Después de bañarnos subía mis piernas sobre su regazo, con habilidad masajeaba mis plantas y cortaba mis uñas,
luego retozábamos hasta la media noche. Un día, furiosa me gritó diciendo que la engañaba
y blandió el machete; la desarmé y sucio de ira, de un golpe le cercené la cabeza.
Desde entonces ando a salto de mata y el dolor se abre en los dedos cuando tropiezo con las piedras.
¡Nadie como ella! Tenía mano de santa para restaurar mis pies.
Pueden verla con imágenes en :http://www.youtube.com/watch?v=u2PXKKaeV-E
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