20 cuentos de terror de Alberto Chimal

Me gusta sentir miedo en la noche, ¿podría darme una lista de relatos para leer en la noche?

Por supuesto, la respuesta debía ser una lista de relatos de miedo. He hecho una selección de veinte.

Como con cualquier vertiente de la literatura popular, a la hora de hablar de este tipo de narraciones se han hecho distinciones y subdivisiones incontables. Para evitarlas aquí, no menciono ninguna. La mayoría de los textos que seleccioné podrían describirse como de horror sobrenatural, tal como lo entendía H. P. Lovecraft –el que logra sus efectos a la hora de describirnos un encuentro inquietante con lo desconocido, lo indescriptible, lo que está más allá de la experiencia humana común–, pero no todos. Lo que los une es simplemente su carácter perturbador: varios de ellos asustaron enormemente a un lector joven y de mucha imaginación –yo mismo– que no los ha olvidado pese a haberlos leído hace muchos años, y todos se proponen afectar a sus lectores de manera sutil, insidiosa. Más que describir horrores evidentes, como el cine gore con sus imágenes de vísceras, los cuentos quieren dejar imágenes, ideas, anécdotas inquietantes que sobrevivan a su primera lectura. Con frecuencia, al leer es posible preguntarse qué se sentiría tener las experiencias espantosas que viven los personajes: esa cercanía de la imaginación es parte de lo que los hace memorables, así como un requisito para disfrutarlos (para lograr el «estremecimiento agradable» del horror, como decía Edgar Allan Poe).

La lista está ordenada por los apellidos de sus autores. Los incisos traen enlaces a versiones en línea de los cuentos cuando he podido encontrarlas. No pongo resúmenes de las historias: lo que hay que hacer es leerlas.

Por supuesto, esta lista no pretende ser la de «los veinte mejores cuentos» ni mucho menos la de «los únicos veinte». Son veinte, son los que están, son todos excelentes, y nada más. En una lista semejante que hice –hace unos años– de libros de ciencia ficción, hubo muchas sugerencias de más textos por parte de lectores y visitantes del sitio. Ojalá aquí suceda lo mismo.

  1. “Autrui” de Juan José Arreola.
  2. “El fumador de pipa” de Martin Armstrong.
  3. “La casa vacía” de Algernon Blackwood
  4. “El testamento de Magdalen Blair” de Aleister Crowley (el enlace lo incluye dentro del libro del mismo título)
  5. “El guardavía” de Charles Dickens.
  6. “Último día en el diario del señor X” de Emiliano González.
  7. “El calor de agosto” de W. F. Harvey.
  8. “El mejor cuento de terror” de Joe Hill
  9. “El hombre de arena” de E. T. A. Hoffmann
  10. “Superviviente” de Stephen King
  11. “La voz maligna” de Vernon Lee
  12. “El Tsalal” de Thomas Ligotti
  13. “El que susurra en la oscuridad” de H. P. Lovecraft
  14. “El pueblo blanco” de Arthur Machen
  15. “El horla” de Guy de Maupassant
  16. “El tapiz amarillo” de Charlotte Perkins Gilman
  17. “Manuscrito hallado en una botella” de Edgar Allan Poe
  18. “El almohadón de plumas” de Horacio Quiroga
  19. “La mano de Goetz von Berlichingen” de Jean Ray
  20. “Donde su fuego nunca se apaga” de May Sinclair…….Alberto Chimal nació en Toluca, México, el 12 de septiembre de 1970. Estudió en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, campus Toluca, donde cursó la carrera de Ingeniería en Sistemas Computacionales. En 1987 ganó la beca del Centro Toluqueño de Escritores. En 1995 se trasladó a vivir a DF, donde se diplomó en la Escuela de Escritores en la SOGEM y obtuvo una maestría en literatura comparada en la FFyL de la UNAM. Imparte cursos y talleres literarios en la Universidad Iberoamericana y la Universidad del Claustro de Sor Juana, y es maestro en Literatura Comparada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Forma parte de las antologías: Grandes Hits, vol. 1, compilada por Tryno Maldonado; Generación del 2000 (2000); Nuevas voces de la narrativa mexicana (2003) y Novísimos cuentos de la República Mexicana (2005).
    En 2007, Chimal fue aceptado en el Sistema Nacional de Creadores de Arte, programa de financiamiento que se propone apoyar a artistas mexicanos con sólida trayectoria.
    De 2007 a 2010, fue miembro del jurado del concurso literario Caza de letras, organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México. En 2011, organizó una serie de conferencias sobre literatura e internet para el Instituto Nacional de Bellas Artes de México.

