El incansable de Rubén García García

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Ironías de Rubén García García

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Me lastimé cortándome las uñas, y la desgracia terminó cuando me amputaron la pierna. Meses atrás, las amigas de mi esposa le aconsejaron que era indigno que ella me recortara las uñas; «es un acto de sumisión», dijeron. Ahora, para el sustento, ella da servicio de pedicure a domicilio y acude a la casa de sus viejas amigas.

sugerencias* por Rubén García García

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Ella no tenía ningún problema si exclamara en la intimidad “te amo Beto”, ya que su esposo se llama como yo: Beto. Yo no podía decir te amo Marcia, porque mi esposa le digo Yoya. Antes de llegar a mi casa, pasaba a un bar, pedía ginebra con jugo de naranja. Mi compañera que tiene un excelente olfato me decía enojada: «¡ni te me acerques, bien sabes que así no te soporto!»

*tomado de una revista para caballeros.

Haiku de Rubén García García

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Camino en silencio.
Una chifladera de pájaros
en la alborada.

Estrenando prótesis de Rubén García García

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¿Oyes? de Rubén García García

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¿Oyes?

Cae la noche, inexorable,

¿escuchas el silencio?

Ella duerme

en el fondo de la laguna Tlen.

No hierbe el agua, pero parece;

son los hipos de la exhalación.

Es el instante en que el abrazo complace,

es el soñador que tira la red al cielo,

cuando la neblina del hombre

duerme por el canto del grillo.

Ella, la sierpe se ovilla y exhala.

Paco de Rubén García García

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Cuando escuchaba mis pasos, gritaba «¡Ya llegaste!». Subía y subía hasta llegar a mi hombro. En mi oído, chasqueaba tres veces; esos eran sus besitos.

Era tan pequeño que el zarpazo de cualquier gato sería mortal. Por la noche, lo colocábamos en una jaulita y se metía gritando «¡A dormir, a dormir!».

Una noche llegué y me extrañó no escuchar su grito. Lo encontré con vida en el regazo de mi mujer. Se estaba muriendo.

Vi cómo se abrieron sus pupilas cuando escuchó mi voz. Allí conocí la impotencia. Lo cubrí en mi mano y corrí hacia el automóvil. «¿¡Dónde vas!?» «A buscar un veterinario».

Su gemido me detuvo. Paco, el pequeño periquito, ya no gritaría «¡Ya llegaste!».

Un dolor me torció el cuello y salí al patio a envolver mi noche con la noche.

Haiku de Rubén García García

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Camino en silencio.
Una chifladera de pájaros
en la alborada.

Aviso oportuno de Rubén García García

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Haiku de Rubén García García

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¿También te vas,
mariposa?
Invierno atroz.

El beso por Rubén García García

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Hace millones de años besé tu boca

y fuimos flor en la planicie de los hongos.

Beso helecho.

Beso anfibio que respiró en tus lagunas;

que lo repite el toc toc del pájaro carpintero.

Mi beso es ave que se hunde

Es golpe y susurro al caer la cascada.

En la media noche de Rubén García García

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Afuera brincaba la lluvia fría en los pinares. En la cabaña un quinqué que hacía fulgir un espejo roto. Mi mano fina rodeaba tu cintura y mi cuerpo se adosaba al tuyo. Un golpe con tu codo en mis costillas me recordaba que había que vestirse. Decidí quedarme, por la mañana me iría antes de que llegasen sus padres. Ella asustada me decía «¿y si no despertamos?, es la tercera vez que te quedas». «Siempre tenemos la excusa de que somos amigas y que no pude embarcarme en el autobús de media noche. Aunque creo que lo saben… ¿No crees que es hora de platicar con ellos»

Micro fábula de Rubén García García

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Reflejos de Rubén García García

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Soy un hombre que responde al botepronto. Platica mi esposa con alguno de mis hijos y sueltan alguna palabra y de inmediato lo asocio con un hecho que sucedió, y en un silencio tomo la palabra. Me escuchan y uno de ellos me dice: «eso ya lo ha contado papá». Callo y me cuestiono. ¿lo habré contado? ¿quizá soy un hombre de recuerdos e ideas repetitivas? Me levanto de la mesa, camino distraído por el sendero que lleva a la arboleda, voy de un lado a otro y me siento en un tronco. Llega mi esposa, me toma del hombro y me dice: «tu cripta es la que está debajo de la Guásima»