemos cambiado. Los bebes de ahora desde los tres meses están guardados, porque los adultos laboran. Que no extrañe que estos bebes, el día de mañana estén firmando el convenio para que los padres sean enviados al asilo.

Ese es nuestro presente y futuro.

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Escape RGG

Estoy vivo,

consciente.

Recién desperté

conectado a la cama clínica.

Hay silencio.

Mi silencio duele,

abro puertas

y me voy volando

al espacio vivo de cualquier luna.

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El Guardaagujas de J.J. Arreola análisis literario

En “El guardagujas”, el papel de la filosofía es más importante y el realismo mágico es más mágico que en “La lluvia”. Arreola presenta, en este cuento relativamente largo para él, su interpretación del mundo de mediados del siglo xx. Los sucesos mágicos que narra el viejo guardagujas constituyen la respuesta de Arreola al materialismo y al existencialismo. Admite con tristeza que no vivimos en el mejor mundo posible y se ríe de aquellas personas que se dejan absorber tanto por ese mundo que nunca pueden librarse de su succión irresistible. Al mismo tiempo, su actitud es más mexicana en que no se desespera, sino que aboga por el viaje a bordo del tren de la vida sin preocuparse de la ruta que lleva. El solo hecho de abordar el tren es una verdadera hazaña y debe apreciarse como tal. ¿Por qué desesperarse cuando el hombre es capaz de adaptarse a cualquier peripecia? Para cruzar el abismo, los pasajeros tienen que desarmar el tren, llevar las piezas al través del abismo y armar el tren de nuevo. Lo importante es que el tren siga. Los rumbos fijos son ridículos porque algunos pasajeros son capaces de llegar sin saberlo. Al fin del cuento, el tren verdadero llega a la estación y el viejo guardagujas desaparece, igual que Cacique en “La lluvia”, poniendo en duda su propia existencia. Como el realismo mágico siempre tiene una base realista, Arreola funde su simbolismo exagerado con una sátira de los defectos del sistema ferroviario de México. Se burla de los trenes que no respetan los horarios; de los planes para túneles y puentes que ni han sido aprobados por los ingenieros; del mejor trato que reciben los pasajeros de primera clase; de la falta de cortesía de la gente en el momento de abordar el tren; de la venalidad de los policías; y de la costumbre consagrada de subir y bajar del tren sin esperar a que éste se pare.
Arreola combina en “El guardagujas” la realidad mexicana con la magia, dos elementos que se hallan totalmente separados en la mayoría de los cuentos de su colección Confabularlo. Hay que leer todo el volumen para apreciar el propósito estético del autor. Como hombre representativo de su época, es un ecléctico que pretende escribir la historia del cuento moderno utilizando lo mejor de todos los que le antecedieron. El título de su primera colección, Varia invención (1949), indica su intención de componer un panorama del cuento. La unión de Varía invención (1949) y Confabulario (1952) en un solo volumen (1955) y su ampliación bajo el título de Confabulario total (1962) atestigua la interdependencia de todos los cuentos. La unidad artística ya no es exclusivamente el cuento individual sino también el conjunto.
Actualmente, la actitud cosmopolita de Arreola ha provocado muchas polémicas entre los mexicanos. Muchas veces le ponen frente a Juan Rulfo, cuya temática cae más dentro de la tradición de la literatura revolucionaria. No es la primera vez que se ha planteado en México la cuestión de los valores relativos de la literatura cosmopolita y la criollista. En efecto, esta dicotomía caracteriza la prosa mexicana del siglo actual. Aunque la Revolución ha sido el tema constante de la mayoría de los escritores, siempre ha habido un pequeño grupo de herejes cosmopolitas. Entre los ateneístas, colonialistas y contemporáneos, han figurado autores de la estirpe de Alfonso Reyes, Artemio de Valle-Arizpe y Jaime Torres Bodet, cuyos cuentos revelan un escape total de los grandes problemas sociales de este siglo. Arreola ha sido identificado con este grupo, un poco injustamente. Si es cierto que les pertenece por un intelectualismo y por su cultura enciclopédica, no es menos cierto que en “El guardagujas” y otros cuentos revela que está constantemente preocupado por el verdadero sentido del mundo en que vive.