    Recopiló minificciones creadas en la red social Twitter en el libro 83 novelas.
    Ha publicado las novelas: Los esclavos, en 2009 y La torre y el jardín, de 2012.
    En 2011 publicó El viajero del tiempo, compuesta de minificciones.
    En 2015 publicó El gato del Viajero del Tiempo.

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Jhumpa Lahiri

Quiero cruzar un pequeño lago. Es realmente pequeño, pero aun así la otra orilla me parece demasiado distante, más allá de mis capacidades. Me consta que es un lago muy profundo y, aunque sé nadar, me da miedo encontrarme sola en el agua, sin ningún apoyo.
El lago del que hablo se encuentra en un lugar apartado, aislado. Para llegar hay que caminar un rato por un bosque silencioso. Al otro lado se ve una cabaña, la única vivienda en toda la orilla. El lago se formó inmediatamente después de la última glaciación, hace milenios. Su agua es límpida, aunque oscura; más pesada que el agua salada, ninguna corriente la surca. Una vez dentro, a pocos metros de la orilla ya no se ve el fondo.
Por la mañana observo a los que, como yo, visitan el lago. Contemplo cómo lo cruzan de manera desenvuelta y relajada, cómo se detienen unos minutos delante de la cabaña y luego vuelven. Cuento sus brazadas. Los envidio.
Durante un mes solo me atrevo a nadar bordeándolo, sin alejarme de la orilla. Es una distancia mucho mayor, la circunferencia respecto al diámetro. Tardo más de media hora en dar la vuelta completa, pero con la seguridad de que puedo pararme en cualquier momento, hacer pie si me canso. Es un buen ejercicio, aunque nada emocionante.
Una mañana, hacia el final del verano, quedo allí con dos amigos: me he decidido a cruzar el lago con ellos para llegar por fin a la cabaña del otro lado. Estoy cansada de limitarme a ir por la orilla.
Cuento las brazadas. Sé que mis compañeros están en el agua conmigo, pero también que estamos solos. Tras casi ciento cincuenta brazadas llegamos al medio, la parte más honda. Continúo. Después de cien brazadas más diviso el fondo de nuevo.
Llego al otro lado. Lo he conseguido sin problemas. Por primera vez, veo la cabaña a unos pasos de mí y, a lo lejos, las distantes y pequeñas siluetas de mi marido y de mis hijos. Parecen inalcanzables, aunque sepa que no lo son. Después de una travesía, la orilla conocida se convierte en la margen opuesta: aquí se convierte en allí. Cargada de energía, exultante, vuelvo a cruzar el lago.
Durante veinte años he estudiado italiano como si nadara por la orilla de aquel lago: siempre al lado de mi lengua dominante, el inglés; siempre bordeando la ribera. Ha sido un buen ejercicio, beneficioso
para los músculos y el cerebro, aunque nada emocionante. Estudiando una lengua extranjera de ese modo, uno no se puede ahogar: el otro idioma está siempre allí para sustentarte, para salvarte. Pero no basta con flotar sin posibilidad de hundirse: para saber una nueva lengua, para sumergirse en ella, hay que alejarse de la orilla. Nadar sin salvavidas, sin contar con la tierra firme.
Unas semanas después de haber cruzado aquel lago pequeño y escondido, hago una segunda travesía, mucho más larga, pero nada fatigosa. Será la primera vez en mi vida que parto de verdad. Esta vez en barco, cruzo el océano Atlántico para instalarme en Italia.
Jumpha lahiri indu
La literatura nos ayuda a “entender la parte más difícil de la vida”, afirma Jhumpa Lahiri. La autora estadounidense de origen indio, publica Tierra desacostumbrada, un conmovedor libro de relatos que se plantea como una de las sorpresas del año.

