Más sabe el diablo por… de Rubén García García

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Más sabe el diablo… de RRubén García GarcíaTerminaba el arreglo de la oficina escolar dirigida por monjas, cuando repiqueteo el teléfono.

—Sí… a escasos metros la superiora dejó la lectura y paró el rabillo de la oreja.

—Soy lobo. Habla lobo. —Era la primera vez que escuchaba aquella voz, pero el alias le era conocido. La voz le cayó con la fuerza de un martillo y la hizo tartamudear. Sabía que la superiora la tenía en el foco. ´

—¿eres tú, alada? Engoló la voz, la hizo firme y le respondió.

—Habla usted a la dirección de la escuela ¿se le ofrece algo?

—Sí, eres tú, así es como imaginé tu voz: clara, con un siseo musical… ¿sabes dónde estoy?, sin esperar la respuesta prosiguió, estoy en tu ciudad, he cruzado el mar para venir a verte y estar a tu lado.

Con fuerza colgó el teléfono, pero no pudo evitar que la palidez se apropiara de su rostro juvenil.

—¿Quién era novicia?

—Teléfono equivocado, Superiora.

Sor Angélica movió la cabeza mentalmente y se dijo “la novicia cree que nací ayer” y continuó con sus quehaceres.

Arroces por Rubén García García

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Te veo luego, espérame, leí en el celular. La espera ha sido larga. Ya van dos veces que hago el intento de retirarme, pero el mesero me convence, sorbo mi brandy español y escucho a Piazzola.

Había pagado la cuenta, cuando me sorprende con un vestido largo de fiesta. En su rizada cabellera traía abundante arroz y confeti.

«Pensé que no te encontraría, me escapé de la fiesta, no recordaba que este día era madrina de la boda de mi prima. ¿Me quieres así?»

Uno a uno le quité arroces y confeti, por cada beso que le daba comía papelitos con cereal.

Hoy la recordé, pero, ¿ella recordará todos los arrocitos que le quité?

Variable independiente por Rubén García García

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Subió la pulga a la cama. Observó y se dijo:

«El cono es turgente, tiene forma de copa, con un apéndice oscuro al extremo —se interroga— ¿Cuánto líquido puede alojar? Suponiendo que estuviese hueco» —Es una buena pregunta para sus inquietudes aritméticas, pero cada vez que inicia las mediciones una mano deforma las medidas.

Imprevisto

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Bastó un balazo, y fue viuda esa noche. Lo cubrió con una manta, puso debajo de la poltrona de mimbre papel periódico; a temprana hora hablaría a las autoridades. Mañana será un día agitado y se durmió.

Anorexia de Rubén García García

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Tanto tiempo sin sentir sabor que fue un inapetente crónico; cuando le llegó la muerte, ni la muerte le supo.

El búho por Rubén García García

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El búho lava su pico. Se siente agitado por los recuerdos y no dejará que prevalezca su matemático pensamiento. El ayuno es bueno y se quedará en el sauce; no saldrá de caza, tampoco inflará su abdomen para cantar cuando pase la luna.

Se ha levantado una tormenta en su interior, que agita sus emociones y lo incita al recuerdo. Tiene un tic en la cara que parece risa; al tiempo que exhala un suspiro que se esparce en la quietud de las hojas. Agarrado al grosor de la rama, parece, por su forma, un paréntesis forrado de plumas. Siempre ocupado: armando explicaciones al devenir, por lo que encuentra en la soledad una bendición para ejercer su pensamiento lógico.

Tuvo amores pasados que fueron y vinieron. «Las féminas enturbian la claridad de mis silogismos», se decía después de saciar su apetito corporal. Sin embargo, se enamoró de una que no tenía cursos ni recursos. La conoció cuando volaba por el mangal. Atraído por su canto de flauta barroca, sin pensarlo, dejó que sus alas lo llevaran. Nunca se imaginó que aquella búha le quitase la seguridad de tecolote de mundo, parecía recién emplumado mientras ella disfrutaba de su temblor de principiante. Llegaba a la misma hora y juntos disfrutaron de ratón en su jugo a la luz de la luna. La veía aletear alrededor de él. Hubo momentos que lo hacía sonreír, pero a la larga se hizo insoportable. No estaba hecho para el mimo y el dulce y, un buen día, se alejó del mangal.

Voló hasta la ribera del río y el sauce fue su nuevo hogar. Encontró en el filo de la razón el motivo de su existencia y se convirtió en una máquina lógica y creativa. Hoy, sin saber por qué, la recuerda. Acepta que hay fulgores que el pensamiento jamás puede sustituir.