[1918-2001]
Mexicano. Nació en Ciudad Guzmán (Zapotlán), Jalisco. Autodidacto, no terminó la escuela primaria. De niño y de joven trabajó en todo, desde mozo de cuerda en el mercado de Guadalajara hasta profesor de historia y literatura en Ciudad Guzmán. Aficionado al teatro, estudió en México con Usigli y Villaurrutia y también en París. Con Antonio Alatorre fundó en Guadalajara la revista Pan (1945), donde aparecieron sus primeros cuentos. Corrector de pruebas en el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México le dio una beca que le permitió terminar y publicar su primer libro de cuentos, Varia invención (1949). La primera edición de Confabulario salió en 1952. Las dos obras juntas volvieron a publicarse en forma ampliada en 1955 y 1962. Esta última edición, llamada Confabulario total (Fondo de Cultura Económica), también incluye una comedia en un acto, La hora de todos. Arreola dirigió durante algún tiempo “Los Presentes”, una colección que publica libros de jóvenes literatos mexicanos. En 1963 publicó su única novela, La feria. Desde entonces se ha dedicado a la pintura y se ha convertido en una personalidad de la televisión. Ajedrecista excelente y entusiasta practicante de ping-pong. “El guardagujas” se publicó en el Confabulario de 1952.
Fuente Seymour Menton El cuento hispanoaméricano
Para ir al cuento
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Chipichipi

Caminé sin rumbo. ¿Llueve? la tarde se hará sepia. Tengo cientos de gotas en mi pelo y percibo hilos que corren por mi frente, Hilos que se hacen dehiscencias por donde se escapa tu imagen. Tenías abundante cabello suelto, que se movía al vaivén del viento esparciendo su color y aroma de ébano. En el atardecer te diría mis emociones, no llegaste a la cita. Han pasado muchos años y de vez en cuando la garúa vespertina me obliga a convivir con los fantasmas. No puedo reprimir una exhalación y preguntarme ¿cómo estarás?

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Choka al tulipán

Sí, es tulipán;
los botones cerrados
los mueve el viento.
Las abejas y yo,
hacemos ronda…
ellas para libar
y yo, para admirarlo.

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El camaleón de Chejov, análisis del cuento por Héctor Zabala

