Mi canto de Jaim N Bialik Israel

«Mi canto»
«¿Sabes tú de quién aprendí yo a cantar?…»
«…Aquel cantor fue el grillo, poeta de la miseria.
Se asemejaba el sábado a una jornada común;
la mesa sin «jalá» y el vino santificados,
y, en vez de los candelabros, empeñados,
la luz de magras velas pegadas en la arcilla
danzaba en las paredes. Siete niños hambrientos
rodeaban, somnolientos,
la mesa, y nuestra madre oía con angustia
los cánticos sagrados de añeja melodía.
Y, con el alma mustia,
y humillado, y vencido nuestro padre servía
pedazos de pan negro y de arenque salado
con un viejo cuchillo, de filo ya embotado.
Nosotros masticábamos el pan reseco y soso,
pan de la humillación, con lágrimas mojado
y tragado de prisa, con gesto vergonzoso.
Después, acompañábamos al padre en la canción
con muerto corazón y con vientre sonoro.
Mientras que nuestro grillo se unía a nuestro coro,
modulando su estrofa en su oscuro rincón».

jaim-najman-bialik-1873-1934-el-10-de-lirot-1968-billete-de-israel-poeta-judío

Traducción: Rebeca Mactas de Polak

https://www.delacole.com/cgi-perl/notas/vernota.cgi?nota=bialik

Apalabrados de Juan Antonio Vázquez

Como de costumbre el doctor colmó sus expectativas con esa profusa atención que testimoniaba su fruncido entrecejo, su camisa escrupulosamente abotonada, el impecable nudo de la corbata y ese nervioso garabatear con el que había tomado notas mientras él hablaba.
–Los sueños son como los bailes de máscaras –empezó diciendo –.Nadie es quien aparenta ser.
Lucas compuso una media sonrisa de incomprensión.
–Le pondré un ejemplo –continuó –. El abad asesinado que aparecía en su sueño nos señala su rechazo inconsciente a la boda en ciernes con… ¿María se llama su futura esposa?
Asintió con la cabeza.
–El pulpo representa los obstáculos que ha encontrado durante los preparativos. El tiburón volador en realidad es alguien por quien se siente amenazado; probablemente el exnovio de María.
–¿Y el buitre? –preguntó.
El psicólogo se llevó la punta del lápiz a la barbilla y se quedó pensativo durante unos segundos.
–No lo sé –contestó al fin –.Esa máscara era realmente buena.
Luego volvió al crucigrama que disimulaba dentro de su libreta. Incauto, que se deja estafar fácilmente. Ocho letras : «pardillo».
–Si pasa al mostrador María le cobrará, señor Lucas.
Como siempre, al despedirlo, desplegó sus brazos para darle un afectuoso achuchón.

