La maqueta de Francesc Barbera P

Papá lleva veinte años construyendo una maqueta. Su obsesión ha llegado a tal límite que reproduce fielmente cada detalle de la ciudad. Si el vecino decide pintar la fachada de su casa de otro color, papá corre a la tienda a comprar el mismo tono de pintura. Mamá está harta. Ayer se fue de casa. Después de buscarla durante todo el día, al final la encontramos en la estación. A través de la lupa pudimos ver cómo se despedía de nosotros mientras subía las maletas al tren.

maqueta

Tomado del Fb

Siempre el paraíso de Ana Clavel

Se transformaba a cada instante. Huía sin remedio. Era un cazador profesional. Capaz de introducirse en una sinagoga con dulces para ofrecer a los presentes mientras atisbaba la apartada sección de mujeres, convertida en un súbito harem. O de aprender húngaro para conversar con la madre de su siguiente conquista. También le daba por asumir formas proteicas: pez, chupamirto, lobo, araña. Yo lo amaba en cada una de sus facetas y lo esperaba después de cada transformación. Mientras tanto, me derramaba en otros continentes, pero en cada travesía siempre lo buscaba a él. Me maravillaban sus artes metamórficas, su capacidad líquida para escurrirse entre las manos. Por supuesto, deseaba apresarlo, proclamar que ese hombre múltiple era sólo mío.
Un día llegó a mi casa extenuado. Sus ojos urgían una tregua. Se quedó dormido entre mis brazos como agua escondida. Cabía en un cuenco, un simple vaso. Podía beberlo sin prisa. Pero me contuve, sospeché la tristeza de Dalila, el dolor de Salomé y me contuve.
“Tuve un sueño raro”, me dijo al despertar. “Eras una mujer de agua que dormía en el lecho de un valle. Hombres que venían del desierto te descubrían y te deseaban: querían poseerte -yo entre ellos-. Te forzábamos. Te resistías. La sed iba en aumento, imperiosa, tiránica: terminábamos por beberte. Aún paladeaba el último sorbo -el cuenco líquido de tu cadera, creo- cuando de pronto lo supe: una nueva sed, rotunda y desesperanzada, comenzaba a secarme el alma.”
Y guardó silencio. Busqué sus ojos y él los míos. Por primera vez desnudos desde la última ocasión en que escapamos juntos del Paraíso.

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Un relato de Ana Clavel

La bondadosa Cenicienta de José Antonio Ayala

Cuando Cenicienta se casó con su príncipe Azul la felicidad la inundaba y quiso que todo el mundo fuese tan feliz como ella, incluyendo su madrastra y sus dos hijas. Le pidió, pues, a su esposo que les regalase a las tres un gran palacio, el más grande que poseyera. Así lo hizo el Príncipe, enamorado de su esposa, y contento de que ésta tuviese tan buenos sentimientos.
El palacio constaba de más de cincuenta dormitorios y salones, bodegas, caballerizas y varios jardines de vistosos árboles y flores. Muebles de calidad y numerosas lámparas, esculturas y pinturas ornaban todas las estancias. La única condición que se le impuso a sus ocupantes fue que el palacio fuese mantenido, personalmente por sus propietarias, tan limpio y cuidado como se les entregaba.

castillos

 

Tomado del Fb

The Dark Woods Awaken — rabirius

When the sunlight was filtering though the trees, the dark woods slowly awoke.

irrumpe el sol

entre los viejos pinos

y abre aromas.

a través de The Dark Woods Awaken — rabirius

No te detengas Walt Witman un dia como estos…

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

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Versión de: Leandro Wolfso

Los mejores 1001 poemas de la Historia: «No te detengas», de Walt Whitman

Dolor de garganta de Yenitza Anseume

Adán estaba estremecido sintiendo las caricias apasionadas de Eva. Su lengua se deslizaba húmeda y lentamente por su oreja. Luego trazó una línea de besos por el borde de su rostro y al llegar al cuello  un beso de Eva se quedó pasmado.  Ella solo miraba extasiada aquella piel que desbordaba erizos antes sus labios.   Su morbo surgió. Ella no pudo controlarse. Estaba verdaderamente excitada y enrojecida por el frenético fetichismo. Fue entonces cuando salvajemente, le mordió la manzana.