El inspector de policía Ochumélov, con su capote nuevo y en la mano un hatillo, cruza la plaza del mercado. Tras él camina un agente municipal pelirrojo con una canasta llena de grosellas decomisadas. En torno reina el silencio… En la plaza no hay un alma… Las puertas abiertas de tabernas y negocios miran el mundo con melancolía, como fauces hambrientas; en las cercanías no hay ni siquiera mendigos.
–¿A quién muerdes, maldito? –oye de pronto Ochumélov– ¡Muchachos, que no salga! ¡Ahora no está permitido morder! ¡Sujétalo! ¡Ah… ah!
Se oye el chillido de un perro. Ochumélov vuelve la vista y ve que del almacén de leña de Pichugin, saltando sobre tres patas y mirando a un lado y a otro, sale corriendo un chucho. Lo persigue un hombre con camisa de percal, almidonada, y el chaleco desabrochado. Corre tras el perro con todo el cuerpo inclinado hacia delante, cae y atrapa al animal por las patas traseras. Se oye un nuevo chillido y otro grito: “¡No lo dejes escapar!” Caras soñolientas aparecen en las puertas de los negocios y pronto, junto al almacén de leña, como si hubiera brotado del suelo, se apiña la gente.
–¡Se ha producido un desorden, señoría!… –dice el municipal.
Ochumélov da media vuelta a la izquierda y se dirige hacia el grupo. En la misma puerta del negocio de leña ve a nuestro hombre, con el chaleco desabrochado, quien ya de pie levanta la mano derecha y muestra un dedo sangriento. En su cara de alcohólico parece leerse: “¡Te voy a despellejar,granuja!”; el mismo dedo es como una bandera de victoria.
Ochumélov reconoce en él al orfebre Jriukin. En el centro del grupo, extendidas las patas delanteras y temblando, está sentado en el suelo el culpable del escándalo, un blanco cachorro de galgo de afilado hocico y una mancha amarilla en el lomo. Sus ojos lacrimosos tienen una expresión de angustia y pavor.
–¿Qué ha ocurrido? –pregunta Ochumélov, abriéndose paso entre la gente–. ¿Qué es esto? ¿Qué haces tú ahí con el dedo?… ¿Quién ha gritado?
–Yo no me he metido con nadie, señoría… –empieza Jriukin, y carraspea, tapándose la boca con la mano–. Venía a hablar con Mitri Mítrich, y este maldito perro, sin más ni más, me ha mordido el dedo… Perdóneme, pero yo soy un hombre que se gana la vida con su trabajo… Es una labor muy delicada. Que me paguen, porque puede que esté una semana sin poder mover el dedo… En ninguna ley está escrito, señoría, que haya que sufrir por culpa de los animales… Si todos empiezan a morder, sería mejor morirse…
–Hum… Está bien… –dice Ochumélov, carraspeando y arqueando las cejas–. Está bien… ¿De quién es el perro? Esto no quedará así. ¡Les voy a enseñar a dejar los perros sueltos! Ya es hora de tratar con esos señores que no quieren cumplir las ordenanzas. Cuando le hagan pagar una multa, sabrá ese miserable lo que significa dejar en la calle perros y demás animales. ¡Se va a acordar de mí!… Eldirin –prosigue el inspector, volviéndose hacia el ayudante–, infórmate de quién es el perro y levanta el oportuno atestado. Y al perro hay que matarlo. ¡Sin perder un instante! Seguramente está rabioso… ¿Quién es el dueño?
–Creo que es del general Zhigálov –dice alguien.
–¿Del general Zhigálov? Hum… Eldirin, ayúdame a quitarme el capote… ¡Hace un calor terrible! Seguramente anuncia lluvia… Aunque hay una cosa que no comprendo: ¿cómo ha podido morderte? –sigue Ochumélov, dirigiéndose aJriukin–. ¿Es que acaso te llega hasta el dedo? El perro es pequeño, y tú, ¡tan grandote! Has debido de clavarte un clavo y luego se te ocurrió la idea de decir esta mentira. Porque tú… ¡ya nos conocemos! ¡Los conozco a todos, diablos!
–Lo que ha hecho, señoría, ha sido acercarle el cigarro al morro para divertirse, y el perro, que no es tonto, le dio un mordisco… Siempre está haciendo cosas por el estilo, señoría.
–¡Mientes, tuerto! ¿Para qué mientes, si no viste nada? Su señoría es una persona inteligente y comprende quién miente y quién dice la verdad… Y si miento, eso lo dirá el juez de paz. Él tiene la ley… Ahora todos somos iguales… Un hermano mío es gendarme… por si quieres saberlo.
–¡Basta de comentarios!
–No, no es del general –observa pensativo el municipal–. El general no tiene perros como éste. Son más bien perros de exposición…
–¿Estás seguro?
–Sí, señoría.
–Yo mismo lo sé. Los perros del general son caros, de raza, mientras que éste ¡el diablo sabe lo que es! No tiene ni pelo ni planta… es un asco. ¿Cómo va a tener el general un perro así? ¿Dónde tienen la cabeza? Si este perro apareciera en Petersburgo o en Moscú, ¿saben lo que pasaría? No se andarían con chiquitas, sino que, al momento, ¡zas! Tú, Jriukin, has salido perjudicado; no dejes el asunto… ¡Ya es hora de darles una lección!
–Aunque… podría ser del general –piensa el ayudante en voz alta–. No lo lleva escrito en el morro pero… El otro día alcancé a ver en su patio un perro como éste.
–¡Es del general, seguro! –dice una voz.
–Hum… Ayúdame a ponerme el capote, Eldirin… Parece que ha refrescado… Siento escalofríos… Llévaselo al general y pregunta allí. Di que lo he encontrado y que se lo mando… Y que no lo dejen salir a la calle… Puede ser un perro de precio, y si cualquier cerdo le acerca el cigarro al morro, no tardarán en echarlo a perder. El perro es un animal delicado… Y tú, imbécil, baja la mano. ¡Ya está bien eso de mostrarnos tu estúpido dedo! ¡Tú mismo tienes la culpa!…
–Por ahí va el cocinero del general, le preguntaremos… ¡Eh, Prójor! ¡Acércate, amigo! Mira este perro… ¿es de tu amo?
–¡Qué ocurrencia! ¡Jamás ha habido perros como éste en nuestra casa!
–¡Basta de preguntas! –dice Ochumélov–. Es un perro vagabundo. No hay razón para perder el tiempo en chácharas… Si yo he dicho que es un perro vagabundo, es un perro vagabundo… Hay que matarlo y se acabó.
–No es nuestro –sigue Prójor–. Es del hermano del general, que vino hace unos días. A mi amo no le gustan los galgos. En cambio, al hermano de mi…
–¿Es que ha venido el hermano? ¿Vladímir Ivánich? –pregunta Ochumélov, y todo su rostro se ilumina con una sonrisa de ternura–. ¡Vaya, por Dios! No me había enterado. ¿Ha venido de visita?
–Sí…
–Vaya… Echaba de menos a su hermano… Y yo sin saberlo. ¿Así que el perro es suyo? Lo celebro mucho… Llévatelo… El perro no está nada mal… Es muy vivo… ¡Le ha mordido el dedo a éste! Ja ja ja… Ea, ¿por qué tiemblas? Rrrr… Rrrr… Se ha enojado, el muy pícaro… Vaya con el perrito…
Prójor llama al animal y ambos se alejan del almacén de leña… La gente se ríe de Jriukin.
–¡Ya nos veremos las caras! –le amenaza Ochumélov, y, envolviéndose en el capote, sigue su camino por la plaza del mercado.