Entrevista

El encanto anónimo Chino

Ch´ienniang era la hija del señor Chang Yi, funcionario de Hunan. Tenía un primo llamado Wang Chu, que era un joven inteligente y apuesto. Habían crecido juntos y, como el señor Chang Yi quería mucho al muchacho, dijo que lo aceptaría de yerno. Ambos escucharon la promesa, y como estaban siempre juntos, el amor aumentó día a día. Ya no eran niños y llegaron a tener relaciones íntimas. Desgraciadamente, el padre no lo advirtió. Un día un joven funcionario le pidió la mano de su hija y el señor Chang Yi , olvidando su antigua promesa, consintió.
Ch´ienniang, debiendo elegir entre el amor y el respeto que le debía a su padre, estuvo a punto de morir de pena, y el joven estaba tan despechado que decidió abandonar el país para no ver a su novia casada con otro. Inventó un pretexto y le comunicó a su tío que debía marchar a la capital. Como el tío no logró disuadirlo, le dio dinero, regalos, y le ofreció una fiesta de despedida. Wang Chu, desesperado, pasó cavilando todo el tiempo de la fiesta, diciéndose que era mejor partir y no empeñarse en un amor imposible.
Wang Chu se embarcó una tarde y había navegado unas millas cuando cayó la noche. Le dijo al marinero que amarrara la embarcación y que descansaran, pero por más que se esforzó no pudo conciliar el sueño. Hacia la medianoche, oyó pasos que se acercaban. Se incorporó y preguntó:
-¿Quién anda ahí, a estas horas de la noche?
-Soy yo, soy Ch´ienniang.
Sorprendido y feliz, Wang Chu la hizo entrar a la embarcación. Ella le dijo que el padre había sido injusto con él y que no podía resignarse a la separación. También ella había temido que Wang Chu, en su desesperación, se viera arrastrado al suicidio. Por eso había desafiado la cólera de los padres y la reprobación de la gente y había venido para seguirlo a donde fuera. Ambos, muy dichosos, prosiguieron el viaje a Szechuen.
Pasaron cinco años de felicidad y ella le dio dos hijos. Pero no llegaban noticias de la familia y Ch´ienniang pensaba cada vez más en su padre. Ésta era la única nube en su felicidad. Ignoraba si sus padres vivían o no, y una noche le confió a Wang Chu su pena.
-Eres una buena hija -dijo él- ya han pasado cinco años y se les debe de haber pasado el enojo. Volvamos a casa.
Ch´ienniang se regocijó y se aprestaron a regresar con los niños.
Cuando la embarcación llegó a la ciudad natal, Wang Chu le dijo a Ch´ienniang.
-No sabemos cómo encontraremos a tus padres. Déjame ir antes a averiguarlo.
Al divisar la casa, sintió que el corazón le latía. Wang Chu vio a su suegro, se arrodilló, hizo una reverencia y pidió perdón. Chang Yi lo miró asombrado y le dijo:
-¿De qué hablas? Hace cinco años Ch´ienniang está en cama y sin conciencia. No se ha levantado una sola vez.
-No comprendo -dijo Wang Chu- ella está perfectamente sana y nos espera a bordo.
Chang Yi no sabía qué pensar y mandó dos doncellas a ver a Ch´ienniang.
La encontraron sentada en la embarcación bien ataviada y contenta. Maravillada, las doncellas volvieron y aumentó el asombro de Chang Yi.
Entretanto, la enferma había oído las noticias y parecía haberse curado: sus ojos brillaban con una nueva luz. Abandonó el lecho y se vistió ante el espejo. Sonriendo y sin decir una palabra, se dirigió a la embarcación.
La que estaba a bordo iba hacia la casa: se encontraron en la orilla. Se abrazaron y los dos cuerpos se confundieron y sólo quedó una Ch´ienniang, joven y bella como siempre. Sus padres se regocijaron, pero ordenaron a los sirvientes que guardaran silencio, para evitar comentarios.
Por más de cuarenta años, Wang Chu y Ch´ienniang vivieron juntos y fueron felices.

mujer china

https://ciudadseva.com/texto/el-encanto-2/

Vives en dos mundos

 

piernas

foto del google

No estés triste, vives en dos mundos. Soy el de la noche que se
desliza por tus pestañas y después rodea tus muslos.

 

SEMANA DE VERDADES. Día 1: El dios de Shermer

Avatar de AlonaDeLarkNeurociencias divertidas

El 24 de mayo el blog de Neurociencias Divertidas cumple 6 meses. Claro que cuando recièn empecé, no tuve visitas, no tuve seguidores y no seguía yo a nadie porque no sabía cómo hacerlo. Verdad que llegué sin preparación alguna. Solo con las ideas en la mente para compartir. Mas o menos despues de un mes de la invisibilidad, por fin, entendí como funciona y salí a la luz. Como ya quizá se han dado cuenta, me gustan las fechas redondas , números especiales, aun sabiendo que los especiales los hago yo. En fin, esta semana, conmemorando los 6 meses de viaje en este barco, quiero pasar publicando pequeños textos sobre los hechos puntuales que me parecen curiosos, interesantes o fascinantes.