 

Eva de

Moreno sánchez Juanma

 

*Yenitza Anseume (Caracas, 1978) es artista,  profesora de teatro, realizadora de títeres, guionista de audiovisuales y también escritora. En esta última faceta está especializada en la escritura de microrrelatos.

Ambrose Bierce: Los dos políticos

Dos políticos cambiaban ideas acerca de las recompensas por el servicio público.
–La recompensa que yo más deseo –di­jo el primer político– es la gratitud de mis conciudadanos.
–Eso sería muy gratificante, sin duda –dijo el segundo político–, pero es una lástima que con el fin de obtenerla tenga uno que retirarse de la política.
Por un instante se miraron uno al otro, con inexpresable ternura; luego, el primer político murmuró:
–¡Que se haga la voluntad del Señor! Ya que no podemos esperar una recom­pensa, démonos por satisfechos con lo que tenemos.
Y sacando las manos por un momento del tesoro público, juraron darse por satis­fechos.

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MICRORRELATOS

Un regalo delicioso de Alberto pez

La abuela de Guguk cumple años.
Y como Guguk quiere mucho a su abuela, ha decidido hacerle el mejor de los regalos: Un dinosaurio.
Un dinosaurio re-gordo.
4477167Re-grande.
Recontra- enorme.
Como para que la abuela pueda comer bifes de dinosaurio todo el año.
Con una piel bonita como para que se haga mil vestidos, y con muchos huesos, por si necesita ampliar el corral de las cabritas.
Guguk no tiene la menor idea de dónde puede encontrar un dinosaurio. Nadie ha visto uno en mucho tiempo.
Le pregunta entonces a Muh, un viejo memorioso que tiene más años que su abuela. Y eso quiere decir demasiado.
Muh le responde:
-Hay un dinosaurio re-gordo, requete- grandote y con unos huesos enormes. Vive en una cueva en la montaña, cruzando el bosque.
Guguk da las gracias, como bien educado que es.
Toma su garrote, una bolsa y se interna en el bosque.
Camina y camina entre los árboles gigantes y plantas de colores, y sólo piensa en el dinosaurio re-gordo que va a cazar para su abuela.
¡Mmmh! ¡ñam! ¡ñam! se le hace agua a la boca.
¿Cómo van a prepararlo?
¿Asado?
¿Al horno?
¿Cocido en la cacerola?
Mientras imagina recetas diferentes, pasa bajo un nogal.
-Estas nueces son exquisitas. ¡Combinarían muy bien con el dinosaurio re-gordo!… Lástima que tengan una cáscara tan dura que ni los hombres más fuertes de la aldea puedan romperla.
Más adelante encuentra unas moras.
-Estas moras son deliciosas. ¡Combinarían muy bien con el dinosaurio re-grande!… Lástima que estén tan arriba  que ni los hombres más altos de la aldea pueden alcanzarlas.
Después descubre un panal.
-Esta miel es de lo más sabrosa. ¡Combinarían muy bien con el dinosaurio recontra-enorme!… Lástima que sea de abejas tan peligrosas que ni los hombres más valientes de la aldea se animan a enfrentarlas.
Horas más tarde, Guguk llega a la montaña sube y encuentra la cueva del dinosaurio.
Muh tenía razón. Es un dinosaurio re-gordo.
Duerme la siesta y sonríe como si estuviera soñando cosas muy lindas.
Guguk trepa por su cuello hasta la cabeza y le da un golpe.
El dinosaurio se despierta y dice:
-¡Gracias! justo ahí me picaba. Hace un mes que me picaba y no podía rascarme. Tengo unos brazos tan chiquititos…
Guguk piensa que el dinosaurio no solamente es recontra-enorme sino también requete-tonto, y le sigue pegando con su garrote. Pero el bicho le dice  que no se moleste, que ya no le pica, y sale y se sienta en una roca desde donde se divisa todo el valle y, a lo lejos, la aldea de Guguk.
-Siempre quise visitar aquel lugar, pero nunca me animé a bajar. Me da miedo que los hombres se asusten de mí y me persigan.
Al final, Guguk se cansa de pegarle garrotazos y cambia de planes.
Si no puede por la fuerza, va a llevárselo con engaños.
Y le dice:
-Te invito a una fiesta. Es el cumpleaños de mi abuela, y si venís conmigo te prometo que nadie pero nadie va a hacerte daño.
El dinosaurio re-gordo aplaude con sus manos chiquitas y salta de alegría estremeciendo toda la montaña.
Después él y Guguk se ponen en marcha.
¡Mmmh! ¡ñam! ¡ñam! se le hace agua a la boca.
¿Cómo van a prepararlo?
¿Asado?
¿Al horno?
¿Cocido en la cacerola?
Mientras imagina recetas diferentes, descubre el panal de miel sabrosa.
-¡Qué lástima! a mi abuela le encanta la miel, pero estás abejas son tan peligrosas…
El dinosaurio agarra el panal y no le importan las abejas, que se cansan de picarlo. Después se lo alcanza a Guguk para que, dichoso, lo guarde en la bolsa.
Más adelante encuentran las moras deliciosas.
-¡Qué lástima! a mi abuela le encantan esas moras, pero están tan altas que…
El dinosaurio estira su cuello y corta a mordiscones todas las moras que Guguk recoge dichoso y guarda en su bolsa.
Después pasan bajo el nogal de nueces exquisitas.
-¡Qué lástima! a mi abuela le encantan estas nueces, pero son tan duras que…
El dinosaurio golpea el nogal con su cola. Todas las nueces caen al suelo y las aplasta con sus patas para abrirlas.
Guguk las recoge y, dichoso, las guarda en su bolsa.
¡Mmmh! ¡ñam! ¡ñam!
A Guguk se le hace agua a la boca.
¡Ya sabe  como van a prepararlo!
Al horno, servido en una fuente con ensalada de nueces y moras, regado con salsa de miel.
Guguk sonríe satisfecho y el dinosaurio aplaude con sus manos chiquitas y salta de alegría estremeciendo todo el bosque.
¡Está tan feliz de haber sido invitado a la fiesta!
Llegan a la casa de la abuela y Guguk corre a saludarla.
Ya está apunto de decirle que le trajo de regalo un dinosaurio re-gordo para comérselo al horno, cuando lo mira otra vez con más atención:
                     Se lo ve tan lindo allí parado en la entrada de la choza,
                     Se lo ve tan frágil a pesar de lo grandote que es,
                     Se lo ve tan bueno que…
Guguk cambia de idea y le dice a su abuela:
-Abu, te traje de regalo tres cosas que te encantan: nueces, moras y miel.
-Además, vine con alguien que quiere conocerte.
Te presento a mi amigo.

