Consejo de Mempo Giardinelli

 

La mañana del día en que murió el abuelo, general de brigada que supo luchar a las órdenes de Villa, Obregón y Carranza, llevaron al pequeño Agustín ante su lecho para que le diera el último beso. Eran los años cuarenta y el abuelo se moría dejando una leyenda de heroísmo, mentiras y arbitrariedades, como en cualquiera de tantas familias acomodadas por la Revolución. El niño vestía pantaloncillos de terciopelo, abombachados y cortos hasta las rodillas, camisa de lino blanco con cuello de broderí ymancuernillas de oro. Calzaba medias de seda y zapatos de charol con hebillas de plata. Lo acercaron a la alta cama entarimada y allí se arrodilló sobre un cojín de finísimo terciopelo. Miró al anciano, que respiraba dificultosamente por la boca, sumergido en almohadones de plumas bordados de hilos de plata y oro, y esperó no sabía qué. No se atrevía a tomarle la mano, acción que por otra parte le hubiera producido repugnancia. El viejo primero lo miró de reojo, después ladeó la patricia y blanca cabeza, y con una seña hizo que todos salieran de la habitación. Cuando quedaron solos miró francamente al muchacho, hizo una mueca como de asco con los labios y estiró una mano flaca y huesuda que agarró el antebrazo del niño.

—Te voy a dar un solo consejo, muchacho —carraspeó, casi sin fuerzas—: vende todo y huye.

QUÉ SIGNIFICA SOÑAR CON A UN ANCIANO DESCONOCIDO

Selección de Clara Obligado Ficiones argentinas

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