El danzón,Veracruz y Cantinflas

Plaza de armas en el puerto de Veracruz México
veracruzEl danzón es un ritmo y un baile de origen cubano creado por el compositor matancero Miguel Faílde (1852-1921) próximo al año 1879 y engendrado por otro género cubano. Arquetipo de la música popular. La historia es extensa y no es el objetivo recrearla.
En Veracruz tomó acata de nacimiento y el pueblo lo hizo suyo, tan es así que se llevo a las alturas de lo clásico con una obra de Danzon no 2 de Arturo Márquez ya  parte del menú de las grandes sinfónicas.
Los domingo en la plaza, bajo el kiosko los músicos  afinan y dan paso a la cadencia y ritmo del  danzón. Los parroquianos salen  en busca de la pareja y a bailar, esto sucede en todas las plazas del estado. Es bailado por el pueblo. Sin duda un fenómeno social.
Les dejo dos videos uno del Ballet folclórico y el otro un danzón al estilo Cantinflas.

Don Samuel Chiste

Va Samuel, al Banco Israelita.
— Buenos días señor Samuel, lo saluda el cajero.
— Buenos días. Vengo a sacar un crédito por un dólar.
  —¿Un dólar?  Señor Samuel, ¿le retiro el dinero de cualquiera de sus cuentas?
 — Si no me dan el crédito, retiro mi inversión, y el efectvo.
 — Don Samuel, no es para tanto, si usted quiere el crédito se lo damos.
 – ¿Cuánto es interés?
 – 3% Mensual.
 – Esta bien, pero quiero dejar en garantía de pago mi BMW.
 – No Don Samuel, no es necesario con sus cuentas es más que suficiente.
 – Si no dejo mi auto de garantía, retiro mi  inversión, retiro todo.
 – Esta bien Samuel, puede dejar su BMW en garantía en el estacionamiento del Banco hasta dentro de 30 días.
 – ¡Perfecto!
 Vuelve Samuel a su casa y le dice a su esposa:
—Ruth, Ruth, ya podemos tener vacaciones tranquilas, conseguí estacionamiento por $ 3,80 el mes completo.
retrato

Despedida y dolor

Lo nuestro es un pañuelo agitándose.
No depende de mí.
Lo acepto.
Agacho la cabeza, cierro los ojos y entiendo.
Pasará
como pasan los dolores;
al fin y al cabo,
la vida también golpea al mazo..
algo debo de pagar a la vida.

mar y pareja

El Siquisiri Tlen Huicani en el auditorio nacional

El huapango de Moncayo es una obra clásica que identifica a México, La obra musical tiene sus bases en los sones que se cantaban y cantan en la zona sur del estado de Veracruz. El siquisiri  son jarocho es uno de los pilares de la obra citada, se las expongo con el propósito de dar a conocer canciones que nunca estarán en las listas de música internacionales.

 

tlen huicani

El informe médico

quierofanoTenemos buenas noticias para Ud señor Rosales,  la mancha rosada del pene no era gangrena, sino lápiz labial.
 Atentamente. El Equipo de Patología
 P.D.: Lamentamos la amputación. 

 

 

Por el hospital

Los pasillos del hospital se iluminan con luz fría. la gente va o viene. El camillero  lleva una embarazada, o un herido desangrándose hacia el quirófano. Se oye la prisa de la enfermera con su carro de medicinas porque hay un enfermo infartado. Por los pasillos caminan los familiares deshechos en silencio, otros, callando gemidos con el pañuelo en la boca. Van y vienen penas. esperanzas. Las embarazadas caminan de un lado a otro, cargando el peso de su hijo por nacer, en silencio, piden a la virgen que el niño no llegue mal hecho. Por los pasillos corren historias, pocas de alegría. En los pasillos que dan a la sala de espera de urgencias, hay preocupación, angustia y una miríada de oraciones que buscan salida empujándose hacia el cielo.niña enferma.jpg

Tlen Huicani El cascabel

 