 

Luis Alberto “Pez” Quiroga
Nació en San Juan el 7 de octubre de 1963.
Es casado, tiene una hija de 20 años.
Eligió “Pez” de muy joven como pseudónimo para participar en un concurso, en honor a un tema de Yes del álbum Fragile que escuchaba mucho por esa época.
Tiene varios tatuajes, una mezcla de tribales, dragoncitos y coyotes y lagartijas mexicanas.
Es amante de los gatos, tiene 6, además de 3 perros. Tiene un blog llamado “pipe, jazz & cats”, porque además ama las pipas y esa música.
Su obra preferida, de las propias, es un libro que escribió para Editorial Atlántida que se llama “Hotel Candelabro”.

Alberto pez

El escritor Mijail Bajtin

«El escritor corrige con la cabeza, en efecto, pero escribe con el corazón. Escribe con su vida, sus viernes soleados, sus besos, sus astillas, sus zozobras, sus huecos. Escribe con las cosas más extrañas imaginables, pero no con la cabeza. La fantasía es en nosotros más primitiva que la realidad. Ahora bien, ni en el puro fantaseo, ni en la corrección a secas, reside exactamente la esencia de la creatividad. Los momentos auténticamente creativos de la escritura literaria tienen lugar en una zona intermedia también; allí donde el pensamiento dirigido y el pensamiento fantaseador se equilibran, se alternan, y lejos de oponerse comienzan a trabajar al unísono».

