Aquel verano

Elena Casero Viana



Solíamos acercarnos a la casa abandonada al caer la tarde, cuando las sombras eran tenues. Mirábamos a través de las cortinas raídas El paisaje interior era una mezcla de soledad, tristeza y añoranza, como si estas cualidades humanas se hubieran quedado impregnadas en las paredes y en los muebles. Paquito decía que la casa tenía corazón, que escuchaba el bombeo de la sangre por las cañerías. Aseguraba que necesitaba el de las personas para poder seguir en pie. Juan propuso aquella noche entrar a través de la ventana que daba al jardín. Recorrimos todas las habitaciones. Hasta el silencio crujía. Poco a poco comenzamos a sentir una sensación de vacío, una tristeza que nos iba hundiendo en la nada, un sentimiento de vulnerabilidad inexplicable. Miguel, el más sensato de la pandilla, nos obligó a salir de la casa y alejarnos de ella. Dicen que la casa sigue allí, entera, abandonada. No regresamos nunca. Nos daba miedo escuchar los latidos del corazón de Paquito.

Las fotografías virales de una casa abandonada en Georgia que parece "una  cápsula del tiempo" - Infobae
Tomado del Microdecameron

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