Michael Shermer es uno de los popularizados de la ciencia más sensato y crítico que conozco. Tiene la revista  Skeptik donde pueden encontrar una enorme cantidad de material…

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El nacimiento de un dios

Mucho honraban los Mexicas a Huitzilopochtli; sabían origen, su principio fue de esa manera:
En Coatepec, por el rumbo de Tula,
había estado viviendo,
allí habitaban una mujer
de nombre Coatlicue.
era madre de los 400 Surianos
y de una hermana de éstos
de nombre Coyolxauhqui.
Y esta Coatlicue allí hacía penitencia,
barría, tenía a su cargo el barrer,
así hacía penitencia,
en Coatepec, la Montaña de la Serpiente,
y una vez,
cuando barría Coatlicue,
sobre ella bajó un plumaje,
como una bola de plumas finas.
En seguida lo recogió Coatlicue,
lo colocó en su seno.
Cuando terminó de barrer,
buscó la pluma, que había colocado en su seno.
pero nada vio allí.
En ese momento Coatlicue quedó encinta.
A ver los 400 Surianos que su madre estaba encinta,
mucho se enojaron, dijeron:
–   «¿Quién le ha hecho esto?
¿Quién la dejó encinta?
Nos afrenta, nos deshonra».
Y su hermana Coyolxauhqui les dijo:
-«Hermanos, ella nos ha deshonrado
hemos de matar a nuestra madre,
la perversa que se encuentra ya encinta.
¿Quien le hizo lo que lleva en el seno?
Cuando supo esto Coatlicue,
mucho se espantó,
mucho se entristeció.
Pero su hijo Huitzilopochtli, que estaba en su seno,
le confrontaba, le decía:
-«No temas,
yo sé lo que tengo que hacer”.
Habiendo oído Coatlicue
las palabras de su hijo,
mucho se consoló,
se calmó su corazón,
se sintió tranquila.
Y entre tanto, los 400 Surianos
se juntaron para tomar acuerdo,
y determinaron a una
dar muerte a su madre,
porque ella los había infamado.
Estaban muy enojados,
estaban muy irritados,
como si su corazón se les fuera a salir.
Coyolxauhqui mucho los incitaba,
avivaba la ira de sus hermanos,
para que mataran a su madre.
Y  los 400 Surianos
se aprestaron,
se ataviaron para la guerra.
Y  estos 400 Surianos
eran como capitanes,
torcían y enredaban sus cabellos,
como guerreros arreglaban su cabellera.
Pero uno llamado Cuahuitlíac
era falso en sus palabras.
Lo que decían los 400 Surianos,
en seguida iba a decírselo,
iba a comunicárselo a Huitzilopochtli.
Y  Huitzilopochtli le respondía:
-«Ten cuidado, está vigilante,
tío mío, bien sé lo que tengo que hacer».
Y cuando finalmente estuvieron de acuerdo,
estuvieron resueltos los 400 Surianos
a matar, a acabar con su madre,
luego se pusieron en movimiento,
los guiaba Coyolxauhqui.
Iban bien robustecidos, ataviados,
guarnecidos para la guerra,
se distribuyeron entre sí sus vestidos de papel
su anecúyotl, sus brazaletes,                              ‘
sus colgajos de papel pintado,
se ataron campanillas en sus pantorrillas
las campanas llamadas oyohualli.
Sus flechas tenían puntas barbadas.
Luego se pusieron en movimiento,
iban en orden, en fila;
en ordenado escuadrón,
los guiaba Coyolxauhqui.
Pero Cuahuitlícac subió en seguida a la montaña,
para hablar desde allí a Huitzilopochtli,
le dijo:
-«Ya vienen.»
Huitzilopochtli le respondió:
–    «Mira bien por dónde vienen.»
Dijo entonces Cuahuitlícac:
-«Vienen ya por Tzompantitlan.»
Y  una vez más le dijo Huitzilopochtli:
-«¿Por dónde vienen ya?»
Cuahuitlícac le respondió:
-«Vienen ya por Coaxalpan.»
Y de nuevo Huitzilopochtli preguntó a Cuahutlícac:
-«Mira bien por dónde vienen.»
En seguida le contestó Cuahuitlícac:
-«Vienen ya por la cuesta de la montaña.»
Y todavía una vez más le dijo Huitzilopochtli:
-«Mira bien por dónde vienen.»
Entonces le dijo Cuahuitlícac:
-«Ya están en la cumbre, ya llegan,
los viene guiando Coyolxahuqui.»
En ese momento nació Huitzilopochtli,
se vistió sus atavíos,
su escudo de plumas de águila,
sus dardos, su lanzadardos azul,
el llamado lanzadardos de turquesa.
Se pintó su rostro
con franjas diagonales,
con el color llamado «pintura de niño».
Sobre su cabeza colocó plumas finas,
se puso sus orejeras.
Y uno de sus pies, el izquierdo, era enjuto,
llevaba una sandalia cubierta de plumas,
y sus dos piernas y sus dos brazos
‘os llevaba pintados de azul.
Y el llamado Tochancalqui
puso fuego a la serpiente hecha de teas llamadas Xiuhcóatl,
que obedecía a Huitzilopochtli.
Luego con ella hirió a Coyolxauqui,
le cortó la cabeza,
la cual vino a quedar abandonada,
en la ladera de Coatépetl,
montaña de la serpiente.
El cuerpo de Coyolxauhqui
fue rodando hacia abajo,
cayó hecho pedazos,
por diversas partes cayeron sus manos,
sus piernas, su cuerpo.
Entonces Huitzilopochtli se irguió,
persiguió a los 400 Surianos,
los fue acosando, los hizo dispersarse
desde la cumbre de Coatépetl, la montaña de la culebra.
Y cuando los había seguido
hasta el pie de la montaña,
los persiguió, los acosó cual conejos,
en torno de la montaña.
Cuatro veces los hizo dar vueltas.
En vano trataban de hacer algo en contra de él,
en vano se revolvían contra él
al son de los cascabeles
y hacían golpear sus escudos.
Nada pudieron hacer,
nada pudieron lograr,
con nada pudieron defenderse.
Huitzilopochtli los acosó, los ahuyentó,
los destrozó, los aniquiló, los anonadó.
Y entonces los dejó,
continuaba persiguiéndolos.
Pero ellos mucho le rogaban, le decían:
-«¡Basta ya!»
Pero Huitzilopochtli no se contentó con esto,
con fuerza se ensañaba contra ellos.
Los perseguía.
Sólo unos cuantos pudieron escapar de su presencia,
Pudieron liberarse de sus manos.
Se dirigieron hacia el sur
se llaman 400 Surianos,
los pocos que escaparon
de las manos de Huitzilopochtli.
Y cuando Huitzilopochtli les hubo dado muerte,
cuando hubo dado salida a su ira,
les quito sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl,
se los puso, se los apropió,
los incorporó a su destino,
hizo de ellos sus propias insignias.
Y este Huitzilopochtli, según se decía,
era un portento,
porque con sólo una pluma fina,
que cayó en el vientre de su madre Coatlicue,
fue concebido.
Nadie apareció jamás como su padre.
A él lo veneraban los mexicas,
le hacían sacrificios,
lo honraban y servían.
Y  Huitziiopochtli recompensaba
a quien así obraba.
Y su culto fue tomado de allí,
de Coatépec, la montaña de la serpiente,
como se practicaba desde los tiempos antiguos.