Mijaíl Bajtin

Mijaíl Mijaílovich Bajtin; Orel, 1895 – Moscú, 1975) Teórico literario ruso, conocido también por su seudónimo V. Voloshinov o Vorochilov. Tras graduarse en la Universidad Estatal de San Petersburgo, Bajtín se trasladó a Vitebsk, importante centro cultural de la época, donde organizó junto a otros intelectuales un importante espacio de debate sobre arte y literatura. En 1929, fue arrestado y deportado a Kazajastán.

Conocido por sus análisis de la naturaleza dialógica y polifónica de la producción literaria, ocupa un lugar fundamental en la teoría de la literatura a partir del reconocimiento de su obra en Occidente con la reedición en 1963 del libro Problemas de la poética de Dostoievski (1929). Bajtín superó la crítica formalista, que predominaba en la Rusia de su época y preconizaba la existencia del arte y la literatura como entidades independientes del mundo exterior, en favor de una concepción para la que el lenguaje, la forma y el contenido son reunidos por la figura de un autor, dotado de una historia y un imaginario particulares, que convierten toda obra en un modo de expresión singular.

Después de sus trabajos iniciales sobre F. Dostoievski, la obra de Bajtín atraviesa tres ciclos temáticos. Uno sociológico y marxista, en el que publica con el seudónimo de V. Voloshinov los libros El freudismo (1927) y El marxismo y la filosofía del lenguaje (1929), en los que se opone a una psicología y una lingüística subjetivas, para reivindicar la importancia de lo social.

Mijail Batjin

En defensa del oficio de Rogelio guedea*

Los que no escriben saben que escribir es fácil. Que para ello sólo es necesario un jardín, una mujer y un hombre que, por alguna circunstancia de la vida, ha olvidado la cita. Los que no escriben saben que eso es suficiente para escribir una novela o un cuento, según si en medio del hombre y la mujer interviene un tercero con intenciones de contrariarlo todo. De eso dependen la extensión y la intención de la historia. Sin embargo, los que escriben piensan todo lo contrario, y si se empeñan en estar horas enteras frente a la página en blanco, quemándose la s pestañas y la sesera, creando largos e intrincados argumentos, es sólo porque quisieran encontrar, finalmente, esa verdad que de tan buena fuente saben los que no escriben.

*Licenciado en Derecho por la Universidad de Colima, maestro en Gobernanza, Marketing Político y Comunicación Estratégica por la Universidad Rey Juan Carlos (España) y doctor en Letras Hispánicas por la Universidad de Córdoba (España), con un POST-DOC en Literatura Latinoamericana por la Texas A&M University (USA). Fue becario del Fondo para la Cultura y las Artes en tres ocasiones y director de la colección de poesía “El pez de fuego”. Actualmente es columnista de los medios mexicanos Sinembargo y La Jornada Semanal, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