El Son de Veracruz dará paso a una obra magistral que es el huapango de Moncayo que esta basada en la música popular del Estado. Deleitense con el arpa.  El grupo pertenece a la Universidad Veracruzana.

tlen huicani

La Abuela y los abogados en la corte

Los Abogados jamás deberían hacerle una pregunta a una abuela  sí no se encuentran preparados para la respuesta.
Durante un juicio, en un pequeño pueblo de Texas, el abogado acusador, llamó al estrado a su primer testigo, una mujer de avanzada edad. El Abogado preguntó, «Sra. Sánchez, ¿sabe quién soy?»
«Si, lo conozco Sr. Williams.
Lo conozco desde que era un niño y francamente le digo que usted resultó ser una gran decepción. Siempre miente, engaña a su esposa y, lo peor de todo, manipula a las personas. Se cree el mejor de todos cuando en realidad no es usted nadie. Si, lo conozco… pendejo.»
El Abogado estaba perplejo. Sin saber exactamente qué hacer. Apuntando hacía el fondo de la sala le preguntó a la Sra. Sánchez, «¿Conoce al Abogado de la defensa?» Nuevamente ella respondió, «Claro que sí”. También conozco al Sr. Rodríguez desde que era un niño. Él es flojo y medio marica, y tiene un problema con la bebida. No puede tener una relación normal con nadie y es el peor Abogado del Estado. Sin mencionar que engaño a su esposa con tres putas diferentes. Una de ellas era la esposa suya. ¿Recuerda? Yo lo conozco al Sr. Rodríguez, su mamá tampoco está orgullosa de el.» El Abogado de la defensa casi cae muerto.
Entonces el Juez llama a los dos Abogados para que se acerquen al estrado y les dice: «Si alguno de ustedes imbéciles, le pregunta a esta vieja si me conoce a mí, lo mando a la silla eléctrica.

juicio

 

La graduación

La pelota hizo una parábola, llegó al ángulo de la portería. «gol gritó el respetable.»El portero inmóvil; la pelota rebotó en una fina malla tejida en el ángulo. La araña aprobó el examen final y se fue a festejar.

