El hayku en la guerra, comentario de Gonzálo Marquina tomado de fb

Hola, Marina 🙂 En realidad, casi todos los autores japoneses han desarrollado en algún momento de sus vidas el tópico de la guerra (incluso, religiosos y pacifistas). Sin embargo, puntualmente el vínculo entre el Haiku y los bombardeos acontecidos durante el tramo final de la 2da Guerra Mundial (exactamente, agosto del ’45) podrás hallarlo en el surgimiento de un movimiento literario en específico: el Genbaku Bungaku (原爆文学) o «Literatura de la Bomba».

Este movimiento fue duramente censurado durante los primeros años después de la guerra: por un lado, los aliados impidieron su reproducción por temor a un resurgimiento nacionalista y deseos de venganza por parte de la población y, por otro lado, se desarrolló una fuerte represión llevada a cabo por los mismos círculos literarios japoneses (sobre todo, académicos y tradicionales capitalinos) quienes consideraban que este fenómeno no era digno de ser llamado un movimiento literario «de verdad» (jun bungaku – 純文学), pues la mayor parte de sus cultores no eran escritores de profesión, sino ciudadanos y ciudadanas comunes y corrientes que habían encontrado en la literatura un medio para plasmar sus experiencias personales sufridas durante la guerra. Fue recién durante la década de los ’60 que este movimiento cobró fuerza e impactó a gran escala, cuando diversos autores ya consagrados (poetas, narradores y académicos) comenzaron a publicar libros, antologías y ensayos sobre el cisma -en todo el sentido de la palabra- que había respresentado para el pueblo japonés el lanzamiento de las bombas atómicas.

Ahora, en materia de haiku, hay que comprender que la mayor parte de estas composiciones no fueron escritas inmediatamente después del lanzamiento de las bombas (las razones son más que obvias: los efectos espantosos y el duro contexto). Los autores de haiku de este periodo eran en su mayoría civiles que nunca antes habían participado en el campo literario. Por eso, sus composiciones resultan bastante sentimentales, subjetivas y, en gran medida, cercanas a la estética de otro tipo de poemas como el Senryū o el Tanka. Tal vez, por eso, fueron desestimados por la entonces «Asociación japonesa de autores de haiku» o Nihon Haiku Sakka Kyōkai (日本俳句作家協会), institución auspiciada por el gobierno imperial y liderada por el poeta Takahama Kyoshi (defensor del «estilo realista» y sucesor del gran Masaoka Shiki en la dirección de la escuela de haiku Shasei – 写生). De hecho, se sabe que años antes de que Kyoshi llegara a tal puesto clave, el gobierno militar había emprendido ya una campaña de represión brutal en contra todos los autores «antipatriotas» y «revolucionarios» -según la opinión del gobierno-, pues sus obras eran vistas como amenazas para el «esfuerzo de guerra» y el fomento del «espíritu nacional». Muchos poetas pertenecientes a movimientos renovadores, como el Shinkō Haiku (新興俳句) o el Kyōdai Haiku (京大俳句), fueron arrestados, amenazados, encarcelados y hasta desaparecidos; sus obras, confiscadas y destruidas por la infame «Alta Policía Especial» (tokubetsu-kōtō-keisatsu – 特別高等警察). Tenemos, por ejemplo, los casos de Hakusen Watanabe, Hirahata Seitō, Inoue Hakubunji, Nakamura Sanzan, Araki Mizuo, Tsuji Soshun, Miyazaki Yūjin, Hashi Kageo, Nichi Eibō, Ishibashi Tatsunosuke, Wada Hensuirō, Sugimura Seirinshi, Mitani Akira, Saitō Sanki, Tsuru Akira, Nakayama Kamenbō, etc.). Años después, la «Asociación japonesa de autores de haiku» -con Kyoshi a la cabeza- se posicionó como la única institución hegemónica, cubriendo todas las facciones y tendencias poéticas del país. De manera que existía ya un precedente de censura.

Pero, afortunadamente, no todos los autores fueron invisibilizados o reprimidos. Gracias a ello, hoy podemos conocer un poco más sobre la poesía surgida en el marco de la «Literatura de la Bomba», la misma que terminó siendo al fin y al cabo un punto de encuentro entre civiles, exsoldados y escritores japoneses quienes tenían algo en común: el agridulce sentimiento de haber sobrevivido al horror de la guerra y la necesidad imperativa por dejar asentada esa experiencia de algún modo para las generaciones futuras.

Aquí una breve muestra de algunos de estos haijin y sus poemas que he podido traducir:

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柊の花や空襲警報下

hiiragi no hana kūshū keihō-ka

Florece el acebo…

y, otra vez, la alarma

de ataque aéreo.

(Kubota Mantarō)

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黒猫もいたく夏痩せ我が家に

kuroneko mo itaku natsuyase waga ie ni

El gato negro también

adelgazó tremendamente

este verano en mi casa.

(Mitsuhashi Takajo)

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大戦生きて妻子の影麗ら

ō-ikusa ikite saishi no kage urara

Sobreviviendo a la Gran Guerra,

la silueta de mi esposa y el niño…

¡Qué hermosura!

(Watanabe Suiha)

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ヒロシマ忌忌舗装の下に骨あらむ

hiroshima-ki hosō no shita ni hone ara mu

Día de Hiroshima.

Bajo el asfalto, tal vez,

algunos huesos.

(Yasuhiko Shigemoto)

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原爆地子がかげろふに消えゆけり

genbakuchi ko ga kagerō ni kieyukeri

Donde cayó la bomba

un niño, entre la niebla primaveral, desaparece…

(Ishihara Yatsuka)

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雪の上に雪降ることのやはらかく

yuki no ue ni yuki furu koto no yawarakaku

Sobre la nieve

cae más nieve todavía

delicadamente.

(Saitō Sanki)

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水乞ひし人は屍や西日没り

mizu koishi hito wa kabana ya nishibi iri

El que rogaba por agua

es ahora un cadáver.

Se oculta el sol por el oeste.

(Shimomura Hiroshi)

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生き残れり蕎麦蒔けばはや花となり

ikinokoreri soba makeba haya nana to nari

Sobrevivió:

el trigo sarraceno que sembré

ya floreciendo.

(Hayashibara Raisei)

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