ANÁLISIS DE “EL CAMALEÓN” DE CHÉJOV
por Héctor Zabala ©

LUGAR Y HORA DE LOS HECHOS
Varios indicios sugieren que la acción se desarrolla en una aldea rusa y quizá a primera hora de la tarde: la calma excesiva que encuentra el inspector al hacer su recorrida por la plaza, su especulación sobre qué harían en grandes ciudades como Petersburgo o Moscú con un cachorro así, su afirmación de que conoce a toda la gente del lugar, la sensación de que todos los vecinos se conocen entre sí, los diálogos de tono bien pueblerino, etc.

LA PERSONALIDAD VENAL DE OCHUMÉLOV
El personaje principal, el inspector Ochumélov, es autoritario, prepotente y cínico con la gente común, a quien obviamente considera inferior, en tanto que es obsecuente con los poderosos. En síntesis: un hipócrita, arbitrario y acomodaticio.
De ahí que las opiniones y el sentido de justicia de Ochumélov varíen según propia conveniencia. Así, cuando supone que el cachorro es de personas sin importancia, afirma escandalizado que la víctima de la mordedura, el orfebre Jriukin, debería reclamar por daños a la par que él, como brazo de la justicia, castigar con todo rigor al dueño desaprensivo que dejó suelto el perrito, mientras que cuando entiende que el dueño es alguien poderoso, le ordena al mismo Jriukin no exagerar (¡si no te pasó nada!) y que, en todo caso, es el propio orfebre quien tendría la culpa de lo sucedido. Y en este vaivén, que se da varias veces –de ahí el título, pues el camaleón varía su color según la oportunidad– jamás tiene en cuenta los hechos reales ni trata de descubrirlos.
A tal punto llega su hipocresía y arbitrariedad que hasta la calidad del cachorro varía según la calidad del supuesto dueño, pasando de ser un perro atorrante a un perro fino y viceversa, según vengan las conjeturas en cuanto a la identidad del propietario. Cuando al fin descubre que el cachorro es de un hermano delgeneral Zhigálov, entonces da por cerrado el asunto, ni siquiera le recomienda al sirviente del general que controlen en casa al cachorro y, por supuesto, abandona el criterio de castigar a quienes inconscientemente dejan sus perros sueltos. Y, para completar su arbitrariedad, termina amenazando al pobre daminificado.

