Onomatopeya texto tomado de «correctores de estilo» Fb

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Onomatopeya

La onomatopeya es un recurso literario fónico que se define por ser una representación lo más aproximada posible de un ruido, fenómeno visual o sonido. Se destaca su uso en el cómic o novela gráfica y en el teatro; sin embargo, dentro de la narrativa no hay una norma clara que acepte o rechace su uso, por lo que siempre se deja a elección del autor.

Por nuestra parte, te recomendamos evitar las onomatopeyas, a menos que estés trabajando con literatura infantil, porque, así como el pintor no representa una escena del mismo modo que un cinematógrafo, puesto que tienen diferentes herramientas base para trabajar, el escritor debe enfocarse en usar la que por definición le pertenece: la palabra.

Sí, las onomatopeyas también son palabras, pero que apuntan a ser otra cosa: sonidos. Si tu herramienta base es la palabra, debes enfocarte en mostrar con ellas lo que quieres decir, más aún cuando nuestro idioma incluye términos con los que con facilidad puedes evocar un sonido a la mente del lector. Por ejemplo, en lugar de usar “¡ñiii!” para representar un auto que frena de repente, puedes hacerlo con “el chirrido de las llantas sobre el asfalto”. La palabra “chirrido” crea automáticamente la imagen auditiva de lo que has querido representar.

Sin embargo, existen ocasiones en las que este recurso se utiliza con eficacia dentro de la narrativa de tal manera que ayuda a dar vida a los textos, estimula los sentidos del lector o aportan gravedad y profundidad a pasajes que de otra manera podrían parecer insustanciales, como el fragmento de ‘El desván’, de Víctor Panadero, que te presentamos a continuación:

“Estaba a punto de quedarse dormida cuando volvió a escucharlo. Tac, tac, tac. Abrió los ojos de par en par. Silencio. Tac, tac, tac. Se incorporó sobre sus hombros sin apartar la vista del techo. Tac, tac, tac. Estaba convencida de que no eran imaginaciones suyas…”.

Este es uno de esos casos en los que el uso de este recurso tiene una razón justificada para ser empleado: la sensación que transmite al lector no sería la misma si solo se describe el sonido. Nota también cómo el autor utiliza las repeticiones en tres para crear un ritmo en la narración.

Otro de ellos puede ser con un narrador en primera persona, manipulando un objeto que haga dicho sonido o reflexionando sobre él. Ejemplo:

“El clic que hace el seguro de mi arma es como un interruptor, cambia mi visión, mi respiración y mis pensamientos. Es como entrar en un modo distinto, uno asesino. Cuando se escucha el clic, alguien morirá. Es un anuncio que todos deben temer, por lo que debo usarlo con prudencia”.

En resumen, la onomatopeya, al igual que todo en la narrativa, debe tener un motivo de mucho peso y ser irrevocable para que al emplearse no salte a la vista en el mal sentido. En caso contrario, podría ser considerado como hacer trampa, un equivalente a colocar la foto de un personaje para evitar tomarse la molestia de describirlo, o peor aún, la imagen de un escenario, y esperar que el lector ubique la acción dentro de este.

En nuestra siguiente publicación hablaremos sobre otro tipo de onomatopeya, más cercano a la narrativa.

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