Archivo del autor: Rubén Garcia García - Sendero
La provocación

Lo acomodaban en una poltrona con vista a la calle para que se entretuviese viendo pasar la gente. Parte del tiempo dormitaba, si los abría era para ver el correr de los claxon, las llamaradas de polvo o el parloteo de viejas gordas que regresaban del mercado. Ayer pasó un ángel, con vestido corto, moviendo con cadencia la cadera y sin corpiño. Al verla, un rayo lo cimbró de la cabeza hasta la entrepierna. Tuvo un temblor. Sonrió y se dijo “joder, estoy jarioso”
Decisión
El éxito
Mister Jekyll
Mythology: «Pasiphae, Mother of the Minotaur».-
MITOLOGÍA GRIEGA Y PASIFAE
►Mythology: «Pasiphae, Mother of the Minotaur»:
«The Greek Myth and A Brief Story by Rubén García»:
«Pasiphae and the Bull» by Gustave Moreau (1880).-
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►«Pasiphae, Mother of the Minotaur»: «The Greek Myth»:
«Pasiphae took pleasure in becoming an adulteress with a bull». (Ovid’s “Ars Amatoria”).-
Minos was one of the three sons from the union of Europa and Zeus; when Zeus was in the form of a bull.
Europa’s husband was the King of Crete, Asterion, who looked over the boys as if his own.
When Asterion died, it was unclear which of the three sons should ascend to power.
The three sons were Minos, Sarpedon, and Rhadamanthus; these three men who after they died were made judges in the Underworld. It was their task to judge the dead in order to assign where their placement was in the Underworld based upon the merits of their life. But it was Minos, whose name in Cretan actually means king…
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Los días fértiles
Mi silencio desbarata los poemas grotescos que la realidad me dicta y en mi oreja se etiquetan los coletazos del río, algunos cantos de sirena, el chismerío de las hojas que acarrea el viento y voces, que no se atreven a preguntar por mí, porque la vida cotidiana distrae o mi nombre tiene gérmenes de ausencia que yo desconozco. Son días fértiles para la nada. Te das cuenta que con o sin ti, la vida sigue y sigue como una pelota que nunca termina de rebotar.
Infierno
Pasifae, la madre
Tengo tres días de haber parido al minotauro. El cuerpo hinchado y la matriz apuñalada que se contrae como si estuviese pariendo de nuevo. Escucho el lloro cuando se acerca la hora de alimentarlo. El cuarto es sobrio: una ventana pequeña, una mesa donde tengo agua y que sostiene algunas frutas frescas que Dédalo me hace llegar de la huerta del palacio. Ordené, como Reina que soy, que sería quien le amamante. Sin duda, todos lo ven como un monstruo, salió de mis entrañas y, por lo tanto, es mi hijo. Antes de parir, Minos llegó al dormitorio a echarme en cara el ultraje.
— ¿Estás disfrutando del embarazo? —Dijo irónico, cruzándose de brazos.
—Todos se disfrutan, aunque causen dolor; es nuestra matriz dadora de vida, la madre se pone a la altura de los dioses.
— ¿Debo de entender que te sientes satisfecha? —Tenía su mirada en mis ojos.
—Por supuesto que sí, —le contesté— enfrentándolo.
_ ¿Cómo puedes hablar, si eres comida de todo el pueblo, que demanda que seas recluida por toda la vida? – Alzaba la voz, ignorando a la servidumbre.
—Baja el tono. No tienes que gritar para que entienda. Piensan así porque el pueblo desconoce que cambiaste el toro nevado que te mando Poseidón por otro parecido que tenías en tus pastizales.
—Eso lo sabías tú y el cuidador nada más.
— ¡Qué ingenuo eres! ¿Acaso piensas que Poseidón no se iba a dar cuenta? ¿Qué puedes ocultar que no lo sepa Helios? El objeto de la venganza fuiste tú. Yo sólo fui un medio para que ellos castigaran tu arrogancia. Por el engaño y vergüenza sufrida al dios. ¿Acaso crees que él, quien te dio el reino de Asterión, se quedaría cruzado de brazos? ¿O es difícil imaginar que Afrodita me haya hechizado haciéndome sentir una pasión sobre natura por el miura, siguiendo recomendaciones de Poseidón? Pensarás que mi dolor será por los estiramientos y rupturas que sufriré en la vagina y la matriz, por la sangre que perderé por el minotauro que se gesta y que todo mundo ya desprecia. Fíjate que no, mi dolor inmenso está en otro cielo. Una entraña mía tiene un destino de horror y sangre, y no puedo cambiar; eso duele más que la muerte de una persona que amas sin límites. Duele porque estás atada ante el porvenir que le aguarda y nada puedo hacer más que implorar a los dioses que se apiaden de él. Mi cuerpo lo reordenará mi hermana Circe con alguna pócima, pero mi alma de madre, no habrá dios que me de consuelo…