 

huitzilopchtli

*Tomado de Justino Fernández, «Una aproximación a Coyolxauhqui», Estudios de Cultura Náhuatl (México: UNAM, 1963), Vol. IV, pp 37-53

(Códice Florentino, Lib. III. Cap. I

Traducción directa del náhuatl hecha por

el Dr. Miguel León-Portilla)

Ven… de JOUMANA HADDAD

Ven
Recógela a flote en tus ojos.

Su jardín, fortaleza que exhala la intriga y dulce muerte que huele la presa. El diablo se siente allí en su casa.

Las miradas no pueden capturarla, ni los cálices: mujer de brumas, de incertidumbres y de fantasías. Mujer de caídas también.
Sobre su piel una infinitud de continentes desconocidos se mueven. Cada guijarro es un falso juramento, liso como las esperas vistas de lejos, y cada mano, cada mañana, son viajes. ¡Pero cuántas trayectorias horizontales y cuán pocas escaladas!

Ven
Clava tus cimas en sus abismos.

Tan púdica que se refugia en las palabras obscenas, insolente hasta el punto de enrojecer gritando su fuego. Guerrera amadora, amazona de carrera, lanza como flechas sus palabras y sus flechas le retornan cargadas de presas.

Habla todas las lenguas de la noche pero escribe sobre todo con las uñas. Escribe en el cuerpo mismo. Malditos son los dedos que no pueden descifrar los timbres puntiagudos de su éxtasis. Del escote de sus gemidos se elevan músicas, cantos, rumores y murmullos. Violín en erupción, busca el carpintero de notas que sabrá hacer vibrar las cuerdas.

JOUMANA HADDAD

Una mujer camina dentro de mí

Nadie ha leído mi taza
sin que sepa que eres mi amada,
nadie ha estudiado las rayas de mi mano
sin que descubra las cuatro letras de tu nombre.
Todo se puede negar
salvo el olor de la mujer amada,
todo se puede disimular
salvo los pasos de la mujer que se mueve dentro de nosotros,
todo se puede discutir
salvo tu feminidad.
¿Dónde ocultarte, amor mío?
Si somos dos bosques que arden,
y todas las cámaras de televisión están fijas en nosotros.
¿Dónde esconderte, amor mío?
Si todos los periodistas quieren convertirte
en la estrella de las portadas,
y a mí en un héroe griego
y en un escándalo gráfico.
¿Dónde llevarte?
¿Dónde me llevarás?
Si todos los cafés conocen de memoria nuestra cara,
todos los hoteles conocen de memoria nuestro nombre
y todas las aceras conocen de memoria la música de nuestros pasos.
Estamos al descubierto como una terraza marina
y nos observan como a dos peces dorados
en una vasija de cristal.

Siéntate conmigo un momento
para acordar una forma de amar

en la que no seas mi esclava
ni yo una pequeña posesión
en la lista de tus colonias
que no cesa, desde el siglo diecisiete,
de reivindicar ante tus pechos la liberación.
Pero no escuchan,
no escuchan.
DATOS DEL AUTOR: Nizar Qabbani. Es un diplomático sirio, además de uno de los poetas árabes contemporáneos de más prestigio. Nació en Damasco en 1923. Aunque era hijo de un pastelero, tuvo una buena educación y acabó matriculado en la Facultad Científica Nacional.
RETUSCHERAD
RETUSCHERAD

Joumana Haddad , rebelde, atea, poeta

La pantera escondida donde nacen los hombros

Ella tiene la cabellera más lejana que un placer que acaba de pasar y en la sonrisa mil promesas que no impiden la lluvia. Sus colores son una paleta de temblores, ya cicatriz de ondas, ya claro de cuchillo. Ningún cartero llama a su puerta porque no se le conoce morada. Tampoco se le conoce fin, porque es libre como un árbol.

Y como un árbol, sube.

