Éramos iguales de Rubén García García

Sendero

Quién maullaba de dolor fue mi gata. En mi velorio estuvo escondida entre los arreglos florales. Luna, mi gata, sabía que yo planeaba matar a mi esposo, pero, se me adelantó. No había dinero de por medio, simplemente odio que se afilaba cada día. Él ganó. Fue simple, regó lentejas en la escalera y … Luna vio todo. El vestido negro que compré para lucirlo en el duelo de futura viuda, ahora me lo llevo de mortaja.

Escúchenlo: «después del novenario me encargaré de la gata, me mira con odio y huye cuando intento acariciarla».

Luna duerme en el sótano. Percibe mi energía como yo la de ella. Luna hizo lo que yo no pude. Fui testigo.

Todas las noches la gata llegaba a la recámara cuando él dormía, se recostaba a su lado y antes que despertara desaparecía. Una noche le dio un acceso de tos violento y prolongado que le ocasionó un infarto. Nada raro en un hombre añoso, hipertenso y gordo como marrano.

Lo encontraron muerto, con la boca abierta y los ojos de espanto. Sobre la lengua miríadas de gusanos. Cuando se lo llevaron a la morgue, uno de ellos vio la gata con un inocente y doloroso aullido.

Seguro que era su mascota, dijo el legista, cuando lo autopsiaban.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s