La curiosidad y la codicia mata al gato. De Rubén García García

Sendero

«Aquí está la lámpara que aluzó el último segundo de vida de la hechicera de Saba. Tú piensas que digo mentiras, cerciórate y préndela. Mira su luz y encontrarás en su resplandor la luz guía que te hará un hombre de poder».

La prendió. Buscó la flama.

—No hay ninguna mirada, ni hechicera. Solo por un instante miré tu rostro.

—Y ahora que ves, le preguntó con un dejo de indiferencia, —ahora veo mi cara.

—Lo has logrado

—¿Logrado qué?

—que yo sea libre de volar por el mundo

—Nada hay más grande que el fuego. Solo se paciente…llegará alguien a sustituirte, como tú lo has hecho. Quizá mañana o nunca, no lo sé.

Una lámpara no está puesta bajo un almud, sino sobre el candelero

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