Las nubes se han apartado. La luz cobriza se enreda con el canto lejano de un grillo. El rumor del agua lo humedece y sacude sus plumas en un aleteo que no va a ninguna parte. Se ha ennegrecido la noche y solo persiste el rumor del arroyo,

Él ya no suspira, ahora risotea. La verdad es que llora; no es saludable para su orgullo que pierda imagen y compostura. Y disfrazando su emoción, canta, alarga el tono y se pierde como lo haría un bandoneón.

Todo se parece deRubén García García

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aroma del café salta de casa en casa. La neblina sigue en reposo. En el pueblo de Tlen repiquetean las campanas llamando a misa. La niña de ojos negros se entretiene haciendo dibujos en el vidrio de la ventana que da a la calle. Mira como la niebla se arrastra bajo el manzano y se imagina que es una boa que avanza. Algo más le ha llamado la atención. Es el gato de Juan, su amigo de la escuela, que brinca sobre la serpiente de humo y cae sobre el charco llenándose de barro. Romi explota en una carcajada y recuerda que ayer Juan se tropezó al pasar frente a su casa.

El gato con lodo y su amigo también.

El hombre mono de Rubén García García

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Quítense de la cabeza de que Chita era la mujer de Tarzán!, Chita fue hermana y algo más, nunca su cónyuge.Tampoco llegó como niño extraviado a la selva.

Tarzán era hijo de una mona que fue criada en un pueblo de hombres. Mara se llamaba la mamá. Ella fue rescatada por una macho alfa llamado Kut, que la agregó a su harem. Ella parió cuates, que no gemelos. Uno, es hijo de Kut y el otro de un hombre. Al más débil lo llamaron Tarzán que sobrevivió por la protección de su madre, ya que su hermano era mala leche con él. Chita es su hermana menor a la que cuido con cariño por ser prematura.

Cómo era imposible que el “hombre mono” ganase en una lucha cuerpo a cuerpo contra los machos de la tribu; Chita, muy despierta le servía de celestina y le conseguía las mejores monas a espaldas del tirano Kut.

De la vida que llevó en Londres no sé, solo sé que le gustaba visitar el zoológico por las noches.

Las piedras de Rubén García García

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Se tallan, se miman, se regodean. Pasaron muchos años—quizá siglos— para encontrarse en las orillas del río. Por la mañana llega un niño, toma una de ellas y la tira viendo como hace giros sobre los reflejos del agua.

Lía de Rubén García García

20 de marzo día de la narración oral.

Lia contaba cuentos. El tiempo pasaba sin sentir. Nuestros hijos volaban a tierras de misterio. Lía era un viento fresco y juguetón en aquella cárcel donde habían nacido nuestros hijos. Hijos del abuso y de nadie y de todos.

Freud de Rubén García García

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Toma el puro. lo olfatea. Lo prende. Chupetea y degusta el humo al salir de sus labios. Mira a la docta concurrencia, que atenta sigue el ritual. Golpea sobre la mesa de honor y les dice: colegas, les recuerdo que también se fuma por placer y no sólo por deseos insatisfechos.

Cabeza azul de Rubén García García

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El cotorro de cabeza azul escapó de la jaula. Cuando iba hacía la montaña sintió una mezcla de coraje, celos y ansiedad. Regresó como saeta a su casa. Jamás aceptaría que otro perico le diese de besos a su ama y que ella rascara otra cabeza que no fuese la suya.

Claro de luna de Rubén García García

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Una vez al año la luna se aparta del camino y aluza el bosque y una casa abandonada. A través de la ventana se ve una tertulia, al centro un piano de cola. Se oyen risas, voces que dan paso al silencio cuando interpreta la sonata “Claro de luna”. Al terminar el hombre de la melena y amplia frente agradece los aplausos con una leve inclinación. El resplandor se apaga hasta quedar en la penumbra. La luna vuelve al camino y desaparece entre las nubes.

La santa coincidencia de Rubén García García

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Paula, esposa de Alfredo, llevó a su ahijada al templo, para pedirle al santo niño de Atocha que le diese un compañero. A más de una hora de rezo, de pie frente a la imagen, le dice: «Madrina, estoy cansada». «Descansa, te dejo mi lugar». le contestó.

Seis meses después Otilia ,que así se llama la ahijada se casaba. Paula murió y ella ocupó su lugar.

Consejo por Rubén García García

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Los maestros esotéricos aconsejan que apliques tu ojo a las pequeñas cosas de la vida; si deseas armonía, una cajita de cedro que resguarde el ópalo y el cuarzo es recomendable para tener una buena salud. En días de incertidumbre proponen que no abandones la cueva; solo si es estrictamente necesario. Sugieren que estés pendiente a lo que dice tu oído. Si al descansar por las noches escuchas latidos saltones, huracanes sibilantes o pompas que se rompen en tu pecho será necesario que llames al médico y a una excelente modista para tener a la mano un buen traje que te haga ver elegante y no ser un pobre muerto que sea el hazme reír en tu velorio.