rogelioguedea

Curriculum

Simón Camila Reimers

Una tras otra las contracciones quebraban mi espalda, pero mi niño no tenía apuro, no deseaba salir de su escondite. Hijo, rosa blanca del jardín de mi sueño, no tengas miedo, yo sé quien eres, te estoy esperando, ven, asoma tu cabeza entre mis piernas, vive.
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La cara de la enfermera, cubierta con una mascarilla, se acerca a la mía asegurándome que todo está bien, yo siento su voz tan lejana como la luz del quirófano que me ciega y atrapa las lágrimas que insisten en salir.El filo de otra contracción me corta la espalda.
Inspire y expire rápido- repite la enfermera.
Simón, niño mío, ven pronto, deja mecerte en mis brazos.
Y mientras el dolor me abruma, recuerdo el olor dulzón de las rosas que se infiltraba en mi sueño,mientras me daba vueltas en mi cama, durmiendo, pero tal vez despierta, al menos si mis ojos estaban cerrados y mi cabeza descansaba sobre la almohada, mis sentidos seguían abiertos porque el olor de las flores impregnaba el jardín con el que yo soñaba.El día se despedía, atardecer de rosas rojas, tallos verdes, espinas, pétalos colorados, cielo oscuro.Todas rojas, grandes y rojas, pequeñas y rojas, redondas, ovaladas y rojas.
-Todas iguales – pensé Yo – todas iguales.
-Mira a tu derecha – dijo la voz de mi sueño, y cuando obedecí la
orden, mis ojos se encontraron con un color diferente, en medio del rojo vergel, se levantaba humilde y bella,la única flor blanca del jardín.
-Ese es tu regalo- dijo la voz -cuídalo.
En ese momento supe que estaba embarazada, también supe que era un niño y su nombre sería Simón.
-Él es diferente – continúo la voz -viene de muy lejos, de un planeta que no tiene mar ni atardeceres, es por eso que cuando llegue a este mundo, se encontrará perdido y alguien tendrá que mostrarle la diferencia entre el amanecer y el final del día.Te hemos observado por muchos años – hablaba la voz de mi sueño- y te hemos elegido, eres tú quien tendrá que recibirlo.
-No comprendo- respondí, mientras la noche cubría las rosas y las estrellas empezaban a asomar sus caras en el cielo inmenso.De pronto una estrella empezó a bajar, en un rayo de luz que se conectaba con la rosa blanca, la única rosa blanca del jardín, corrí a mirar para ver que es lo que el rayo había depositado en el centro de la rosa y encontré a mi niño de carita redonda y ojos almendrados.
Aún estaba oscuro cuando desperté y me asomé a la ventana, las estrellas seguían titilando, miles, millones de ellas, sin embargo reconocí a la que se había conectado conmigo.Era la más grande, y la más brillante, era la que me había enviado un regalo, era la estrella que me había mostrado a Simón.
-Siga pujando señora- me dice la enfermera –ahí viene la cabeza, tiene pelito negro.
-Si sé- pensaba yo –ya lo vi en mi sueño.
Entonces en un instante comprendo el dolor y la alegría de la vida, grito, tan fuerte que mi desgarro abraza al mundo atravesando el tímpano del universo, grito para avisarle a una estrella que su regalo ha llegado, que mi hijo ha nacido.
Es un niño dice el médico.
Es un varoncito, confirma la enfermera.
Simón llegó un día de primavera, trayendo consigo la esperanza y el amor que yo había buscado por vida.Tardó en emitir su primer llanto para prepararme a que todas sus reacciones siempre tardarían en llegar.
El médico lo examina y observa su abultada lengua gráfica, la forma de su entrecejo, sus orejitas, reflejos y líneas en las palmas de las manos y de los pies,luego me mira con tristeza –señora- me dice, su niño está enfermo, tiene síndrome de Down.
Hay doctores que no entienden ni de planetas ni de jardines fragantes.
– No está enfermo-le respondo sonriendo -es diferente, es una rosa blanca en un jardín de rosas rojas.Me lo trajo una estrella porque sólo yo le puedo mostrar este mundo.
La enfermera deposita a mi hijo desnudo sobre mi vientre, lo tomo de la mano, admiro sus dedos pequeñitos, le doy la bienvenida y empezamos a caminar.

Camila Reimers

Camila Reimers nació en AntofagastaChile, el 14 de abril de 1951 y salió del país en 1975. Vivió en Caracas, por cinco años y llegó a Canadá el primero de julio de 1980.

Durante los ochenta vivió en varias ciudades –Vancouver, Montreal, Sudbury– antes de establecerse en Ottawa con sus dos hijos, en 1990. Durante los noventa tuvo también la oportunidad de visitar y vivir por algunos meses en la India.