UNA SOCIEDAD SOMETIDA
El transfondo del cuento nos habla de una sociedad sometida y, como siempre ocurre en tales casos, en el altercado aparecen:
• resignación y sometimiento. Como en todos los presentes de la escena, que ni siquiera intentan defender a Jriukin a pesar de que fue mordido. Incluso el propio damnificado habla con exagerada timidez al dirigirse al inspector por primera vez: “Yo no me he metido con nadie, señoría…”;
• resentimiento. Como el de Jriukin cuando parece amenazar al cachorro con eso de “¡Te voy a despellejar, granuja!”, en obvio desquite contra el que considera quizá el único ser inferior a sí mismo, pues con seguridad es objeto de continuas burlas por su condición de borrachín de pueblo;
• exhibicionismo. “… el mismo dedo [de Jriukin] es como una bandera de victoria”;
• ingenuidad. Como sugiere la respuesta de Jriukin al entrometido: “Y si miento, eso lo dirá el juez de paz. Él tiene la ley… Ahora todos somos iguales…”El pobre perjudicado cree (o, mejor, quiere creer) que todos son iguales ante la ley, cuando del contexto se desprende que de ningún modo es así. Incluso, agrega a modo de inocente amenaza: “Un hermano mío es gendarme… por si quieres saberlo”; una manera de decir: ¡ojo que soy alguien, no un pobre diablo!
Y también la notable expresión: “¡Ahora no está permitido morder!”, como si la ley anterior hubiera permitido que los perros muerdan o la ley actual podría impedirle morder a un cachorro juguetón;
• soberbia. Como la del sirviente del general hacia la gente del pueblo: “¡Qué ocurrencia! ¡Jamás ha habido perros como éste en nuestra casa!”;
• intentos de sacar ventaja. El mismo Jriukin trata de aprovecharse de la situación: “Perdóneme, pero yo soy un hombre que se gana la vida con su trabajo… Es una labor muy delicada. Que me paguen, porque puede que esté una semana sin poder mover el dedo… En ninguna ley está escrito, señoría, que haya que sufrir por culpa de los animales… Si todos empiezan a morder, sería mejor morirse…”;
• correveidiles y malpensados. Como ese del público que lanza una acusación contra Jriukin sin ninguna prueba: “Lo que ha hecho, señoría, ha sido acercarle el cigarro al morro para divertirse, y el perro, que no es tonto, le dio un mordisco…”; incluso, esta afirmación infundada da pie al mismo Ochumélovpara tomarla como cierta en un comentario posterior;
• soplones. El mismo personaje agrega que el orfebre: “Siempre está haciendo cosas por el estilo, señoría”, en un afán por congraciarse con el inspector;
• oportunistas y obsecuentes. Además de las genuflexiones del inspector hacia los poderosos (incluso hacia el sirviente de un poderoso), la obsecuencia y el oportunismo se manifiestan también en los estratos inferiores. En efecto, el mismo Jriukin dice, dirigiéndose a un tercero: “Su señoría es una persona inteligente y comprende quién miente y quién dice la verdad…”, en un intento de poner al inspector de su parte;
• burlones del caído en desgracia. Cuando se llevan el cachorro, todos se ríen del pobre Jriukin.

NOTABLE NARRACIÓN
• La descripción del cachorro es excelente. Nos da la impresión de tenerlo delante: escapando en tres patas ante el posible castigo y volcando la cabeza hacia uno y otro lado ante la persecución. Más tarde, lacrimógeno, asustadizo y tembloroso ante el grupo que lo rodea, etc.
• Hay expresiones muy propias de los eslavos, como la del inspector a Jriukinapenas llega a la escena del escándalo: “¿Qué haces tú ahí con el dedo?”; o bien después, “Aunque hay una cosa que no comprendo: ¿cómo ha podido morderte? ¿Es que acaso te llega hasta el dedo? El perro es pequeño, y tú, ¡tan grandote!”, como si fuera necesario que el pobre orfebre tuviese el dedo a la altura que entonces lo exhibía cuando el cachorro lo mordió.
También son notables los comentarios del inspector sobre el cachorro, dirigidos a congraciarse con el hermano del general: “El perro no está nada mal… Es muy vivo… ¡Le ha mordido el dedo a éste! Ja ja ja…”

UN INDICIO DEL FINAL
Hay un indicio contundente de cómo terminará el cuento: en uno de los primeros párrafos Chéjov deja caer que es un galgo. Ergo, se trata de un perro fino, de raza, y por ende su dueño tiene que ser necesariamente alguien rico, importante. De ahí que cabía suponer que el cachorro al fin sería devuelto a su dueño, que no habría castigo por dejarlo suelto pese a las ordenanzas y que el reclamo del perjudicado nunca prosperaría.