El inmenso talento literario de Jhumpa Lahiri (Londres, 1967) se basa en que es capaz de contar una y otra vez la misma historia, relatos de inmigrantes indios en la Costa Este de Estados Unidos, y que siempre sea diferente. La crítica la ha comparado con una miniaturista por su capacidad para describir con precisión un mundo pequeño mientras lo convierte en universal. Pero sus relatos son mucho más, se quedan flotando en la memoria durante horas, durante días porque, en el fondo, tocan los temas más importantes de la vida: el amor, la familia y la identidad.

Al ver como rugen las flores

Llevaba un tiempo con la idea de escribir sobre una no-tilde en la cabeza. Y escuchando cierta canción (que alguno, sobre todo uno, habrá identificado por el título de la entrada) encontré el ejemplo perfecto para explicar ese como al que, me juego lo que sea, muchos estaréis pensando que le falta la tilde. ¿Me equivoco? Escribo el verso entero:

Callarán todos los miedos al ver como rugen las flores.

¿Le ponemos la tilde al como o no? Ya os imaginaréis que no, que ese como no lleva tilde. Pero ¿por qué, si siempre lo hemos escrito con tilde? Porque el cómo (con tilde) es adverbio y este como es una conjunción (disfrazada, eso sí, de adverbio, porque se pronuncia tónico). No obstante, como solo lleva un disfraz, vamos a desenmascararlo con un par de trucos que nos van a servir para reconocerlo fácilmente.

1) El como conjunción aparece con verbos de percepción (ver, oír y sus sinónimos). Con otro tipo de verbos (que no sean de percepción), nos podemos olvidar de él. En nuestro ejemplo, se cumple el requisito, porque se emplea el verbo ver.

2) El como conjunción puede sustituirse por otra conjunción: que. ¿Podemos hacer aquí la conversión? Si funciona y la frase sigue teniendo sentido… debemos ir olvidándonos de la tilde. En el verso de la canción, la sustitución encaja perfectamente:

Callarán todos los miedos al ver como rugen las flores

Callarán todos los miedos al ver que rugen las flores.

Básicamente, si se cumplen estos dos requisitos, estamos ante el como conjunción (sin tilde). Para no liarlo más, creo que es mejor quedarnos con esto. Como en estos temas dos y dos no siempre son cuatro, sí que hay alguna excepción en que podríamos buscar diferencias de significado, pero no merece la pena. Identificando estas dos cosillas, sabemos que no lleva tilde y listo. (Si alguien quiere profundizar más y quiere una explicación más gramatical, que me lo diga).

Nada más por hoy. ¿Erais conscientes de este uso? Lo corrijo muchísimo al trabajar. Espero que os quede claro y lo empleéis bien a partir de ahora. Y escuchad la canción («Rugen las flores», de McEnroe), que es una verdadera preciosidad (¡gracias por recomendármela, ya-sabes-tú-quién-eres!). Tenéis los comentarios para lo que queráis…

http://mobas.es/blog/category/correccion/morfosintaxis/

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POESÍA JAPONESA(詩歌)—MÜKI (向き)

Avatar de María ElficarosaPOESÍA JAPONESA DE ELFICAROSA.

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Pintora Miho Hirano.