Fútbol

Mario

Paaul Cezanne
Paul Cezanne
No contuvo la molestia cuando escuchó que tocaban a la puerta y abrió con enojo. Se trataba de un joven imberbe, que traía un arreglo floral; pensó que se había equivocado de dirección.
— ¿Aquí vive la Señora Celia Basan?
— Sí.
— Traigo flores para ella.
Lo hizo pasar, para que situara el cesto floral.
— ¿Dónde tengo que firmar? Agregó con tono seco.
Quedó perpleja. Sus ojos se perdieron entre los amarillos: una hermosa combinación de girasoles y margaritas y en la base, unas azucenas que gritaban olorosas. “¿Quién me las habrá enviado? Mis dos hijos radican fuera del país”
La voz del muchacho la volvió.
— No tiene que firmar en ningún lado y esto es para usted.
Tomó el sobre percudido que el muchacho le extendía y al abrirlo, aspiró un sutil aroma a lavanda. En el interior, había una moneda de plata y una carta escrita a puño y letra:
Estimada Celia:
Me hubiera gustado despedirme de manera personal, sin embargo, mi salud no me lo permite. Antes de que mi entendimiento se desvíe, quiero agradecerte los momentos que le dieron sentido a mi vida. Aún conservo vivo el recuerdo de tu partida. Lo acepté con pesadumbre, pues anhelaba compartir el último trayecto de mi vida junto a ti. Pero, ante todo, debía respetar tu decisión de vivir sola.
He estado pendiente de ti, sin que te percataras. Me han dado alegría los títulos que has conseguido y el reconocimiento que la sociedad científica te ha otorgado. He asistido sin estar a la boda de tus hijos y te he acompañado en momentos de dolor. Una vez te dije que el amor se mide más por los días oscuros que por los radiantes. ¿Recuerdas la moneda que te gustó y en el último instante no la compraste? La adquirí pensando que algún día te daría una sorpresa, y ésta es la ocasión. El grabado que lleva te recordó a un ser querido, ahora espero que por ella me recuerdes. El ramo de flores que el joven acaba de entregarte, lo ordené antes de escribirte esta despedida. Aprovecho para decirte quién es.
Su nombre es Mario. Me hice cargo de él cuando doña Carmen, su madre de crianza, murió. Fue una promesa que acepté. Le obsequié lo mejor para afrontar la vida.
Mario ha visto las fotos en que estamos juntos. Hoy que estoy delicado de salud, desearía que te ocuparas de él. En caso de que tu respuesta sea negativa, no te preocupes, él ha sido aceptado en una universidad de prestigio, y tiene un seguro a su nombre que lo protege hasta un año después de su titulación. Sólo prométeme que de vez en cuando le hablarás por teléfono. Si quieres asistirlo, te aseguro que es un joven educado y sensible.
Hasta siempre mi bella amiga.
Celia no pudo evitar una respiración entrecortada y habló con dificultad.
—Vamos a la sala de estar.
Le ofreció un té a Mario y se enteró de los últimos días de su querido amigo. La carta la puso en su pecho, y el disco, en un compartimiento secreto de su monedero. Ya repuesta, mencionó.
— Soy una mujer complicada que ama la soledad; sería difícil hacerme cargo de ti, pero estaré pendiente de tus estudios. Te acompañaré a instalarte y considera tuya mi casa. ¿Dónde dejaste tu equipaje?
—Lo dejé en el pasillo.
Mientras iba por él, observó su cuerpo esbelto, con una sutil agilidad. Regresó con una maleta que parecía portafolio escolar. Poco después merendaban. En la cocina se colaba una ventisca fría, y Mario se levantó a cerrar la ventana percatándose de un desajuste. Observó y manipulando con habilidad hizo correr la hoja.
— ¿Mañana saldrá a caminar? Le preguntó, dándole a entender que podría cambiar el clima.
—No me asustan estas ventiscas.
Antes de retirarse a descansar, le dio un beso en la mejilla y dijo en voz baja “gracias”. La fragancia de su perfume la condujo por un camino de abetos que noches atrás había presentido en el sueño.
Ella marchaba por las callejuelas entre penumbras. “La ciudad es bella; se escucha el frotar de las escobas sobre las piedras de las calles, algún vehículo en la lejanía que rompe el oscuro silencio. ¡Las estrellas titilan tan cerca de uno! Tengo sesenta y tantos años y mi salud es envidiable.”
Miró al cielo buscando a su acompañante, la luna estaba oculta por las nubes. En el trayecto pensó en Mario y la envolvió el recuerdo de aquellos días, sin embargo, se dijo una vez más que la decisión de vivir sola fue acertada.
Mario la esperaba con una toalla y un vaso con jugo de frutas. Ella sonrió y fue a ducharse. El agua hervía en la tetera, en la sartén se cocían unas ricas galletas de harina con aroma a naranja. Poco después se percató de que él lucía como dispuesto a salir de paseo.