UN CUENTO LOCALISTA Y UNIVERSALISTA A LA VEZ
El cuento es una maravillosa muestra de la sociedad rusa en el ambiente provinciano de su tiempo (1884), pero la obra bien puede considerarse también de carácter universal por la profundidad con que Chéjov describe y aborda el alma humana.

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Antón Chéjov
ANTÓN PÁVLOVICH CHÉJOV
Nació en Taganrog, ciudad a orillas del mar deAzov, el 29 de enero de 1860. Hijo de un comerciante que había sido siervo, estudió enla Universidad Estatal de Moscú donde se matriculó en medicina. El éxito como escritor y la tuberculosis, en aquel tiempo incurable, impidieron que ejerciera como médico, salvo en ocasiones en las que atendió gratis a campesinos indigentes.
Desde su primer relato en 1882, La libélula, y hasta 1887, publica en revistas moscovitas unos seiscientos cuentos (hubo años en que llegó a escribir ciento veinte), acuciado por la necesidad de mantener a la familia paterna. En 1886 aparece la primera colección de sus escritos humorísticos, Relatos de Motley.
Chéjov siempre supo retratar magistralmente a las clases medias y bajas de la Rusia de entonces. Según él, “la brevedad es hermana del talento” por lo que“el arte de escribir es el arte de acortar”.
La crítica moderna considera a Chéjov uno de los grandes maestros del relato. Se puede decir que en gran medida es el responsable del cuento moderno, en el que el efecto depende más del estado de ánimo de los personajes y del simbolismo que del argumento en sí, dado que no se apoya en el clímax y la resolución. Es un verdadero maestro en el retrato de vidas inútiles, tediosas y solitarias de personas incapaces de comunicarse o de cambiar una sociedad que saben decadente. Algunos de los mejores relatos de Chéjov se incluyen en el libro publicado post mortem Los veraneantes y otros cuentos (1910).
Su primera obra teatral, Ivanov, se estrenó en Moscú en 1887. Desde 1891 hasta 1893 escribió La isla de Sajalín, después de visitar la colonia penitenciaria de la isla homónima. Estupendo novelista, La sala número seis, por ejemplo, es una obra maestra de la novela corta.
Su frágil salud lo obligó a trasladarse en 1897 a Crimea, territorio de clima más benigno que la capital rusa. También hizo frecuentes viajes a los balnearios de Europa central.
El actor y productor Konstantín Stanislavski, director del Teatro del Arte, de Moscú, representó en 1898 su obra La gaviota, escrita dos años antes. Esta asociación de dramaturgo y director de teatro, que continuó hasta la muerte deChéjov, permitió la representación de varios de sus dramas en un acto y de las obras más importantes que produjo, como El tío Vania (1897), Las tres hermanas (1901, año en que se casa con la actriz Olga Knipper) y El jardín de los cerezos (1904); lo que significó una gran renovación del teatro ruso.
Su teatro refleja una sociedad feudal que se desintegra. Como técnica utiliza lo que él llama “la acción indirecta”, que pone énfasis en la interacción de los personajes y hace que sucesos dramáticos importantes tengan lugar fuera de escena. Muchas veces lo que se deja de decir es más significativo que las ideas y sentimientos expresados; un concepto que con algunas variantes aplicaría décadas más tarde el norteamericano Ernest Hemingway en sus narraciones.
Murió el 2 de julio de 1904 (hay biografías que señalan el día 14 ó 15) en el balneario alemán de Badweiler, adonde se había trasladado en un intento desesperado por paliar su tuberculosis.

Por seguir la huella RGG

Iba descalza. Las huellas de sus pies estaban marcadas en el camino que conduce del baño hacia su recámara. Sin la menor duda la seguí. Había dejado la puerta entreabierta. Buscaba su ropa interior y la toalla amenazaba con caerse. El olor del champú se desprendía como mariposas al vuelo. Leve fue su resistencia y grande el placer de ambos. Hoy que lo recuerdo, acepto que caí en su trampa. Dos hijos, diez años de casado y el dinero que no alcanza.

