Era el crepúsculo de Rubén García García

Sendero

Era el crepúsculo cuando la madre superiora salía de su dormitorio. Monjas y novicias le hacían reverencia al cruzarse en los pasillos del convento. Las de más confianza la detenían y la interrogaban acerca de su descanso y ya para retirarse se despedían con un “ me saluda al padre Ramón” Recordó que en quince minutos estaría con en el confesionario y la referencia lo atribuyó a la cita que tenía con él cada mañana. Después de haberse confesado y ser absuelta por el padre, éste, le pidió que se acercara y discretamente le dio un pequeño bulto que se sacó de entre la sotana y le dice en voz baja: por favor madre deme mis sandalias, las suyas se las he dejado bajo la silla.

Recordó entonces los hechos de hace un mes acerca de la conducta discreta que una monja debe de llegar y que los Padres que ofrecen la misa de gallo no se les debe de faltar con el pensamiento.

José Carlos Rodríguez: "Monjas africanas victimas de abusos, ¿de quien es  la culpa?"

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