— ¿Vas a recorrer la ciudad?
—Será en otro momento. El tiempo va a cambiar, quizá haya necesidad de hacer compras, deseo acompañarla si usted lo permite.
—Magnífico, iremos de compras, ¡me revienta!, pero es necesario ir.
Cuando estaba por abrir el vehículo…
—Déjeme manejar. Soy buen chofer. —le dijo.
Lo miró a los ojos y encontró seguridad. Le dio las llaves y se sentó a su lado. Fue guiándolo por las avenidas y poco a poco sus temores se diluyeron. Cuando compraban víveres frescos recordó a sus hijos y la obligación se transformó en un paseo. El tiempo alcanzó para enseñarle la ciudad y terminaron riéndose en una cafetería de la plaza central.
Muy en la mañana, calzó tenis, tomó su monedero y salió despreciando el frío. Trotaba por la cuesta que va a la iglesia, cuando escuchó otra zancada. Instintivamente miró hacia atrás, y sólo había pedazos de niebla. Se detuvo un instante y quedó el silencio. Reinició, y entre el sonar de su respiración, atendió de nuevo el trote de otros pasos, no eran los suyos, no venían de atrás, tampoco iban delante, sino que los oía por sus pies. Miró hacia abajo y se dijo “estoy loquita”. Llegando a la cúspide, perdió el equilibrio, unos segundos después, también se iría la conciencia.
Más tarde recordaría: “Cuando avanzaba sobre la cuesta, escuché otra pisada distinta a la mía; el ritmo no era el mismo. Adyacente a la iglesia, de unas escaleras que conducen a una construcción milenaria, emergió una silueta que detuvo mi caída. Me acostó y frotó los pulsos del cuello, al mismo tiempo que rezaba. Aún percibo el olor de hierbas y la paz que siguió después de la oración”.
Evocó con claridad el ulular de la ambulancia, de cómo fue trasladada al hospital y los estudios a los que fue sometida. Sólo escuchaba lo importante, el resto era el tiempo interminable, que la hacía ensoñar, reír, llorar, compadecerse, emocionarse. Era vivir de otro modo.
Tres días después, la voz de su hija le acariciaba la mejilla y la alegría la transformó en una ola depositada en la playa.
— ¡Mamá qué lindo está el día!, hay un olor de durazno que revolotea y que tienes que sentirlos. Dime que los hueles mamá.
—Siento el aroma hija…
— ¡Mamá, has regresado! ¡Dios, qué alegría! ¡Mi hermano viene en camino, le dará tanto gusto!
En el hogar caminaba reconociendo el departamento, aún quedaba espuma en el entendimiento. Fue hacia la pieza donde había estado Mario y encontró a su hija profundamente dormida. Cierta vez lo mencionó, pero leyó en los ojos de sus hijos una interrogación. Platicaban que algún velador la encontró y dio parte a los servicios de urgencia.
Meses después, reestablecida, contestó el teléfono.
— ¿Sra. Bazán?
—Sí.
— ¿Estuvo internada en el hospital los días….?
—Sí.
—Hay un monedero que no sabemos de quién es, si es suyo, descríbalo por favor.
—Es pequeño, color negro, de piel, con cierre marrón.
— Puede venir por él…
Cuando lo tuvo, recordó que lo llevaba en el bolso del short. Una luz apremió a que hurgara en el compartimiento secreto, al golpearlo salió rodando por el piso una moneda de plata que giraba, pero al detenerse quedó de canto y rodó hacia ella, hasta guarecerse entre sus dedos.
Al día siguiente se levantó con deseos de saborear dulce de coco y encontró una pequeña porción en la alacena, puso la tetera sobre la estufa, sentada esperó a que se calentara el agua. El monedero apareció sobre la mesa y distraída sacó la moneda, la hizo virar, ésta dio vueltas por toda la superficie, detuvo su movimiento al encontrarse entre sus dedos. Lo volvió a hacer obteniendo el mismo resultado. La siguiente vez, escondió las manos, la rondana daba miles de giros. Habían pasado algunos minutos y seguía. Puso su mano en un extremo de la mesa y ésta fue atraída metiéndose entre los dedos. La llevó hasta su boca, la besó, y sonrió luminosamente.

Diálogo con la madre

La señora frente al tocador maquillándose.
—Mamá…mamá, 
— Dime, hijo, ¿quieres que te explique algo de la tarea?
— No., quiero preguntarte ¿porqué tengo los ojos rasgados, soy de piel negra y mi papá es blanco?
—¿Quieres la verdad?
—Sí mamá, ya no aguanto a mis amigos de la escuela secundaria.
Hubo una convención internacional y me invitaron a la fiesta. Había de todas las bebidas, también todas las  drogas y casi todas las razas. Aquello que empezó con etiqueta se convirtió en un aquelarre, nada, fue todos contra todos. Uff  no supe ni  como salí, pero dale gracias a dios que no ladras.

Ccezanne