Pesadilla de nunca acabar

De la escritora Brasileña Marcia Batista Ramos

Ayer los noticieros, dijeron que hubo un aumento de contagiados y muertos por el coronavirus en El Alto, la ciudad más joven del país. Sabemos cómo autoridades que somos, que está saturado el sistema de salud y también los servicios funerarios. En cuestión de días, la explosión de la mortalidad abrumó a las autoridades nacionales, y cientos de cuerpos comenzaron a acumularse en hospitales, morgues, hogares y en las calles. No hay más espacio en el infierno, digo cementerio, los muertos están sobre la tierra. Los vecinos claman para que las autoridades lleven los cuerpos. Estamos haciendo todo lo posible. Los medios muestran imágenes de cuerpos abandonados acumulados en las aceras. Cómo autoridades tratamos de recoger en camiones los cuerpos (como si de basura se tratara) para incinerarlos o enterrarlos. De cualquier manera, las funerarias, sin ataúdes, usan cajas de cartón de las mercancías que llegan de contrabando. La pandemia afecta a todos, pero los sectores más pobres, los que carecen de todos los recursos, son los más problemáticos. La debilidad de los servicios públicos de salud es una realidad que se suma a la ignorancia de aquellos que pensaban que el virus no atacaría a quien estaba bien alimentado. Hasta ayer las calles de El Alto, estaban abarrotadas a pesar de las medidas restrictivas. La gente hablaba que era mentira de la derecha. ¿Pueden creerlo? ¿Se acuerdan de los que se enfrentaban a la policía? Ahora, muchos de esos están en las aceras envueltos en plástico, dejados en las puertas de sus casas por sus propios parientes. Ahora que tantos mueren, recién empiezan a respetar el confinamiento. Vecinos de la ciudad de El Alto, como alcaldesa estoy obligada a recordarles que estamos haciendo todo lo posible, hoy, de cada cuatro personas tres están infectadas, por no lavarse las manos, no usar barbijo, no mantener la distancia social. Ustedes saben que siempre las pesadillas asechan por la madrugada, cuando el silencio es total y la oscuridad envuelve todo. Uno trata de despertar y no lo logra, siente alguien ahí, sentado ahí, al lado de la cama y no puede despertar. ¡Entiendan señores vecinos! ¡Nuestra situación es una pesadilla de la que no podemos despertar! Les digo como alcaldesa. Hagamos lo que hagamos, ahora es tarde. Cuando cierro mis ojos, tengo miedo de abrirlos. Porque esa es una pesadilla colectiva. Una pesadilla de nunca acabar.

Márcia Batista Ramos,

nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en el periodismo binacional Exilio, Puebla, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Patty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; “Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico” Batista Ramos & Carvalho Oliva. Colaboradora en diversas revistas internacionales.

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