Shintaishi

La poesía moderna, llamada gendaishi, nació de la mano de Shimazaki Toson (1872-1943), escritor naturalista, quien creó la poesía shintaishi (nueva forma) o shi.
En rebeldía contra la vieja tradición de poemas cortos de estructura fija, como haiku y tanka, sus versos tienen longitud y ritmo libres. Este poema es creación de Ippekiro Nakatsuka ( Meiji 1887-1946) aproximadamente en 1915 en Kyoto (Japón). Dicen del Müki que es un Haiku expulsando la rigidez de 17 sílabas e inició “la forma libre Haiku”. (Rechazando el uso de los kigos, aunque puede tener kireji en el tercer verso como el haiku tradicional). En 1915 fundó en Kyoto un club de poetas de haiku decididos a romper estándares. Acuñaron la expresión kaiko para una modalidad de haiku en tres versos en los que es irrelevante el número de sílabas así como la alusión a una estación del…

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Del tiempo habitado, ¿ES USTED SAN PEDRO? de Julie Sopetrán

 

Me duele el viento que se lleva mi mente al otro lado de la Bahía, no me hace daño físico, sólo me duele, es como el puente que me cruza y cruzo andando. Entre las tripas anaranjadas, ventosean los hierros, el oro, bajo mis pies de goma roja todo se tambalea. La niebla cruza el puente por los ojos, las estrellas se van metiendo en mi cuerpo, me llaman, volaré hacia el fondo. Mis amigos se han quedado durmiendo junto a las puertas del bell canto, rapeo músicas, las voces son una casa para ellos. ¿Para qué quieren techo, si la música es el soporte de su evolución? No les destruye el crimen, ni la inclemencia de los hombres, son tan felices como yo, apoyamos lo inútil, somos el rito supremo, destruimos el mundo ante Dios. Y me siento infeliz en la totalidad de la consecuencia que nos obliga a vivir esto… Necesito suprimir lo que fui, sueño, divago, me columpio en los brazos del puente, me dejo mimar por la idea. Van a dar las doce, parece que no hay guardias, el agua está muy fría, no importa, voy a morder las fallas andresinas: les quitaré la costra del miedo con mis dientes. Me lanzaré sin miedo, me seduce la idea del no existir… Los guardias vigilan, como cada noche. Los pintores dan otra mano de pintura al hierro del puente para que no se oxide. Ven caer un cuerpo. Se oye una sirena. No recuerdo más, me fui…  Me despierto del golpe en el agua. Alguien abre mis ojos. Lleva en sus manos una linterna. Es un guardia. Lo miro, le pregunto: ¿Es usted San Pedro? El viento sonreía a carcajadas arañando esos asombros que hacen daño.

PROSAS Y COSAS

La metaficción como estrategia narrativa

En el artículo «El arte de contar historias» di unas pinceladas apresuradas en torno a algunas claves sobre la escritura. Hoy hablaré de la metaficción. La palabra puede sonar muy rara, pero básicamente quiere dar a entender la relación del autor con su obra, con su oficio, es decir, para ser claros del todo: se habla de metaficción cuando un escritor se refiere a sí mismo en una obra o en un conjunto de obras; en el campo de la literatura, lo llamaremos metaliteratura. Sin embargo, para hacer el término más general y poder incluir ejemplos de todo tipo, usamos el término inclusivo de metaficción, que puede referirse a cualquier arte.

Por ejemplo, cuando Velázquez se pinta a sí mismo y a diversas circunstancias adyacentes al arte de pintar, en el cuadro de «Las meninas», se refleja a sí mismo mientras practica su oficio, lo que no deja de ser una autorreferencia y, por tanto, podemos considerarlo una forma de metaficción.

Metaficción

La metaficción en literatura se remonta a siglos atrás. Por ejemplo, cuando Cervantes, en la segunda parte del Quijote, se refiere a una segunda obra de un tal Avellaneda con el mismo título que la suya, sin salir de la ficción de la trama, está realizando una reflexión sobre su arte y el plagio que ha descubierto en otro autor.

