El Tato de Rubén García García

Sendero

Aprisioné al Tato para que no se fugara. Su paseo nocturno sobre el filo de la barda es su escape a la vida silvestre. Cerré, se percibía como la puerta vibraba y por instantes ese algo que te mira y silba. Me retiraba con un cabo de vela, pero escuché un maullido lastimero y golpes a la puerta. La abrí y era el Tato perseguido por el griterío de los viento «No que muy sacalepunta cabrón».

El gato negro | El Diario del Centro del País

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