Joumana Hadad

“Soy madre y soy poeta”, me decía con sencillez esta “furiosa escritora arabe”, en su acristalado despacho, abarrotado de libros de todas las lenguas, del diario An Nahar.Tiene a sus hijos siempre presentes , y los citaba al final de su lista de agradecimiento de su famoso libro Yo mate a Shrerezade. “Gracias a ellos -escribió- a Munir y a Onsi por enseñarme todos los días como merecerlos más,  como madre, como mujer, como ser humano.”
Primero fue poeta. A los veinticuatro años publicó el libro en francés Le temps d’un reve . Desde los quince escribía un articulo semanal para el diario Le Reveil, recibido con satisfacción en su familia, cuyo padre poseía una gran biblioteca. Después compuso sus poemas en árabe, algunos traducidos al castellano como El tiempo del sueño, Invitación a una cena secreta o El retorno de Lilith.
Allí donde el río se incendia es una antología sobre la poesía contemporánea libanesa, traducida al castellano por la misma Jumana Haddad. En su prólogo evocaba el fructífero ambiente cultural de Beirut de la década de los sesenta con la publicación la revista Shir fundada por Yusef El Khal cuando comenzó la renovación poética de la literatura árabe. En sus páginas se dieron a conocer Adonis, varias veces propuesto para el premio Nobel, Onsi El Hange, Chauki Abi Chakra, Fuad Rifka. Poetas del sueño y de la libertad, muy influidos por el surrealismo que rompieron el estancado estilo tradicional.
Lilith es una criatura femenina mitológica que atraviesa sus poemas, y sus ensayos como Yo maté a Sherezade. Mata ala heroína de las Mil y una noches porque es símbolo de la sumisión al sultán, porque estaba percatada de que era una “conspiración contra la mujer árabe y en general la mujer”. Sherezade y Eva son dos prototipos femeninos impuestos por la hegemonía masculina. Joumana reivindica a Lilith -cuyo nombre quiere decir en árabe, la noche- que fue creada en otra mitología anterior por Dios a la par que el hombre, y que se rebeló y abandonó el paraíso, provocando la desazón y el malestar de Adán de cuya costilla hizo Dios a Eva.
Con Yo maté a Sherezade traducido a diecisiete lenguas consiguió un éxito internacional. Si Sherezadee, con textos como Mujer árabe que lee al Marques de Sade Mujer árabe que no teme provocar a Allah, compuso un alegato contra los prejuicios contra la mujer árabe, su posterior obra Superman es árabe fue un manifiesto contra la invención del machismo, la batalla de los sexos o la invención de la castidad. Escribió primero estas obras en inglés antes de verterlas al árabe. Hubo gente que le advirtió del peligro de hacerlo porque proclamaba claramente su ateísmo.
Jumana Haddad trabaja en An Nahar desde hace diecisiete años como crítica literaria. Como poeta y escritora goza de una gran audiencia en los paises árabes y en Occidente. Una revista del Oriente Medio la ha declarado una de las mujeres árabes mas influyentes. En 2009 creó una lujosa revista de papel couché titulada Jaassad (Cuerpo,  en árabe) que rompió los arraigados tabúes sexuales de esta sociedad hipócrita y conservadora. La revista que se vendía al precio de diez dólares era sobre todo una revista de textos literarios, cuidadas fotografías, raros anuncios publicitarios. No era una publicación pornográfica que sirviera como dice Joumana para “ayudar a los hombres mientras se masturban”. En su portada, estaban impresas unas esposas para expresar su voluntad de romper los tabúes sexuales. Envuelta en una cubierta de plástico estaba destinada a los adultos. Fuera del Líbano solo era vendida por suscripciones y no se exhibía en ningún kiosko. El mayor número de abonados se encontraba en el reino de Arabía Saudí, el país mas represivo del Oriente Medio. A pesar de las amenazas como “Dios te castigará”, “Ojalá te arrojen ácido”, solo ha cesado de editarse por dificultades financieras. Joumana Haddad espera continuarla en una versión online.
Muy vivaracha,  nacida en 1970, cultiva su cuerpo con gimnasia y con la práctica de la salsa. Se acuesta regularmente a las nueve de la noche y se levanta a las cuatro de la mañana para escribir. “La palabra no hay que buscarla, está aquí- me dice plena de energía-, hay que respetar su ritmo, y cuando cumpla su tiempo, me llegará¨.
Incansable, confiesa que cuando se levanta tiene miedo de no ser capaz de hacer nada pero que en seguida es arrastrada por su vocación. En su Sherezade ha escrito “Aunque soy, lo que se dice una mujer árabe, yo y muchas como yo, no llevamos velo, no estamos domeñadas, ni somos analfabetas, y desde luego no somos sumisas. Somos como tú¨

 

JHoumana hadad