La prudencia ciega de Rubén García García

Sendero

Afuera la perra juega en el jardín. Sentado en el sofá te veo apresurada. Ya no tarda el taxi de la empresa para llevarte a tu trabajo. Tus botas resuenan fuerte en la duela. Entras y sales de tu recámara, cada vez te veo más inquieta. Tomarnos un café mirando la floración de la buganvilia sería perdernos entre los vericuetos del tiempo; ¡qué estupendo!, Aunque el corazón desconoce las exigencias sociales, sabe que volar es peligroso. Con tu olor a Chanel 5 me diste un beso cerca de mis labios, y yo resbale mi palma por el meandro de tu cintura. Los dos queremos… La prudencia es ciega a media noche.

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