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Degas

La evasión de K Manfield comentado por Elba Alicia Machado

A la hora de elegir un relato pienso siempre en vos y me pregunto si te parecerá interesante, o si dejarás de leerlo porque te aburre. Evidentemente este es un riesgo que tengo la obligación de correr. Tal vez no hayas oído hablar de Katherine Mansfield, cuyo nombre real fue Kathleen Beauchamp y es posible que yo la haya elegido, porque muchos de los que no pertenecen al medio literario, no la conocen. A esta escritora le aceptaron su primer relato a los nueve años, y a esa misma edad ganó el primer premio de redacción de la escuela de la aldea, en su Nueva Zelanda natal. Pero en 1913, cuando ya no tenía dudas acerca de su vocación de escritora, envía a varios editores su cuento “Algo infantil pero muy natural” y fue rechazado por todos. Sus libros no despertaron gran interés hasta que en 1920 aparece Felicidad y luego con Fiesta en el Jardín publicado en 1922, fue considerada la autora inglesa de relatos, más destacada de su generación.

Elegí su cuento “Evasión” que pertenece a Felicidad y otros cuentos y debo decirte que me costó mucho esta elección. Leí afanosamente buscando el que pudiera gustarte más, el que te impactara, y hasta donde leí no lo encontré. Luego me di cuenta que no siempre es impacto lo que debemos buscar en un cuento, no siempre el cuento debe evaluarse sólo por su contenido, por lo agradable o desagradable que nos muestre. Un cuento, como un cuadro debe evaluarse por cómo llega a nosotros, por cómo nos hace sentir, por la verdad que nos trasmite, y es exactamente allí donde radica la belleza de un relato.
Por buscar algo interesante, entretenido, me olvide de los sentidos y de los sentimientos. Decidí entonces que te contaría “Evasión” y me llevé una sorpresa porque debajo de la cosa trivial, del desacuerdo temperamental de los protagonistas se encuentra la forma poética, en conjunción con la forma prosaica, y en esa conjunción está la verdad de la vida, aquello que Mansfield quería entregarles a sus lectores.

Voy a comenzar el relato para que vos misma lo analices. Comienza cuando la protagonista cuenta que habían perdido el tren por culpa de su marido y que esa demora podía haberse evitado si él le hubiera pedido al “estúpido” del director del hotel, que le entregara la cuenta sin falta a las dos en punto. De ese modo, no habrían esperado el cambio cuando ya había llegado el coche. Tampoco se había ocupado de que colocaran el equipaje para partir enseguida. ¿Pretendía acaso que lo hiciera ella bajo ese calor sofocante? Además, cuando le pidió al cochero que acelerara y no le hizo caso, él se sonrió. La mujer pensó que ella, en lugar del cochero, habría actuado igual, ya que no sólo se lo había pedido cortésmente sino que se había disculpado por la molestia que le ocasionaba.

Al llegar a la estación, ella comienza con una nueva queja. Al ver un tren con “horribles niños” saludando desde las ventanillas, se pregunta porqué tiene que soportarlos a ellos, a esa luz deslumbrante, y a las molestas moscas, mientras el marido y el jefe de la estación buscan en el indicador ese otro tren que seguramente no alcanzarán. Tampoco tolera a toda esa gente, y a la mujer que lleva en brazos a un niño que tenía una cabeza horrenda. Inmediatamente se dice a sí misma que es una desgracia tener tanta sensibilidad sin que nadie le ahorrara esas “sordideces”.

Un cambio sorpresivo se opera de pronto en la mujer que comienza a lagrimear. Buscando un pañuelo, ve dentro de su bolso una cantidad de elementos familiares y piensa que en el antiguo Egipto la hubieran enterrado con todo eso.
Así como se produce ese cambio en el personaje, del mismo modo sucede en el relato, que pasa de un tono prosaico a un estilo poético. Voy a escribir textualmente el parágrafo para que lo leas y lo disfrutes: “Hacía un poco de viento; un viento ligero que bastaba para transformar en raso las hojitas nuevas de los árboles frutales y en plata el color humoso de los olivares; un viento suficiente para inclinar la hierba delgada y levantar delante del coche una polvareda que se les pegó a la boca como ceniza muy fina”
El relato continúa con la exasperación del personaje femenino, quien al sacar una polvera recibe en sus ojos el polvo que vuela desde la brocha. El marido no tiene mejor idea que sugerirle que abra su sombrilla al tiempo que se la alcanza, pero ella, gritando, se la arrebata de las manos y la tira sobre la capota doblada que está a sus espaldas.

