Los signos

Sendero

La miraba sin que ella se percatara, fingía ver los rulos oscuros de su pelo y me detenía en los signos de su frente. ¡Qué feliz me haces! Y su mano buscaba la mía. No advertía que después de su sonrisa, frucía leve el entrecejo.

Movía mentalmente la testa. Las últimas veces, al despedirnos, notaba su urgencia por darme las buenas noches.
Comprendí que no era el varón que deseaba. Amablemente me despedí.

Hoy la vi fugazmente. Por delante caminaba el marido y ella atras con dos hijos. Esperaban el urbano.
No pude evitar mi reproche conmigo mismo por no ser perseverante. Sin duda la amé y lo que vi me duele. Los tiempos nunca vuelven igual.

2 Comentarios

  1. Recorremos la vida luchando en algunas batallas que debimos evitar y alejándonos de otras que sin duda deberíamos haber peleado, me gustó mucho este relato amigo, refleja bien una de las propiedades del tiempo. Saludos y a cuidarse Un abrazo.

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