El búho

Rubén García García

El búho alisa sus plumas y lava su pico antes de dormir. Hoy no saldrá de caza.

La luna canturrea  entre las estrellas. Él la acompaña con el pensamiento. No quiere disgustarla; sólo desea estar con su recuerdo.  Así que cuando pase, cantará de pico hacia fuera.

Dentro de él,  hierven los vientos y agitan el polvo que el tiempo ha depositado.

Es gracioso y él se da cuenta, que no puede evitar su pensamiento analítico. Sonríe y después exhala un silbido que compite con el de los vampiros. Es la manera en que los búhos suspiran.

Ha perdido la figura esbelta y por más que alisa el plumaje da la impresión de ser un paréntesis. Nunca está solo, siempre acompañado por sus pensamientos filosóficos que guarda en las sienes de su testa.

Tuvo amores pasados que fueron y vinieron. “Las féminas estorban las cadenas de mi inferencia”, decía, después de saciar su apetito corporal. Sin embargo, se enamoró de una que no tenía cursos, ni recursos y su método de análisis era un champurrado de tonterías. La veía aletear alrededor de él demostrándole su entusiasmo. Hubo momentos que sonreía, luego se hizo insoportable. No estaba hecho para el dulce y un buen día se alejó.

Hoy la recuerda y comprende que hay fulgores que el pensamiento no puede obsequiar. Y el método de la razón magnifica la inmensa soledad en que vive.

Él ya no suspira, risotea como lo hace la hiena. La verdad es que llora, sólo que disfraza su emoción, pues no es saludable que pierda compostura e imagen: ahora canta alargando el tono como lo haría un bandolón.

2 Comentarios

  1. Es uno de tus cuentos más bellos. Estética e historia se complementan, por fin comprometes algo como conviene a un poeta. Saludes.

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    1. Gracias por tu amable comentario, y disculpa la tardanza en contestarte. Abrazo grande.

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