En la imagen que he seleccionado vemos a Jorge Luis Borges, un escritor contemporáneo que llegó a incorporar la metaficción en algunos de sus relatos de un modo habitual. Otros muchos autores lo han hecho en los últimos tiempos, e incluso la característica de la metaficción se la asocia últimamente con el fenómeno cultural del posmodernismo. Sin embargo, ni Cervantes ni Borges eran posmodernistas, ni siquiera había nacido esa filosofía mientras ellos estaban vivos.

La metaficción ha utilizado múltiples variedades, desde el homenaje a otras obras hasta la aparición continua del escritor en la trama de las ficciones que elabora. Por ejemplo, Emmanuel Carrère, un escritor francés, es en la actualidad uno de los mayores exponentes del fenómeno de la metaficción. En su última novela, «El reino», hace continuas referencias a sí mismo y a qué es lo que le llevó a escribir la novela, y por ello nos cuenta sus tribulaciones respecto a la fe cristiana, su alejamiento… y su último acercamiento en forma de reflexión general sobre esos cambios sobre sí mismo que luego amplía en la ficción a sus personajes. Es un modelo perfecto de metaficción.

LA METAFICCIÓN COMO ESTRATEGIA NARRATIVA

Tenemos que pensar, de forma amplia, que la ficción tiene muchas caras; así, cuando un escritor inventa una trama, unos personajes, etc., de ficción… lo que hace es aparcar por un momento la realidad cotidiana para introducirnos en un mundo paralelo, ficticio. Pero si el autor, en un determinado momento, decide, de pronto, entrar en ese mundo como una ficción más a través de su realidad concreta de ser de carne y hueso, implicándose de alguna manera en la narración, ¿qué podemos reprocharle?

Tendremos que convenir, a la postre, que la metaficción no es más que otra estrategia narrativa adicional, que podrá emplearse mejor o peor según el talento y la originalidad de cada autor, como cualquier otra técnica de carácter literario. La base será siempre que el lector participe en la ficción, de una forma u otra. Si el escritor lo consigue, ¿no nos dará igual el método que haya empleado?

LA METAFICCIÓN COMO AUTOCONCIENCIA

Hay quien dice que la metaficción no es más que la autoconciencia del escritor respecto a su función social, preguntándose sobre sí mismo y los límites de su arte u oficio, incluso sobre su papel en ese gran artefacto moderno llamado «entretenimiento». Sea como sea, corresponde al lector valorar si las estrategias elaboradas por un autor, o más en general, si su autoconciencia respecto a su valor y misión en el ejercicio de su arte, son adecuadas o no.

El lector, quiera o no quiera, siempre realiza una labor de descodificación de los textos autorales. Si acaba convencido de la excelencia o de la pertinencia del propósito, será más que suficiente para que podamos decir que un proyecto literario ha conseguido su propósito inicial. Mucho habría que hablar sobre la metaficción en este terreno resbaladizo de la autoconciencia, pero por hoy lo dejaremos aquí.

OTRAS ESTRATEGIAS DE LA METAFICCIÓN

La metaficción puede adoptar muchísimas manifestaciones distintas. Veamos algunas de tipo clásico:

  • Un personaje pregunta o busca al autor.
  • El autor se encara con un personaje y le pide explicaciones.
  • El autor se incluye como personaje en la ficción y actúa como tal.
  • El autor se pregunta por la realidad de la ficción y por la de él mismo.
  • El autor se refiere en ocasiones a la ficción de la realidad, un sueño inacabable…
  • Los personajes se rebelan contra la trama del autor y salen de la misma.
  • El autor rompe la lógica de la ficción para introducir píldoras de cruda realidad.
  • El autor se vuelca, en el curso de la trama, sobre el proceso de creación de la obra.
  • El autor recurre a los juegos de palabras para saltar de la ficción a la realidad.

La lista de estrategias de la metaficción podría continuarse indefinidamente; la anterior solo es un ejemplo nimio de las características técnicas, formales, existenciales, lingüísticas… por las que un autor puede realizar una labor de metaficción en cualquiera de sus obras, incluso en su conjunto.

