Quintilla de minificciones negras: Jose Manuel Ortiz Soto, Perla Hermosillo, Dina Grijalva,Diana Raquel hernández y Engels Islas

De la antología de Lilían Elphick ” O dispara usted o disparo yo”

José Manuel Ortiz Soto
Ojo de águila


Toni Ibargüengoitia despertó empapado en sudor. Vio que la
pistola de cargo siguiera debajo de la almohada y se sentó en el borde
de la cama. Mientras se tranquilizaba fumándose un cigarro Delicados
sin filtro, trató de reconstruir la pesadilla que, de nueva cuenta, lo tenía
en aquel estado. Pero como sucede en la vida real con tantos casos
como aquel, las pistas recabadas no le alcanzaban para terminar de
armar el rompecabezas completo. «¡Maldita suerte!», se dijo y aplastó la
bachicha del cigarro contra el fondo opaco del cenicero de madera,
con forma de alebrije oaxaqueño. Luego se recostó sobre la cama y
esperó a quedarse nuevamente dormido para continuar con las
investigaciones de su asesinato.
—Un día de estos nos vemos las caras, pinche Cojo —le espetó
Benito el Tuerto desde el Centro de Videovigilancia de la ciudad.

Diálogo en la oficina
Perla Hermosillo

—¿Cuáles son las pistas?, pregunta el detective.
Su compañera se levanta del escritorio y busca la información en
el archivero. Él la mira con atención. Le gustan sus tacones negros que
lucen sensuales en sus pequeños pies. Ese traje gris delinea su silueta a
la perfección, aunque su falda no tiene bastilla. Lo que más le fascina
son sus manos, muestra de una delicadeza exquisita. Nota una ligera
mancha azul en su dedo índice.
— Una pisada, un hilo y una nota suicida, responde la detective.
—¿La huella en la tierra es aproximadamente del número 3?
— Sí.
—¿El hilo es de color gris?
— Sí.
—¿La nota está escrita con tinta azul?
—Sí.
Los dos detectives se miran a los ojos unos segundos. Ágatha le
descarga la pistola en el pecho. Orgullosa, sonríe: esta vez superó a
Poirot.

Dina Grijalva
Autora intelectual

Es cierto: yo planeé el crimen, decidí el arma, la víctima y el
victimario. Confieso que me dejé llevar por la pasión de ir armando
cada detalle para conseguir el crimen perfecto. Pero la policía debe
comprender que todo sucedió en las páginas de mi libro. El juez dijo:
A mí no me venga con cuentos y me declaró culpable.

Diana Raquel Hernández Meza
Archivo muerto

El capitán Márquez entró a la habitación y no pudo evitar las
náuseas que el penetrante olor a sangre le provocaron.
—Nunca se está listo para ver de nuevo a la que apenas te
cogiste la noche anterior, ¿verdad? —dijo el sargento Sánchez, que
entró detrás.
Los peritos terminaban de recabar los indicios de la escena del
crimen y estaban por llevar el cuerpo a la morgue.
—No tengo nada qué decir, pudo ser cualquier cabrón.
El capitán Márquez dio media vuelta, apesadumbrado;
enamorarse con las primeras caricias siempre tiene riesgos.

Engel Islas
Miedo
No pagó la droga y lo iban a matar, lo sabía. Pero no sería de un
tiro, era demasiada clemencia. Lo llevaban desnudo y amarrado, con la
cabeza metida en un costal. Lo sentaron sobre lo que, imaginó, sería
un carro de supermercado. Llegó la brisa vespertina, luego el frío de la
noche y el sonido de un tren acercándose.

Escorpio, un cuento negro para el final del verano

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