Tomado de Puro cuento http://www.teecuento.wordpress.com

Una Artista de Ema Wolf

Mi abuela Eugenia ama las artes. Todas las artes. Cualquiera.
El año pasado descubrió que podía pintar y eso la puso muy contenta. Se fabricó un caballete. Compró telas, pinceles y pomos de óleo.
Decidió que lo mejor era empezar pintando fruta, como habían hecho todos los artistas célebres. A eso se le llama “naturaleza muerta”. Consiste en poner unas cuantas frutas dentro de una frutera y pintarlas de modo que salgan lo más parecidas posible.
Cuando llegó el otoño juntó manzanas y peras de la quinta. Las acomodó en la frutera, puso la frutera sobre la mesa del comedor y pintó.
Le festejamos mucho el cuadro. Ella se entusiasmó.
El invierno lo pasó pintando cítricos. No dejó una naranja, un pomelo, una mandarina, ni un quinoto sin pintar.
A fines de octubre ya había pintado todo lo que se podía cosechar en casa. La fruta variaba con el correr de los meses; la frutera era siempre la misma.
Colgó las telas de su pieza y organizó visitas de parientes para admirarlas.
Llegó noviembre, que es el mes de los nísperos.
En casa no hay nísperos. El único que los tiene es don Cosme, que vive al lado.
No sé qué habrá pasado por la cabeza de mi abuela aquel día fatal de primavera. Siempre la tuvimos por una persona seria. Pero debe ser cierto que cuando el arte se le mete a alguien adentro, es capaz de hacer cosas que nadie imaginó.
Aquel día mi abuela se coló en el terreno de don Cosme por un agujero de la ligustrina y fue derecho al árbol de los nísperos.
Lo vi todo. Espantoso.
El vecino la pescó justo cuando se descolgaba de una rama baja con el delantal anudado lleno de nísperos suyos.
Me acuerdo de los ojos desafiantes de mi abuela y de sus zapatillas de lana balanceándose a ras del suelo. Don Cosme la miraba petrificado, apoyado el cuerpo en el rastrillo para no derrumbarse. Así estuvieron un rato.
Rojo de vergüenza ajena, don Cosme se metió por fin en el edificio de su casa y mi abuela volvió a la nuestra por el agujero, ofendida porque la habían descubierto.
Rápidamente se puso a pintar los nísperos. Pintó sólo un puñado y completó al frutera con unos cuantos carozos brillantes.
Yo pensé que la cosa quedaba ahí y que nadie más se enteraría.
Pero al día siguiente el vecino mandó llamar a mi papá.
Le contó lo que había hecho mi abuela. Le dijo que la vigilara, que nunca la había creído capaz de portarse así y que era un mal ejemplo para nosotros.
Mi papá volvió furioso. La retó.
A ella el reto le entró por una oreja y le salió por la otra. Estaba cada vez más indignada con el vecino: antes porque pensaba que no era de caballeros pescar a una dama en un momento así; ahora por alcahuete.
Mi papá la obligó a regalarle a don Cosme el cuadro se sus nísperos; al menos eso. Ella obedeció de mala gana. El vecino no supo si agradecerlo o qué.
Desde ese día mi abuela le tomó el gusto al asunto y empezó a visitar otras quintas de la manzana. Siempre con motivo de su arte, se dedicó a levantar fruta madura, bien elegida. Todo a la luz del día, sin esconderse ni ocultar siquiera las huellas de sus zapatillas.
En eso está ahora mi abuela.
Los vecinos se quejan a gritos. Por ellos, ya hubieran guardado todos sus árboles en los dormitorios.
Notamos que cada vez es más lo que se lleva y menos lo que pone en la frutera. Pero sigue pintando.
Van mal las cosas. Debo decir que está completamente sublevada.
La sorprendieron trepada a las medianeras eligiendo fruta con prismáticos, huyendo por debajo de los alambrados y arrojando granadas, que son duras, para retrasar a sus perseguidores. Mi papá tiene pesadillas en las que mi abuela capitanea una banda de forajidos.
Estamos a mediados de enero.
Ella sabe bien que en febrero maduran los higos y no se va a perder el pintar una naturaleza muerta con higos; especialmente esos de cáscara oscura, muy dulces, que crecen en la casa del fondo. Se prepara, creo, para dar el gran golpe.
Armó un artefacto ingenioso para cortar los higos altos: una vara con una tijera en la punta accionada por un piolín y una pequeña red abajo. También consiguió una escalera alta porque la medianera del fondo es alta. Se la pidió prestada al dueño de los higos; el hombre está horrorizado.
Hay que evitar a toda costa que llegue a febrero con esos planes.
Estamos tratando de convencerla de que pinte otras cosas. El mar, por ejemplo, que no molesta a nadie. El problema es que donde vivo no hay mar.
Ella dice que cuando acabe con la fruta va a seguir con los animales.
Eso puede ser peor. No me animo a contárselo a mi papá, pero la encontré dibujando los planos de los gallineros del barrio.