Metaficción en la literatura contemporánea

Choka a la vida

La vida pasa;
tren que no se detiene…
ni hace paradas.
Corre el paisaje:
el mar o la montaña,
la noche árida.
Siempre será mejor
juntos que en soledad.

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Borges

“Los sueños – dice Borges – constituyen el más antiguo y el no menos complejo de los géneros literarios. El sueño es el lugar donde los espacios se contaminan, se cruzan , se confunden y el narrador traspone las barreras del propio texto en un espacio y un tiempo diferentes.

La noche del elefante de Gustavo Roldán

Carta a los chicos

Muchos dicen que en el monte chaqueño no hay elefantes. Y un poco de razón tienen, porque antes no había. Pero ahora sí hay, después de la historia que se cuenta en este libro.¿Qué donde están? Ahí no más, junto al Bermejo, entre Lavalle y Vapor  Quebrado.

Muchos también dicen que no es cierto, que son puros inventos de un mentiroso.Para eso nada mejor que mostrar las pruebas, así se termina la discusión. Y qué mejor prueba que una fotografía donde aparezco yo mismo junto a un elefante, sacada en agosto de 1995, justito en la zona donde hay un vapor que dicen que se hundió cuando remontaba el Bermejo.

Bueno, me acaban de entregar las fotos recién reveladas, y se ve que los elefantes se corrieron un poco para el costado y no salieron. Pero salió un chivito. Apenas vuelva al monte, me saco otra foto con los elefantes.

El circo llegó al pueblo, y con el circo llegó el elefante.

– ¡Estoy podrido!-fue lo único que se le oyó decir cuando bajó del tren.

El elefante había viajado con el circo por París, Londres, Moscú, Buenos aires, siempre por las

más grandes ciudades del mundo, y ahora,  cruzando el Charco, había llegado a Sáenz peña,

que seguramente también era una de las grandes  ciudades del mundo.  ahí fue cuando dijo:

           – ¡Estoy podrido!

Y no habló más. Los otros animales lo miraron sorprendidos, porque no estaban acostumbrados a que anduviera protestando. Al contrario, tenía fama casi de demasiado manso. La rutina siguió. levantaron la carpa, acomodaron las jaulas de las fieras, y prepararon un desfile por las calles para que a todo el pueblo le diera ganas de ir a ver las maravillas del circo más hermoso.

Todo marchaba sobre ruedas. o por lo menos parecía. Nadie se había dado cuenta de que el elefante andaba más trompudo que de costumbre. Nadie sabía que mientras el tren iba recorriendo los caminos del Chaco el elefante se había puesto a oler.

Fue un olor que le llegó de golpe, mientras descansaba tranquilamente en su jaula junto con abundante pasto y agua limpia, y fue como si la tierra se hubiera dado vuelta. Sintió apenas una especie de cosquilla que le hormigueaba desde la trompa hasta la punta de la cola,  y de pronto supo de qué se trataba.

Era el olor de los árboles, era el olor de un río, era el olor de la selva. Miró por entre los barrotes de su jaula y vio miles de pájaros que volaban y se posaban en los árboles,  y miró los árboles. No eran los mismos que conociera, pero eran árboles. Tampoco los pájaros eran los mismos, pero eran pájaros. De un lugar así lo habían sacado los cazadores hacía muchos  años, tantos, que ya ni sabía que se acordaba. pero ahora de golpe, se le vino encima toda la memoria.

Y entonces se acordó de los grandes espacios por donde correteaba con la manada, se acordó del calor y de las noches inmensas cuando toda la tierra era de los elefantes. se acordó de las grandes caminatas para buscar agua y comida y de las peleas con el tigre.

Y se acordó del miedo.

Era un elefante joven, con colmillos que comenzaban a crecer con fuerza, cuando conoció el miedo. Fue cuando llegaron los cazadores. Hasta entonces creía ser un animal más fuerte, un animal que podía matar al león con su trompa poderosa y sus colmillos. Un animal que ya había enfrentado al tigre de suaves manchas y lo había visto huir.

