De Carmen de la Rosa
El productor teatral se sienta en un taburete junto a la chica que lee sentada a la barra, frente a un café. Calcula el tamaño de sus pechos bajo la blusa: ¿Quieres tomar algo, guapa?, te invito. Ella levanta un par de segundos la mirada de las páginas, y contesta que no, gracias. Él ojea las piernas que asoman bajo la minifalda y se aproxima unos centímetros: Podrías ser un poco más amable. La chica cierra entonces el libro, mira al productor a los ojos y, mientras bebe un sorbo de café, un sonoro lárgate, procedente de su entrepierna, retumba en la cafetería. Es el mejor número que el productor ha visto en años. Aún así, no la contrata.

