José María Merino, fragmento de una entrevista hecha por Francisca Noguerol

Sendero

P.-Me consta que has viajado a muchos de estos países, y que hassabido vivir la experiencia con plenitud. ¿Qué podrías decirme de estos periplos por los e spacios del es pañol?

R.-En efecto, a partir de entonces he viajado a Colombia, Puerto Rico, Cuba, Perú, Argentina, Chile… lo que tiene que ver mucho con mi gusto por esos aspectos de la lengua – antes de ser académico- y del mito. Enuna ocasión, viajando por el canal del Tortuguero, en Costa Rica – un viaje que me serviría de referencia para mi novela La orilla oscura- tuve una charla con una anciana en un bohío que fue para mí una auténtica revelación, una iluminación. Lo he contado en un artículo que me pidieron en cierto periódica con ocasión de alguna celebración hispanoamericana, y que titulé “La lengua de todas las melodías”. De repente me sorprendieron ciertas facetas de su lengua, porque siendo la mía tenía una riqueza léxica particular, mostraba palabras para mí castizas, y hasta arcaicas – me trataba de vos- junto a otros vocablos cuyo sentido tenía que adivinar – llamaba lagartos a los pequeños caimane s- igual que me atraía la música con que hacía resonar su discurso, los tonos diversos, el modo de pronunciar las erra, las cadencias del fraseo… Voy a leer algún párrafo de aquel artículo, aunque me extienda un poco, porque creo que define bien lo que quiero decir: Con los años he recorrido muchos lugares de Iberoamérica, del norte, del centro y del sur, he vuelto a tener largas y gustosas conversaciones con hablantes populares, he seguido leyendo la literatura, llena por lo común de vitalidad imaginativa y verbal, que se escribe en muchos de esos países, y me sigue asombrando, con el deleite de compartir lo más hondo de ese patrimonio, la variedad de registros melódicos y la riqueza de los vocabularios. Los hispanohablantes nunca seremos capaces de abarcar todas las músicas de nuestro idioma, ni todo el léxico que lo enriquece. La fragmentación comunitaria ha favorecido la existencia de muchos reductos regionales, y en ellos surgen espacios verbales donde la intimidad, la familiaridad, ofrecen nuevos registros de un, al parecer, infinito panorama de modulaciones lingüísticas. Es una fecunda historia de hibridaciones, que han ido haciendo nacer nuevos retoños sobre el tronco firme de unas estructuras compartidas por todos. Por eso me gusta referirme a las melodías y los frutos del nuestra lengua. Hoy ya nadie puede presumir de hablar eso que antes se llamaba el mejor español , porque el mejor español, ya convertido en polifónico, está disperso por el ancho mundo

José Maria Merino, monarca del relato español | Pompas de papel

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