abuela pintora

 

Tomado de puro cuento http://www.teecuento.wordpress.com

Soledades por Ernesto Ortega Garrido

A veces, coge el teléfono y marca su número. Cuando salta el contestador, deja grabadas todas esas cosas que nunca se atrevió a decir. Otras, en cambio, cuando no puede más, llama directamente al buzón de voz y escucha todo eso que le hubiese gustado que le dijesen.

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Minerva de Felipe Garrido

Treinta años esperé a Minerva. En un tiempo la aguardaba a la puerta de la iglesia, la seguía en la calle, podía pasar la tarde frente a su casa. Su padre detestaba mi timidez y en cuanto hubo un pretendiente serio la casó.
Soy hombre cabal. Si antes no le había hablado, entonces menos. Si ella pasaba por mi tienda, yo veía a otros clientes y mis empleadas la atendían. Nada tuvo que reprocharme su marido. Guardé una soltería impoluta, hasta que enviudó por segunda vez. Cuando la primera, yo estaba en los Estados Unidos; Minerva tenía tres niños y la gente aprobó su matrimonio con un ganadero ocho años menor que ella. Regresé con fortuna, volví a verla y suspiré de nuevo. Para entonces Minerva tenía otros tres hijos y estaba más bella que nunca.
Volvió a enviudar y, terminado el luto, empecé a cortejarla. Nos casamos rodeados por sus hijos y nietos. He ido envejeciendo; veo mal, tengo una digestión difícil, uso bastón. Minerva está rozagante, firme, esbelta. Dicen que espera volver a enviudar.

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Tomada del Fb

Bio de Felipe Garrido

 

Estudió la licenciatura en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde ha sido profesor desde 1975. Ha sido director de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, de la Unidad de Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública; gerente de producción del Fondo de Cultura Económica, de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Colaborador de diversas publicaciones periódicas, entre ellas, la Casa del Tiempo, Diálogos, Diálogo Cultural entre las Fronteras de México, El Heraldo Cultural, El Machete, El Siglo de Torreón, La Gaceta del FCE, La Luciérnaga, La Palabra y El Hombre,  Libros de México, Mascarones, Memoria de Papel, México en el Arte, Paréntesis,  Pie de Página, Proceso, Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, Revista de Bellas Artes, Revista Universidad de México, Sábado, Siempre!, y Tierra Adentro.
Narrador, ensayista y cronista. Entre sus obras destacan Con canto no aprendido, 1978; Tajín y los siete truenos, 1982; Cómo leer (mejor) en voz alta: guía para contagiar la afición a leer, 1990; La musa y el garabato, 1992; Se acaba el siglo, se acaba…, 2000Para leerte mejor: mecanismos de lectura y de la formación de lectores, 2004; Asombro del Nuevo Mundo, 2008; La patria en verso, 2012; El Quijote para jóvenes, 2013; El coyote tonto, 2013 y El buen lector se hace, no nace, 2014. También ha incursionado en la traducción, con El camino de EleusisTeonanácatl, el hongo prodigiosoLos confines de la cristiandad, y Quizás.
Ha sido galardonado con los premios: Juan Pablos 1982; el de Traducción Literaria Alfonso X 1983, y el de la Organización Internacional para el Fomento del Libro Infantil 1984; lista de honor del IBBY, del libro infantil Lección de piano escrito en 2004. Premio Los Abriles, por La urna y otras historias de amor, y, en 2011, el Premio Xavier Villaurrutia por Conjuros. En 2015 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de lingüística y literatura y, en 2016, el Premio Nacional de Letras de Sinaloa.
garrido felipe