La cometa de Rubén García García

Sendero


He construido una cometa grande y resistente. Al contacto con el aire se sacude. ¡Qué hermosa! ¡Cómo se eleva! ¡Lleva dos carretes de hilo y quiere más! Óyela zumbar.
Hay un cielo sin nubes y mi pandorga luce.
Mi pasión es armar con esmero mis pájaras de papel, sentirme parte de ellas y percibir el viento y el paisaje.

Esta cometa es especial. La construí como una despedida. La semana que viene estaré lejos, les cuento la otra parte…

“El bambú tiene que ser largo, seco y resistente. El viejo Meraz lo tiene. Sé que lo serena cuando la luna enrojece. Una receta para darle alma, según la abuela. El tarro curado es muy demandado.
Un día me hice el aparecido. El viejo sonrió con la mirada.

  • ¿Qué buscas? me preguntó con ironía. Estaba chimuelo, tenía dos ventanas, por donde se le escapaba el aire al hablar.
  • ¿Dónde tiene el bambú?
  • ¡Qué!, ¿vas a hacer tu casa, te quieres casar…?
    -Véndame un pedazo.
    –Ya lo vendí. Ayer se lo llevaron.
    Me retiraba con las espaldas aplastadas cuando me gritó. Volví y sacó de su casucha una mitad, dorado como una cal color de luna. Sabía que vendrías…

Noemí llegó de la ciudad. Pelo negro, corto, orejas pegadas a la cabeza y aretes que bamboleaban al ritmo de su paso. Frente a ella enmudecía y con mi cara de bobo la saludaba alzando el brazo.

Ese día intentaba elevar una pandorga, tan obesa que daba de brincos, como esos canguros que salen en las caricaturas. Me animé.
¿Si deseas, podemos hacer una…?

La cometa danzaba en el cielo. Construíamos una diferente en forma, color y las elevábamos. Un día que formábamos una estrella, nuestras caras quedaron a un suspiro y la timidez me paralizó las manos, pero no mi boca, y cerrando los ojos nos dimos un beso. Para mí fue el primero. Jugábamos en el riachuelo, nos perdíamos entre los árboles y luego nos hacíamos los encontradizos. Una tarde se fue. Sin que yo supiese que se iba a ir, tal vez ni ella lo sabía.
Conseguí su dirección. Las cartas llegaban cada semana, después cada mes, luego…”

La cometa es un punto. Tiene ya tres carretes de hilo y quiere más. Intenté recortarle el hilo y da de vueltas,exige por el zumbido y lo hago, de no hacerlo el riesgo es que se vaya en picada.

Una tarde Noemí pintó su boca en un papel y al lado, la mía. Era nuestro secreto de seguir juntos.

Hoy la mía se irá sola, quizá un día se encuentre con ella en alguna parte. El recado ya no se ve.

Es duro y doloroso, y no puedo evitar un sollozo. Cierro los ojos y con toda la fuerza aviento el carrete a la corriente del arroyo.
La cometa se envuelve con el viento y el carrete es arrastrado por la corriente hacia el río.
Mañana será otro día.

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