El siguiente motivo de enojo de la mujer es la presencia de niños bajando por una colina con flores en sus manos, que se acercan corriendo hasta el coche, ofreciéndoselas. Uno de ellos, más audaz que el resto, se las echa a la mujer en la falda, el marido intenta darle unas monedas pero ella se lo impide gritando. –“¡No les des nada! ¡No los alientes! Nos seguirán todo el camino. Tú serías capaz de estimular hasta a los mendigos. Y tiró el ramito a la carretera”
Enseguida, la mujer, con un extraño tono sosegado, comienza a quejarse por la lentitud de los caballos y por la intención del marido de fumar a su lado. Finalmente, mirándolo fijamente a los ojos le dice: “Te ruego, te imploro por última vez que cuando vayamos en coche, no fumes. ¡Si tú supieras la angustia que me produce el humo cuando me viene a la cara!” El trata de apaciguarla prometiéndole dejar de hacerlo, que lo había olvidado, pero ella acrecienta su furia por ese olvido.
Otra vez aparece en el relato una descripción poética. Es un nuevo momento de descanso, de una serenidad que el personaje femenino desconoce.

A continuación sobreviene el momento de más inestabilidad de la narración: El cochero acelera la velocidad del carruaje de manera tal, que está apunto de volcar. El hombre piensa que su mujer lo cree responsable de ese inconveniente por haberle mencionado anteriormente que los caballos iban demasiado lentos. Los ojos de ella echan chispas y con furia, dirigiéndose al marido, dice: “Supongo que esto te divierte mucho”. En un instante se incorpora y ve que la sombrilla que le había regalado su madre y que ella quería más que a nada en el mundo, se había caído a la carretera. Fuera de sí, increpa al marido acusándolo de haberla oído caer en el último bache. Él le ofrece ir a buscarla pero quiere hacerlo ella misma porque, según dice, “si no se separa por un rato de él, se volverá loca”.
En este momento, el texto, se desvía hacia el punto de vista del marido: Todo estaba en calma y él se siente “vacío”, “mustio” “reseco”. Ante la vista de un árbol sufre un profundo cambio. Escucha a una mujer cantando y sabe que esa voz al igual que su ser, forma parte del silencio. Siente en su pecho que algo se agita, se mece, cálido y sofocante, él intenta romperlo y no puede y de una manera profunda, voluntaria, se sumerge en el silencio.

Una vez en el tren, de noche, él va aferrado con las dos manos a la baranda de la ventanilla. Escucha voces, la de su mujer diciéndole a alguien que cuando él quisiera entrar lo haría, que era feliz viajando y que le gustaban las incomodidades. Las voces murmuraban, no se callaban nunca, pero la dicha de él era tan inmensa que deseaba vivir así para siempre.
Termina la narración de manera ambigua, con lo no dicho, lo sobreentendido y como dice Barthes con esa pluralidad de sentidos que caracteriza la obra de K. Mansfield.
El tono se da de acuerdo con la óptica de cada uno de los personajes. En el marido es serenidad, paz, calma; en la mujer: inquietud, turbulencia, ira.
El relato no es sólo lo que dice, al contrario, es más lo que no dice y en ese no decir encontramos el misterio de la realidad, de las circunstancias, de los desencuentros y de los infortunios. El juego de opuestos atraviesa el relato que termina envolviendo la desmesura de la mujer en el místico silencio del hombre.
John Middleton Murry quien se convertiría en el marido, editor y biógrafo de Mansfield ha dicho que la revolución que introdujo con sus relatos cortos, fue personal y que aquellos que han querido continuar su trabajo no lo han conseguido. Numerosos críticos han intentado definir sus cualidades y qué es lo que lo hace imposible de imitar; todos han fracasado, su secreto se lo llevó con ella.
Las características más sobresalientes de su escritura las da el mismo Middleton Murry: pureza, naturalidad, espontaneidad. “Katherine sufría intensamente y gozaba enormemente, nos dice, y estos sentimientos no eran parciales, llenaban todo su ser.” Con esos materiales construyó su obra.
Katherine Mansfield murió de tuberculosis en Fontainebleau, Francia, en 1923 a los 34 años de edad.

Espero no haberme equivocado en la elección y que te haya gustado.