Sendero
Migran las aves,
blanca y doblada rama
por el invierno.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
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Migran las aves,
blanca y doblada rama
por el invierno.

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Ella me dijo, quédate un rato más y le hice caso. Después de que no hubo presupuesto para la torre de Babel, se fue con alguno de los trabajadores que le prometió los jardines de Babilonia

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El huracán levantó de la selva cientos de iguanas, que formaron una franja de verde antiguo. Enorme espectáculo que pensé que eran crías de Dinosaurio festejando a Monterroso.

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Collares de agua
hay entre las telarañas.
El frío quema.

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Teje que teje
la oruga en el cerezo.
La barca va.


Llevo un par de semanas dándole vueltas a varios temas… Sobre como enfocarlos, y como darles salida… Y en realidad, todos están entre mezclados… Tienen relación, de una manera u otra. y como no veo la manera de ordenarlos, lo mejor será ir escribiendo y a ver que sale. Desde la leucemia, mi vida ha […]
Reflexiones para el año nuevo (I) — Rebe & Miau
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La garza blanca
picotea en el pantano.
Ramo de dátiles.

Tengo por fortuna a mi madre con vida. 96 años, privilegiada mente, con recuerdos presentes y pasados. Mi padre murió de un cáncer que en nuestros tiempos hubiese sido curable. Soy el mayor de cuatro hermanos, a quienes amo. Progenitor de cuatro hijos, y cuatro nietos. De profesión me recibí de médico y despues hice una maestría en salud pública. Desde mi adolescencia me daba por escribir ocasionalmente. En los primeros años del 2000 me dio por hacerlo con más frecuencia y rigor. Actualmente sé que me falta, si comparase la narrativa con mi profesión, sería un auxiliar de médico. No me siento satisfecho. Tal vez nunca lo esté. Lo hago por la sencilla razón de que me gusta, si no lo hiciera me consumiría en el laberinto de mi mente.
Mi nacimiento si la escribiese sería una narración extensa salpicada de risas drama y coincidencias, pero solo sería una narración sin chispa.
La vida me ha permitido vivir mucho más de lo que vivió mi padre. Y la inmensa felicidad de ver con vida a mi madre, ninguno de mis hermanos ha muerto, mis hijos y nietos me hacen sentir la vida en su grandeza. Molesta, que nuestra madre tierra agonice, que los que vivimos, hacemos muy poco para socorrerla. Me hieren tantos incendios de bosques, tantas amenazas de guerra por parte de los mandatarios. Tanto avance tecnológico no ha servido para respetarnos entre nosotros. Nuestro interior sigue atado a lo peor del cavernícola que puede justificarse. ¿Cuántos años de paz ha gozado la tierra? les aseguro que muy pocos.
Me rompe el corazón que si vamos en la misma nave sigamos discutiendo temas intrascendentes, cuando el final quizá se encuentre a la vuelta de la esquina.
Es cierto cumplo años, pero no encuentro motivos para festejarlos. El abrazo de mis amores me consuela, pero no es suficiente, Creo que el hombre ha aprendido a no aprehender. Para los de mi época «no les ha caído el veinte»*

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Llegaron al río las lavanderas de ropa con su chorcha de hijos, cargan la maleta pesada; y las crías lo que pueden. Cada una tiene su sitio, piedras dispersas que el tiempo modeló como bateas. Muchos varones se fueron a su milpa, otros a cuidar el ganado del patrón y algunos más agarraron camino hacia no sé dónde. La chamacada disfruta. Los grandes cuidan a los chicos, que miran curiosos el ir y venir de los peces. Los zopilotes vuelan en círculo, una parvada de cotorros cruza el cielo gritando y se posan en la arboleda que crece por la cañada. La corriente va, tropieza, y su murmullo es un rezo que nadie escucha. Un cuerpo con pantalón de mezclilla con la panza descubierta es arrastrado por la fuerza del agua. Una de las mujeres se da cuenta, avisa a las demás. No hay que afligirse, el muerto no es del lugar, es del algún pueblo de la serranía. Saben que abajo el ahogado quedará varado entre lajas, alguien lo verá y dará parte a la autoridad, que ya estarán llegando a la cantina de Don Julio, para protegerse contra el sopor de la tarde. Se despacha mejor allí, con una cerveza fría en la mano, que en la polvosa oficina.

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El sillón cruje cada vez que te meces. Los recuerdos te asaltan. Y la náusea, la corrupción, lo servil. se abren paso. “Trabajas” porque sientes que tu labor de líder es esencial. Tienes miedo a que tu orden sea menospreciada. Nada es para siempre, dices, pero deseas alargar el tiempo hasta el fin. Te levantas enérgico y repites que mañana serás otro hombre. Balanceas con coraje y la poltrona se rompe. Tu cuerpo inmenso queda atorado. ¡Uf, mira como el machete del jardinero te ha traspasado! ayer lo despediste porque cortó la enredadera que en su floración era tu remanso. A un lado de tu mano está la lima que tú le diste para que le diera filo. Sí, que hizo buen trabajo. Qué cosas, ordenaste que deseabas estar solo… y tu palabra se cumple. Mariquita, tu esposa, está en la iglesia. Cada vez más lejano se oye el berraco gemir.

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En la neblina
los pájaros chillan.
Briza de mar.

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Bastó un balazo, y fue viuda esa noche. Mañana será un día agitado. Su lavado de dientes, la bata rosa de franela y las tres aves maría para ahuyentar las pesadillas.