Promesa de Rubén García García

sendero

A punto de claudicar en su búsqueda la encontró. No era falso lo que el viejo yerbero le había dicho. Al entrar a la botica percibió el aroma antiguo de las esencias. Deseaba un incienso especial. El anciano lo escuchó como si hubiera llegado de un largo viaje. Una hora después salió de la trastienda con varios frascos.— Por favor aspire. Con el primero sintió la soledad de su niñez, con el segundo llegaron sensaciones vagas de una novia a la que jamás le dio un beso. Una nueva aspirada y se encontró con dos años de coincidencias. Esas pláticas tan intensas donde el sueño se espanta; en el que las intimidades brincaban de la sábana al cielo. Sin duda era Martha. Al entrar compró un arreglo de rosas amarillas, localizó la tumba y la situó en un florero y se critico por su facilidad para olvidar sus promesas.

FLOR-100 Rosa amarilla – ERJO

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