Archivo de categoría: FICCIÓN BREVE
LA VISITA
Entré con timidez y respeto. Para llegar al corredor eludí flores de durazno y arabescos de arañas en los perones. Salió una niña espigada, pelo largo, tez morena y una sonrisa franca. Le pregunté.
— ¿Aquí vive la señorita Edna?
Asintió. Me vio cansado y me ofreció una poltrona. Acepté y se lo agradecí devolviéndole la sonrisa. Poco después salía.
—Dice mi hermana que si no la espera tantito. Al mismo tiempo que me traía un jarro de agua y otro de café.
—Ahorita le traigo pan, verá que le gustará reteharto, pues anoche lo hizo mi abuelita.
¡Claro que me gustará! Este pan sólo lo comes por estas tierras de frío con hornos de barro y flores de durazno. —Pensé.
El corredor era largo y estaba resguardado por grandes macetas con helechos, azaleas y enredaderas que al escalar llenaban los ángulos formando un arco de hojas y flores.
Salí antes de que se poblara la mañana. El pasto vidriado de rocío era una película donde se imprimía mi sandalia. Me pregunté ¿Cuántas generaciones habrán transitado por estos senderos? Sigue leyendo «LA VISITA»
BAJO LA LUNA
Nunca había estado en tal oscuridad! De niño pasé momentos sin luz, pero finalizaban en horas, y lo sabía porque el viejo ventilador empezaba a zumbar y los moscos volvían a sus escondites. En esta parte, cerca por aire y lejos por tierra, no había corriente eléctrica cuando llegué. Eran noches aluzadas por los candiles y adopté la costumbre de cargar en el bolsillo mi lámpara de mano.
Estaba deleitándome con el fresco, cuando escuché las buenas noches. Era un muchacho joven, de calzón, que sobresalía por la blancura de la manta.
— Mi mujer se va a aliviar y ya le empezaron los dolores —me dijo.Sigue leyendo «BAJO LA LUNA»
VIENTO Y TIERRA
Me sentí incómodo, como un niño pillado. Lo sabía, pero por extraña razón, no lo había resuelto, ahora la compañera al observarme, recriminaba.
— ¡No te da vergüenza tener las uñas de los pies tan largas!
No dije nada, sólo asentí con la cabeza. Tenían más de un mes de crecer. Había soñado repetidas veces que me volvía ave que surcaba rompiendo los vientos en el desfiladero. Subía hasta posarme en el risco elevado y mi ojo preciso me impulsaba hacia abajo en una caída vertiginosa. Abajo las bolsas del río. Caía en picada y regresaba a los cielos con un pez en mis garras. Por las noches escondía la mirada entre las estrellas y con júbilo iba a un lado de la alborada despertando a los amaneceres.
En las tardes, entre la gritería de los tordos que regresaban a la guarida de los cedros me veía inmerso en los sueños de Leonardo. O bien cuando veía a los zopilotes que parecen sestear en las sábanas del cielo. ¿Alimentaría mi extravío el deseo de ser pájaro? Recordé que mis ancestros Totonacos aún bailan la danza del volador y cuando el guía da la hora se lanzan al vacío, sobre el viento. Por un instante el cuerpo cardenal se convierte en pájaro, mientras la flauta ata el ayer y el hoy con una oración que se esparce por los cerros y recovecos del alma. Plácido dormía escuchando el aleteo de las garzas.
Un día en la mañana mis uñas lucían rectas, recién cortadas y la compañera, cerrando el ojo me decía:
— A ti, hay que tratarte como bebé. Y mostró los pedazos de córnea que había depositado en un frasco transparente. No tenía objeto una discusión. Me sentí como si me hubieran cortado las alas.
Meses después una dolencia se instaló en mis talones y tras de observar la radiografía, el médico dijo: Tiene los espolones más grandes que he visto. Así como están, se parecen mucho a los de un gallo viejo que ha rascado y rascado…
AMADA MEDUSA
Se mueve con la gracia de un felino, sus ojos son el día y la noche, su mirada es un reto. Todo el tiempo la contemplo y
si ella me tocara, sentiría el galope de mi corazón de granito.
Aquella tarde, a hurtadillas llegué a su palacio. Detrás de los guerreros dormidos le declaré mi amor. Entendió que me burlaba de ella y que mi propósito –como el de muchos de los marciales– era darle muerte. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua. Ayer vino Perseo, Sigue leyendo «AMADA MEDUSA»
LA MECEDORA
Cuando vi la flecha que indicaba que a la vuelta había un pueblo cercano, me dije: “Estoy cerca” Y es que el calor previo al mediodía se anunciaba con gotas de sudor por mi frente a pesar del acondicionador de aire del carro. Efectivamente di la vuelta y empolvado entre un matorral apareció el señalamiento del pueblo: “San Fernando “ 5 km. A paso de tortuga, pues la carretera era de terracería y dramáticamente veía como la aguja del termostato subía hacia un área de alarma. El carro y yo dimos gracias a Dios por haber llegado y situarnos bajo un enorme árbol.
Me habían recomendado el carpintero desde hace años, sin embargo por las rutinas de la vida no había tenido tiempo, mas ante el acoso de mi esposa, no me quedó más remedio que ir en su busca. Claro que hubiese sido fácil comprar el mueble , pero los que vimos, ella decía: “ Es madera comprimida” “ está rústico” “El color no combina” De regreso a casa su voz salió bronca “ Quiero que me lo mandes a hacer” Ella debió haber visto algún gesto en mi cara y de inmediato replicó: “ Claro, como tú no estás en casa y te la pasas bien divertido en tu trabajo” Suavizando la voz, le contesté que hiciera un dibujo del mueble que deseaba y que buscaría al mejor artesano.