-¡Qué pequeños son!-pensó cuando vio a los cazadores. Pero no sabía que tenían dardos con venenos para hacer dormir a un elefante, y que tenían jaulas de hierro capaces de aguantar toda la fuerza y el peso de su cuerpo.

Después pasó a otras manos que lo cuidaron mucho mejor.

Nunca le faltó agua ni comida, pero siempre con una gruesa cadena atada a la pata. le enseñaron pruebas y lo premiaron cada vez que aprendía a repetirlas. Y cada vez que aprendía también iba aprendiendo que ahora debía vivir con los hombres.

Entonces lo llevaron al circo con otros animales y con otros elefantes. Durante muchos años siguió aprendiendo y olvidando, hasta que un día casi estuvo convencido de haber nacido en el circo y de que ése era el mundo de los elefantes.

Ya no tenía la gruesa cadena atada a la pata. pero había otra cadena, invisible, que lo dejaba atado al lado de los hombres. Y tal vez era más difícil de romper que una cadena de hierro.Recorrió grandes ciudades, y ahora, al sentir el olor de los árboles, del bosque, al ver volar tantos pájaros, fue como un golpe, casi como el pequeño golpe que sintiera cuando un dardo se le clavó una tarde lejana porque no huyó de los cazadores. No estaba dispuesto a escapar de esos seres tan débiles. Fue así, como un pequeño golpe. Y se le vino encima toda la memoria.

Esa noche, cansados, todos en el circo se durmieron temprano. Pero el elefante no. Despertó a la elefanta y le contó sus planes.Ella dijo primero que no, que estaba loco, que qué iban a hacer en un mundo desconocido, que aquí nunca les faltaba comida, que todas las noches los aplaudían a rabiar, que quién sabe lo que les esperaba afuera de la carpa.

-Claro que quiero irme y ya mismo-dijo finalmente la elefanta.

-¿Qué vamos a hacer?-dudó ahora el elefante.

-No sé. Pero si allá afuera hay árboles y hay un río y hay una selva, ése es nuestro lugar.

-¡aquí estamos seguros!

-pero no tenemos aire libre.

-¿Entonces querés irte?

-Elefante, ¿qué estás pensando? Este es el mejor momento para salir de aquí. Después veremos -dijo convencida la elefanta.

Y se fueron…

Caminaron sin hacer ruido, y se alejaron lentamente del circo. siguieron por las calles dormidas de la ciudad y sin mirar atrás llegaron a los primeros árboles. Arrancaron con la trompa un manojo de hojas frescas y sintieron que eso se parecía a la felicidad.

-ahora podemos descansar un rato-dijo la elefanta.

-No, todavía no -dijo el elefante-. Mañana van a salir a buscarnos.

-¿Nos encontrarán?

-Si nos alejamos mucho, no. tenemos que meternos en el monte, lejos de los caminos. Nos van a buscar por los caminos.

Y se internaron en el monte, y caminaron sin descansar, abriéndose paso entre la maleza. días y noches caminaron, encontrando cada vez más árboles y árboles cada vez más grandes.

Y encontraron espacios abiertos para correr y largas noches bajo las estrellas. descubrieron el canto de los pájaros y el sonido del viento. Vieron volar las bandadas de garzas blancas y se quedaron quietos escuchando el griterío de las cotorras.

Probaron distintos pastos y las hojas de distintos árboles, y fueron descubriendo sabores dulces y amargos y fueron eligiendo porque tenían para elegir. En la laguna vieron rastros de toda clase de animales y jugaron echándose agua con la trompa. Y sintieron el calor del sol y la frescura de la sombra. Caminaron. Y cada noche sentían que estaban un poco más cerca.

Y vino un olor a tierra mojada y los elefantes se quedaron inmóviles, recordando. sabían que ahora vendría una de las cosas más hermosas. Llegaría la lluvia. Esperaron la lluvia. Esperaron la lluvia con las trompas levantadas, lanzando el enorme grito de los elefantes.

