Sendero
Caminaba por la playa, al fondo un cielo naranja y una brisa que le despeinaba el pelo, más tarde recordaría haber estado arrodillada con las manos en la arena. Sabía que no estaba sola y que detrás de ella, alguien veía su talle perfecto y sudoroso. Así como también miraba el vaivén de sus pechos desnudos. Abierta a los vientos y el rumor del mar no escuchaba sus gemidos. A las cinco de la mañana despertó agitada y con un rescoldo de sensaciones. Más tarde, antes de ducharse, se daría cuenta que entre sus dedos aún quedaban algunos cristales de arena.


Gracias Mateo por visitar y leer el blog. Abrazo y feliz navidad.
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