Estaba en el parquecito del pueblo y de acuerdo con el mapa que traía, la carpintería no debería de estar a más de doscientos metros. Toqué la puerta y poco después una mujer con manchones de pelo canoso y ojos pequeños, abrió y me invitó a pasar. Dentro de la casa había un clima diferente: fresco, orden, sencillez. Los cojines de la sala estaban hechos con retazos de diferentes telas y colores. Las paredes blancas servían de marco a los retratos de familia y en una esquina: un ramo de flores recién cortadas y una veladora ardía. El olor de la madera, el barro y la cera, hacían una mezcla de fragancias. En medio, como división, estaba un juguetero. En él, una colección de piezas labradas: animales, trasteros, cajitas, baúles, deliciosamente decoradas con pintura. Sin duda estaba en la casa de un hacedor. Pero la pieza que más llamó mi atención y deseo fue la poltrona.Se encontraba al fondo y, algunos rayos se filtraban y caían en el respaldo, dándole una sensación de espejismo. La madera labrada, hacía juego con algunas figuras tejidas y que sobresalían por tener tonalidades suaves. La Poltrona se movía al compás de algunas ráfagas de aire.
— ¿Todo esto lo hizo su esposo?.
— Sí. Un artesano como pocos.
Me sonreí, ella también. tomé del jugetero un águila con las alas extendidas, en cuyos ojos se advertía la furia.
—Mi esposo cada mes decía, hoy es tu cumpleaños y me ofrecía una figura. ¡Estás loco, estás loco! le gritaba y él sonreía. Me contestaba que sí, que era por haberme encontrado. Yo me reía y le daba un beso, luego me arremolinaba en su pecho lleno de aserrín, para que no me viera llorar.
No pude más, me paré y rápido caminé hacia la poltrona, con el vivo deseo de dejarme caer; un grito agudo, helado, me detuvo.
— ¡No lo haga! Mi esposo tiene año y medio que falleció, pero al menos para mí sigue vivo y está allí. Cuando yo me siento es porque él desea cargarme en sus piernas y tal vez no lo crea, pero el sillón se mece, se mece…
EL PALOMO
CORNUDO
¡Había tanto bochorno en su dormitorio! Esperaba a su esposo que fue a una ciudad cercana a comprar material eléctrico. Aburrida y soñolienta decidió darse un baño e irse a dormir a la recámara de su sobrina Adela. Adela tenía viviendo seis meses con el matrimonio y tuvo que salir de improviso a casa de una amiga para hacer una tarea, en la que se jugaba su calificación semestral. Pasada la media noche abrió la ventana de par en par para que el viento fresco de la noche menguara su calor, miró hacia la calle oscura y entrecerró las cortinas. Llevaba una bataSigue leyendo «CORNUDO»
EL RONDI
Cuando pregunté por el Rondi, ella puso cara de “no me acuerdo”. Dije ¿cómo es posible de que no te acuerdes de él, si te llevaba a todas partes, incluyendo a tu marido? “Ah el Rondi”, reaccionaste. “pues no sé nada de él”. Allí si te di la razón, pues a mí me pasa lo mismo, soy tan desmemoriado que algunas cosas se han ido de mi cabeza. Pero no puedo pensar que a ti se te haya olvidado: tenía alrededor de treinta años, ágil, juvenil con sus rizos dorados que le caían sobre la frente. Alto, esbelto. con una manera de caminar felina y al cruzar la pierna, dejaba que el pie se balanceara como si tuviese resorte. Era típico de él,Sigue leyendo «EL RONDI»
LA PANDORGA
Habían pasado muchas temporadas de vientos y cometas, cuando recordé con pureza el día que conocí a Noemí. Recién había inaugurado mi barba y me estremecía cuando el agua de colonia cerraba los poros de mi piel oscura. Mi pasión era construir pandorgas. Iniciaba con la selección del bambú: limpio, seco y con suficiente espacio entre nudo y nudo. El viejo Meraz, lo tenía, lo vi. Hace meses lo cortó,Sigue leyendo «LA PANDORGA»
EL PUENTE DENTAL
Llegó a su casa con hambre después de la media noche. Trasteó en la cocina y había sopa con pescuezos y patas de pollo.
Al mordisquear el hueso tuvo un dolor intenso en la encía inferior. Con los índices extrajo la prótesis dental y la puso sobre la mesa. Para rehabilitar la dentadura se endrogó para liquidarle a la dentista. Al finalizar de comer, los huesos, en vez de tirarlos al cesto de la basura, los dio al perro de un vecino que dormía bajo un árbol que creció a un lado de su casa. Regresó a la cocina Sigue leyendo «EL PUENTE DENTAL»
NOCHE DE HORROR
Entregó el aluminio en el centro de acopio y sin apartar la vista de la bascula tuvo la certeza de que le sobrarían algunos pesos para comprarle a su esposa el vestido amarillo con rayas negras, que ella deseó cuando lo vieron en aquel aparador donde el maniquí que lo exhibía acariciaba al mismo tiempo a una pantera de color negro. La llevaría ese domingo al circo, que recién se había instalado cerca de su casa. Vivían en la periferiaSigue leyendo «NOCHE DE HORROR»
BULLYNG -LA PELEA-
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