Me entristece tanto silencio de Rubén García García

sendero

Las gallinas de mi abuela no cacaraquearon. Hay silencio en la casa, solo se oye el ruido de los trastes.

Mi abuela está enojada. Escuché que le decía a su comadre que el abuelo perdió a las gallinas en un juego de cartas. «Ya lo corrí. Lárgate. —le dije—, me levantó la mano, pero se dio cuenta del temblor de mi quijada y que el garrote de amasar estaba en mis manos. «

Ayude a don Remigio a vender su leche y con lo que me dio me alcanzó para comprarle dos pollitos en la veterinaria y uno que me regalaron porque le faltaba una pata.

Llegó el abuelo, y prometió a la abuela que ya no iba a jugar.

Mi abuela sigue seria, no le da ni un café. A los pollitos si les pone su puñito de arroz.

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