El agua comenzó a caer y sentían que los lavaba y refrescaba, que les sacaba el recuerdo de las jaulas y de las cadenas y gritaron de nuevo. Hasta cansarse de gritar. Hasta que se acabó  la lluvia. Eran nuevos elefantes.

Cada vez que escuchaban algún ruido se quedaban quietos. Sentían demasiado el olor de los hombres todavía. tenían que llegar más lejos. ¿dónde quedaba ese lugar más lejos?siguieron caminando…

Nadie sabe si fue el instinto y la inteligencia de los elefantes, o si fue simplemente el azar.

Pero lo cierto es que se encaminaron hacia un lugar de monte impenetrable lejos de las ciudades y del hombre. Y ahí se quedaron, en el monte chaqueño.

 Nadie volvió a verlos nunca. Nunca intentaron volver.

Haz clic para acceder a La%20noche%20del%20elefante.pdf

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Los guiones de diálogo

Una de las dudas frecuentes de muchos escritores y que todo buen corrector debe revisar con cuidado es el uso de los guiones de diálogo.

La función de estos guiones es la de indicar lo que dicen los personajes de un texto, así como la de separar lo hablado por uno de ellos de lo que añade el autor de forma explicativa.

NORMAS

1. El signo que debe utilizarse en los diálogos es un guión largo llamado “raya”. En el ordenador, se obtienen pulsando al mismo tiempo las teclas CTRL + ALT + guión del teclado numérico (el que está a la derecha del teclado).

2. Cuando cambia el personaje que habla, se cambia de párrafo y se empieza la siguiente línea del diálogo con otro guión largo. El maquetista y el corrector tipográfico han de tener en cuenta que si escribimos los párrafos de un texto con sangría en la primera línea (dejando unos milímetros de blanco en la primera línea), el párrafo de diálogo, como los demás párrafos, debe llevar también la misma sangría en la primera línea antes de la raya de diálogo.

3. No debe dejarse espacio de separación entre el guión de diálogo y el comienzo de cada una de las intervenciones.

4. La raya precede a la intervención de cada uno de los interlocutores.

5. A diferencia de otros idiomas, en español no se escribe guión de cierre si tras el comentario del narrador no sigue hablando inmediatamente el personaje.

6. Se escriben dos rayas, una de apertura y otra de cierre, cuando las palabras del narrador interrumpen la intervención del personaje y esta continúa inmediatamente después.

7. Cuando el comentario o aclaración del narrador va introducido por un verbo de habla (decir, añadir, asegurar, preguntar, exclamar, reponer, etc.), su intervención se inicia en minúscula, aunque venga precedida de un signo de puntuación que tenga valor de punto, como el signo de cierre de interrogación o de exclamación.

8. Cuando el comentario del narrador no se introduce con un verbo de habla, las palabras del personaje deben cerrarse con punto y el inciso del narrador debe iniciarse con mayúscula. Si tras el comentario del narrador continúa el parlamento del personaje, el punto que marca el fin del inciso narrativo se escribe tras el guión de cierre.

9.Si el signo de puntuación que hay que poner tras el inciso del narrador son los dos puntos, estos se escriben también tras el guión de cierre.

Fuente:Real Academia de la Lengua Española

He aquí unos ejemplos sobre la utilización del guión largo en los diálogos:

—No es oportuno —dijo el director, levantándose—. Mañana terminaremos este asunto.

—No  es  oportuno.  —El  director  se  levantó  y  añadió—:  Mañana terminaremos este asunto.

—No  es  oportuno  —dijo  el  director.  Se  levantó  y  añadió—:  Mañana terminaremos este asunto.

—No es oportuno. Mañana terminaremos este asunto —dijo el director, y se levantó.

—No es oportuno —dijo el director—. Mañana terminaremos este asunto. —Y se levantó.

—No  es  oportuno.  —El  director  se  levantó—.  Mañana  terminaremos  este asunto —añadió.

 

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