sendero
Vuelve del mar
agotado y sin peces.
Solo mudas sirenas
cantaron para él

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Puede ser excepcional mente medida o bien verso libre, abarca diferentes temas pero cargado hacia el amor o desamor.
sendero
Vuelve del mar
agotado y sin peces.
Solo mudas sirenas
cantaron para él

Sendero
Hubo una mujer que te decía lluvia, apasionada.
Por las tardes, cuando los pájaros volaban en bandada buscabas sus versos.
Tardes inmensas, abrasadoras, que envejecían lentas, piras, carbones errantes, sándalo a la memoria.
llegó el sol de nieve, se fue el agua, cayó la hoja dejando huecos donde antes había murmullos.
Se fue la tarde, los patos, la rosa, y la pupila se vio los gansos.
El adiós tiene terrones con sonidos de un mar prehistórico.
Al abrir el libro queda el esqueleto de una hoja dejada por descuido.

Sendero
Nacieron en mi arca
blancas como las mujeres que he amado.
si hubo sombras fue sólo entre nuestros cuerpos.

Sendero
Murió el poeta,
y había en el silencio…
su voz, sus pasos...


Sendero
El píe pulcro hinca
el talón sobre la cucaracha.
A media noche
la chinche besucona*
besa sus labios.
Y en silencio se va.
*La Triatoma sanguisuga, a menudo llamada «chinche besucona» porque generalmente pica alrededor de los ojos y la boca, puede transmitir un parásito llamado Trypanosoma cruzi. El parásito causa la enfermedad de Chagas, que puede tener complicaciones cardíacas y gastrointestinales graves.
Sendero
Vendo o cambio
cuna jamás usada.
Madre soltera.

sendero
Trémulas hojas,
golpeadas por la lluvia,
zangoloteadas.
Con las raíces húmedas
el botón se abre
y la rueda amarilla
sigue el calor del sol.

sendero
Cuando eras joven
el tiempo era inmenso;
hoy es brevedad.
Sendero
danza tu pelo
el cascanueces en mi escenario,
y el lino de la cortina
ondulante te acompaña.
sendero
Entre las sábanas
escucho tus latidos.
Vine a verte.
sendero
Tu cabello caía lacio
y en tu frente el festejo de las bengalas,
era un pez en tu fluidez,
y fuimos selva gacela y felino,
Eres, soy, fuimos.
Es mi paraísoy nadie puede expulsarme;
solo el olvido y la muerte,
y ni ellos.
El día se ha ido…
Rubén García García
Miraba el mar. Cada ola, un verso. «seré como Amado Nervo», o quiza mejor pensaba de joven: tendré que empezar de cero» Muchos años después, mi mejor endecasílabo estaba a mucha distancia de lo hecho por el gran poeta. Con el ocaso sobre mis espaldas, percibí el enorme peso de aquellas palabras. y despedí mi propósito. El sueño nunca lo he abandonado. Asi que persisto, con lo inalcanzable.
MUY CERCA DE MI OCASO DE AMADO NERVO
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz.

Sendero
Minutos antes de que abra la noche: hay un catálogo de sepias. Las nubes obesas se arrastran parapléjicas.
El sol muerto aún tiembla y deja en el aire una respiración comatosa.
A la vera del río hay un ajedrez de piedras que se niegan a perder su destello.
El perfil de los montes se oculta. Es el azul profundo de la tierra que lo asfixia con su gel.
El río corre dando golpes y construyendo remolinos.
El chapoteo del agua anima el canto de las ranas.
La noche se vuelve silencio.
lo que mi piel escucha es el silbido profundo de la serpiente.
Nada de qué preocuparse.
Es el bostezo de un día que termina.
Sendero
Felicidades, día de la mujer
Gracias por situarme sobre tu corazón. Amamantarnos.
Por tu mano tierna
Tu voz de nana.
Gracias por levantarse a deshoras y sonreír.
Por enseñarme las estrellas, la luna, los duendes.
Por el dolor inefable cuando enfermé;
en mis días grises.
Gracias por caminar contigo, con tus valores.
¡cuánto te debo, y cómo te pago.
Rubén García García