De tal palo, tal astilla de la antología “o dispara usted o disparo yo” A, Lilian elphick

Eugenia Toledo Renner


I
Después de escuchar las noticias en la radio y leerla en los
periódicos no pude dormir por un largo tiempo. No podía dormir en
las noches pensando en los desafortunados animalitos que cayeron en
las manos de aquel hombre joven de rostro bello y ojos angelicales,
pies descalzos, que estaba preso y condenado a varios años por
despellejarlos vivos, quemarlos, ponerlos en el microondas, hacerlos
chillar y torturar hasta su muerte. Pienso en esos animalitos y recuerdo
al niño que, en su infancia, jugó en mi casa con mi hijo y nuestras
mascotas muchas tardes de verano y bendecía su comida cada vez que
nos sentábamos a la mesa, costumbre que venía de sus padres tan
cristianos. No podía dormir, porque él había prometido cuidar esos
inocentes regalones cuyos dueños se los entregaban con alivio, porque
no los podían tener más o estaban muy viejos. Y él los recibía con
tanto amor y ternura en sus ojos angelicales.
II
Diez años antes también supe «algo» sobre la madre de este
joven. Se había casado con un judío, dueño de hoteles en Oregón,
llamado George Levy. Un hombre de mucha edad y dinero, que se
había divorciado de su primera esposa, para unirse a esta mujer,
decoradora de sus hoteles. Le había comprado un yate en Francia y
abrigos de pieles Dior para recorrer el mundo. Años después, ella y su
flamante marido estaban navegando solos alrededor de la Isla
Margarita. Se encontraron en una terrible tormenta. Ella, la capitana
del barco, en tal circunstancia habría pedido a George para recoger las
velas para navegar mejor, pero nunca más lo volvió a ver. Es lo que le
comunicó a la policía de Venezuela. George andaba sin chaleco
salvavidas, declaró. ¿Cómo llegué a enterarme de esta terrible aventura
que no leí en los diarios? Un día de verano alguien a la puerta de mi
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casa. Era un joven de 21 años con rostro angelical y dulces ojos claros:
«Soy yo», expresó, «¿se acuerdan del mí? Yo jugaba con tu hijo en esta
casa». «Sí», contesté, «qué grande estás y ¿qué es de tu familia?»
Entonces dijo, «estamos aquí, porque George se fue». Le puse cara de
interrogación. Atónita escuché hasta el final de la historia; casi de paso,
antes de partir, agregó: «La verdad es que a él no le gustaba navegar y
odiaba los botes a vela». Y se rió.

Eugenia Toledo Renner

nació en Temuco, Chile. Es
principalmente poeta y profesora de Talleres Literarios; recién
incursionando en el género de cuentos breves. Reside entre Seattle,
WA, y Temuco.

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